miércoles, 13 de agosto de 2008

Croacia, capítulo 4

Zagreb, la magnífica (17 al 20 de julio de 2008)

Debiamos tomar una decisión, una de las tantas en el viaje. Zagreb iba a ser el último intento de ingresar a Serbia. Sorteada a esa altura la frontera de Bosnia y Herzegovina que se nos imponía desde Dalmacia (país para el cual no tramitamos visa), la alternativa sería desde Zagreb. El plan era visitar esa ciudad capital, ver de obtener allí la visa para Bosnia y Herzegovina por si finalmente decidíamos ir allí, y alcanzar el extremo oriental de Croacia (la región “Eslavonia” croata, que no es lo mismo que el país “Eslovenia”) hasta Vukovar, probablemente la mayor vícitma de la guerra de los Balcanes. De allí Serbia y su capital Belgrado. Luego, si hubimos obtenido la visa, bajar a Sarajevo y Mostar. De allí sería menester retormar la Dalmacia croata (la que ya habíamos recorrido) para subirla nuevamente hasta reingresar a Europa por Eslovenia. ¿Se entendió? Si la respuesta es negativa, volver a empezar el párrafo, esta vez con mapa en mano.
Muchos factores obraron en contra de este complicado recorrido: primero, que llegaríamos a Zagreb un sábado, lo que implicaría esperar a el lunes para iniciar el trámite de la visa a Bosnia y Herzegovina. Segundo, esperar el tiempo que pudiera llevar el trámite, punto que desconocíamos (imposible averiguarlo por internet). Tercero, las distancias (Zagreb-Belgrado: 484 km). Con toda esa información, la sentencia fué: ir a Zagreb y cancelar el resto. Bosnia y Herzegovina y Serbia serán objeto de algún otro viaje pero no de este.

Para ir a Zagreb, comenzamos a abandonar la costa dálmata a la altura de Zadar, puerto al que de todas maneras le dimos una ojeada desde el auto en breve recorrida. Avanzamos hacia el parque nacional Paklenica, una de las joyas paisajísticas de montaña de Croacia. En el camino, a las puertas del parque, dormimos en Stari Grad Paklenica, todavía playa al mar, bonita y con confortable camping.
La travesía del parque fue sorprendente en todo sentido: las montañas en esa región cubren su habitual superficie rocosa con un bosque verde deslumbrante; pequeñas praderas y bosques de pino se van aternando a medida que subimos, en un entorno casi alpino, con reminiscencias barilochescas o zuizas. Pasamos un par de centros de esquí, mientras nos entreteníamos asustando a Carmen con las divertidas “instrucciones para reconocer cuando un oso está enojado” descriptas en una guía en italiano. (no sé si a ustedes les pasa, pero ciertas cosas dichas en italiano me resultan muy graciosas, más de lo que realmente son.). De todas maneras el oso no apareció y Carmen pudo respirar tranquila.
Luego del parque se emerge en una planicie alta muy despejada por la cual transcurre la excelente autopista Split-Zagreb-Rijeka, la cual tomamos.
Un atasco a la entrada de Zagreb nos impidió llegar temprano, no obstante nos metimos en el centro histórico, estacionando a Aurelia en el centro, al lado de la plaza Mariscala Tito (si, así, en femenino), mientras Cecilia corría a buscar información en una agencia de turismo. Aprovechamos para pegarle una miradita a la plaza Bano Josip Jelasic corazón de la ciudad.
















Ya hubo entonces un amor a primera vista con Zagreb. Toda la atmósfera deseable de una ciudad antigua medieval, pero con abundante vida y desarrollo renacentista y ochocentesco, se encontraba ya presente en esa plaza. Aprovechamos una oficina de turismo municipal aún abierta (muy eficiente, por cierto) para munirnos de información y de instrucciones de como llegar al camping antes que anocheciera, y partimos en su búsqueda.
El único camping de ciudad está en los prados de un motel de ruta en la autopista de circunvalación de la ciudad. Un par de nuestros habituales perdidas y equivocaciones nos llevaron por caminos errados una hora y media más de lo deseable pero finalmente llegamos, armamos lo mínimo, cenamos ya dormir. A la mañana siguiente, no sin trabajo, encontramos la parada del bus que nos dejaría en la estación del tranvía desde el cual entraríamos a la encantadora Zagreb.
Desde la plaza del Josip se abren hacia la colina dos barrios antiguos: Gradec y Kaptol. Ambos de desarrollo medioeval tuvieron diversa protección: Kaptol de la iglesia y Gradec del rey de Croacia. Con semejante punto de partida no sorprende que hayan sido rivales y testarudamente independientes y hasta con murallas propias cada uno. A pesar que sólo los separaba un arroyo, hoy siquiera existente, esta situación prevaleció hasta que Zagreb se decretó capital y finalmente se unieron en un solo pueblo. Las viejos aldeas rivales dejaron sus nombres en los barrios actuales de Kaptol y Gradec.
Gradec lo alcanzamos con un funicular cuyo boleto está incluido en el ticket combinado del tranvía. Alli arriba se despliega un pueblo ordenado, prolijo y con cierta pretensión ostentosa en sus edificios públicos. Funciona en su plaza principal, la sede del gobierno actual de Croacia y contiene la catedral de San Marcos con un icono de la ciudad: su techo de cerámicas dibujando el escudo de Croacia y el de Zagreb.
Una de las torres que pertenecía a sus murallas se conserva aún y por ella se pasa para iniciar el descenso. Calles adoquinadas, escaleras elegantes, callecitas de cuento con casas adornadas con flores y plantas bajas transformadas en interminables ferias de souvenires, nos engancharon durante una hora o más. Llegando ya bastante cerca de la base de la colina, en una esquina un set de filmación en plena calle ocupaba esquina, balcón del primer piso de una casa y parte de la vereda; actores y equipo de filmación interactuaban delante de la gente común que, como nosotros, disfrutamos un ratito de ver cómo se filma. No, no pude averiguar qué peli se estaba filmando...
La parte baja de Gradec es más bulliciosa, popular y olorosa. Mercados de frutas, verduras y pescado se encargaron de esto último.

Cruzamos virtualmente (ya no hay agua, ahora es una calle) el viejo arroyo que separaba a las dos villas para ingresar a el barrio episcopal de Kaptol contiene la catedral y ciertamente muchos menos atractivos que su rival. Posee el sitio sepulcral del cardenal Stepinac.




Otro pase por la historia: el cardenal Stepinac fue el rival político más famoso de Tito durante su largo liderazgo en la ex Yugoeslavia. Acusado por sus detractores de colaboracionista en la época de la Ustasia filo fascista (ver el blog s
obre Montenegro) fué defendido por los sectores anticomunistas (el Papa Wojtila en especial) por su activa oposición al autoritarismo del mariscal Tito. Fué así el emblema de la oposición precediendo a su rival en la muerte.

Al regresar cansados a la plaza del Bano Josip cumplimos el rito de sentarnos satisfechos en uno de los varios bares de plaza a tomar una cerveza y ver pasar los tranvías.





Por la tarde, previo almuerzo callejero de pan, queso y fruta (sí, esa que está sentada conmigo es Carmen, o lo que queda de ella), recorrimos la así llamada "herradura verde”, conjunto de plazas y parques encadenados que dibujan una “U” que desde el centro recorre zonas lujosas de la ciudad, edificios públicos, estación de ferrocarril, universidades e institutos culturales para regresar a la plaza principal.
En el camino nos detuvimos varias veces delante de hoteles y universidades a ver si alguien se había olvidado un WiFi prendido y abierto: la búsqueda fué exitosa y el antiguo y señorial Hotel Esplanade tuvo por un ratito un cliente no registrado que usó su “servicio de internet gratis para los huépedes” cómodamente sentados en una parecita de la vereda.
En una librería conseguimos guías y diccionario de Eslovenia, preparando el futuro.

Zagreb es muy linda. Tiene historia, paisaje, luz y olores de ciudad europea con suficientes credenciales para exigir su lugar en el centro de Europa.
Zagreb cumpió olgadamente nuestras espectativas y nos dió más: nos impregnó de una mágica luz romántica que aprenderíamos luego a buscar en otras ciudades centroeuropeas.


Luego de la siguiente noche comenzaría el último tramo de nuestro recorrido croata: la Istria. i No se lo pierdan!...,
Bah, como quieran. Yo igual sigo escribiendo.

viernes, 8 de agosto de 2008

Croacia, capitulo 3

Omis, Split y Sibenik ( 12 al 17 de julio de 2008)

De regreso de nuestra experiencia isleña, tomamos rumbo nuevamente al norte por la costa dálmata.

Elegimos un lugar que nos parecio cómodo y allí paramos: fue Omis, un pueblito bien encerrado entre las rocas de las montañas a sus espaldas y el mar en su frente. Creo que tendría no más de 500 m en su parte más angosta entre montaña y mar.
A partir de este lugar em
pezaríamos a notar el cambio de temporada que por aquí ocurre hacia mediados de julio, no sólo en la cantidad de gente, sino también en tarifas. El camping de Omis, si bien muy equipado y moderno, rebasaba de gente y costó encontrar un lugar aceptable. Para colmo era domingo lo que aumentó la afluencia de locales a las playas. No obstante ello, Omis, como todos los pueblos croatas que visitamos, nos agradó sobremanera. Aprovechamos para reponer energías y nos quedamos i tres ! noches: todo un record para nosotros. (solamente superado por los 5 noches en Roma).
Partimos luego rumbo a la famosa Split, la del post
re de banana. (A pesar de haber leído alguna vez en algún lado que no recuerdo, que el nombre del postre proviene de esta ciudad, no es así: split se llama el postre porque la banana se corta, "split"en inglés, por la mitad)

La historia de siempre. Spalathos fue allá por el 500 ac colonizada por los griegos, en el lugar en donde los dálmatas, tribu muy desarrollada en la edad del bronce, habían morado y fortificado sus villas desde hacía cientos de años. Cuando los romanos conquistan estas tierras, encuentran que la ciudad más desarrollada era la antigua ciudad griega de Salonia, y a ella le dedican sus mejores esfuerzos. No obstante Spalathos sería más conocida luego por el nacimiento en ella de un futuro emperador de Roma: Diocleziano. Este militar dálmata entronizado emperador en el 284 dc en épocas turbulentas de la disociación del imperio en oriente y occidente, ostenta la triste autoría de las más feroces persecuciones a cristianos de toda la historia. Por sus órdenes son asesinados numerosos mártires rápidamente transformados en santos luego por la iglesia católica. San Doimo fue decapitado en la vecina Salonia y San Anastasio en Spalathos tirado al río con una piedra atada al cuello (¿les recuerda algo?).
Mientras se dedicaba a estos menesteres y a completar
la división del imperio en dos sedes (Roma con Maximiliano y Bizancio con él mismo) Diocleziano se hizo construir un enorme palacio en la tranquila ciudad de Sphalatos. Con su bulincito aún sin terminar, decide “retirarse de la política” y abdica. Luego moriría en el 313 dc.
Luego de la definitiva caída del imperio y de las invasiones bárbaras, el palacio fue ocupado por los pobladores de la villa vecina. Allí lograron protegerse y como les gustó y ya no había dueño de palacio que reclame, se quedaron. Fué así como se organizó una villa dentro del inmenso palacio que hasta llegó a fortificarse con muros como lo hicieron todos los pueblos medioevales en la región. Solamente el crecimiento que conllevó los años de dominación veneciana posterior, hicieron abrir los muros y extender la ciudad para albergar a su mayor población.


El palacio, grandioso y hermoso en su tiempo, quedó literalmente engullido por el pueblo. Muros, habitaciones, templos y mausoleos fueron usados para vivienda y hoy en día cuesta reconocer palacio de ciudad. Viven actualmente en el perímetro del ex palacio miles de personas y hay registradas en él más de 3000 viviendas.
Con la ayuda de las guías es posible recorrer e imaginarse cómo debió haber sido semejante palacio. Por ejemplo, se puede encontrar la única parte del templo que no se usó como vivienda: el peristilo, o sitio de recepción de invitados del palacio.
Es muy curioso ver en cualquier esquina la aposición de épocas y estilos: de pronto se puede restos de una iglesia románica encastrados en una torre veneciana que la englobó, o una estatua ornamentaria medioeval en los muros de lo que debe haber sido parte de palacio romano. Por su fachada sur se asoma al mar, en donde la moderna Split ha construido un puerto muy paquete.

En cuanto a los restos de Diocleziano, luego que se construyera una iglesia en el lugar del mausoleo que los contenía, su sarcófago permaneció en una de las torres palaciegas y luego del siglo XII se le perdió el rastro.




En una vuelta de esquina nos topamos inopinadamente con un grupo de cantores de Kapla, un género de música popular pero de estética sacra, cantada a capella: especialmente emotivo escuchado entre esas paredes de tanta historia.
De vuelta al parking nos encontramos con la desagradable sorpresa que el espacioso lugar en donde habíamos estacionado a Aurelia, se había transformado en un larguísimo (más de trescientos metros) pasillo de autos estacionados a 45 grados de ambos lados, dejando un espacio mínimo para circular: tardamos interminables 20 minutos en sacar el vehículo de allí sin dejar trozos de aurelia en el intento.
Recorriendo los alrededores
antes de abandonar Spit, exploramos la península al norte y oeste de la ciudad, que contiene edificios de la universidad, una marina y antiguos caserones muy ostentosos y llamativos. El conjunto hacía recordar ciertos rincones de San Isidro, aunque es justo reconocerlo, un poco venido a menos (el de Split, me refiero). Allí abajo, en una playita, retomé la buena costumbre de una zambullidita en el mar, al lado de Aurelia.

Continuamos viaje esta vez a Zablache, puerto desconocido por los turistas si no fuera que allí se instaló un camping, cerca de un complejo hotelero enorme. La importancia de Sablache es que está a poca distancia en bus de la ciudad de Sibenik.
Luego de acomodarnos, a la mañana siguiente partimos a Sibenik ciudad muy castigada como Dubrovik durante la guerra, aunque no bombardeada como ella, afortunadamente. Se notan innumerables impactos de metralla en lso frentes de casi todas las casas que dan al mar.
Además de las clásicas calles de la ciudad vieja, fachadas, monumentos e iglesias, la joya de esta
ciudad es su catedral, consagrada a San Giácomo. Su construcción así como la decoración monumental, son obra del arquitecto mayor de Croacia, Juraj Dalmatinac (no sé porque también llamado Giorgio Orsini), de quien nos cansamos de ver obras desparramadas por todo el país. Su estatua preside la plaza exterior frente a la entrada de la iglesia. Muy notables las setenta y pico tallas de cabezas de distintos motivos que colocaron en una cornisa en el exterior del ábside de la iglesia: según dicen, fueron hechas por los numerosos artesanos que construyeron el edificio.
Es básicamente un monument
o renacentista con todos los ingredientes que las guías nos enseñana a encontrar en figuras, relieves, disposición de espacios, aspecto general, etc. (Por momentos, especialmente si se tiene una audiencia lega, uno se puede llegar a sentir casi un arquitecto hablando.)

Regresamos como siempre al camping, a dormir y a planear el siguiente paso: comenzar el camino a la capital, Zagreb.


lunes, 4 de agosto de 2008

Croacia, capítulo 2

Playas de Dalmacia ( 9 al 12 de julio de 2008)

Subiendo la costa dálmata desde Dubrovnik, penetramos la península de Peljesac, largo brazo de tierra comunicado con el continente por un pequeño itsmo que contiene a dos pueblos hermanos: Ston y Mali Ston (mali es “viejo”). Ambas ciudades son antiguas pero lo mas impresionante se encuentra en Mali Ston: una construcción de muralla que maravilla (de los mismos arquitectos que hicieron las de Dubrovnik), trepa muy alto en la montaña desde el valle en donde uno está parado, con espesor a veces mayor de seis metros y altura de diez a quince metros. La muralla servía de protección a este pueblo, el que era parte de la república de Dubrovnik. Como siempre, la pregunta se escapa una y otra vez de nuestras bocas abiertas: ¿cómo lo hacían?
Más adelante pasamos por zonas de viñedos, muy famosas en esta región cuna del vino Plavac.
El lugar elegido para la parada fue Orevic. Es un pueblo de balnearios de playa, con una calle comercial a lo largo de la ruta y hoteles y albergues clásicos. Al lado del mar, una calle estilo lungomare italiano, recorre el muelle donde numerosos bares y restaurantes estarán siempre llenos a la noche. Este camping, construido en la ladera rocosa con terrazas en vertiginoso descenso a una estrecha playa de arena, tenía un lugar disponible frente a la misma playa, separados por un paredoncito de piedras. Fue toda una fiesta disfrutar de playa teniendo a Aurelia tan cerca para comer y dormir.

Un paréntesis explicativo acerca de Serbia y Bosnia y Herzegovina:
Cuando estuvimos en Montenegro, calculamos que recorrer su región montañosa del norte e ingresar a Serbia por allí, sería un trayecto muy largo y muy complicado en un país que no nos había ofrecido comodidades de camping satisfactorias. Alí decidimos que entraríamos a Serbia desde Bosnia y Herzegovina, cuando la visitáramos desde Croacia ingresando por la ciudad de Sarajevo. (deberán ver un mapa para seguirme...)
Bosnia y Herzegovina tiene una salida al mar a la altura de la ciudad de Naun: se trata de un curioso corredor costero que interrumpe la soberanía croata por unos pocos kilómetros. Desde allí intentamos subir a Mostar y luego a Sarajevo con la idea de luego continuar a Serbia. El problema es que Bosnia y Herzegovina exige visa al turista argentino, visa que no teníamos. Así que con gran frustración, dimos vuelta en la frontera y humillados de regreso a Croacia. En ese momento, reflexionamos que ya no iríamos a Serbia pues desde cualquier otro punto nos quedaría más lejos de lo que pensábamos viajar al este.


Otro dilema, igual que lo que nos pasó en Grecia, tuvo que ver con explorar alguna isla de los varios cientos que posee Croacia (muchas de ellas deshabitadas). Las cavilaciones tenían que ver concretamente con euros, pues los costos de cruzar con autocaravana no bajan de 100 en la mayoría de los cruces. Decidimos hacer un experimento: Buscamos una isla cerquita con un trayecto de cruce corto: la elegida fue la isla de Hvar. En el puerto continental de Dvernik bajo un sol implacable y por a tarde, esperamos pacientemente los 40 minutos que demoró la balsa en regresar de la isla y nos subimos.
Estas balsas son unas “Melinka like”. A los fueguinos no necesito explicarles pero para el resto, vaya la aclaración: Melinka es el nombre de una de las barcazas que hacen el cruce regular del estrecho de Magallanes allí en nuestro pago. Estas barcazas croatas son del mismo estilo y tamaño, pero ciertamente más modernas y cómodas.
El cruce elegido duró más o menos 30 minutos. Dell otro lado, el puerto de Sucuraj da la bienvenida a los turistas que entran a Hvar por allí. Ni bien desembarcamos, comenzamos a andar por una ruta un tanto angosta sobre la que ya caía el crepúsculo con sol de frente. Para nuestra tranquilidad encontramos muy rápido un camping que nos evitó seguir en esa peligrosa ruta a esa hora.

Dos anécdotas cómicas de este camping: Cecilia descubre que unas velas que habíamos comprado en un supermercado, para usar afuera a la noche a la hora de cenar (en tres preciosos colores) son en realidad ornamentos funerarios que los eslavos de varios países dejan a sus queridos muertos en las tumbas. Con discreción las retiramos de la mesa antes que alguien se le ocurriera darnos un pésame. La otra fué el descubrimiento que hicieron Carmen y Cecilia al asomarse desde los baños a la mitad alejada del camping y descubrir a ninos, jóvenes y viejos en riguroso traje de Adán: el camping ofrecía ambas modalidades, “normal” y naturista.
A la mañana siguiente, asegurándonos de tener nuestras ropas puestas, reanudamos el camino hacia la punta este de la isla (ingresamos por su extremo oeste). fueron unos 70 km de una ruta horrible. La ruta es de montaña y muy angosta: para colmo el lado del precipicio no tiene banquina, ni guarda rail, ni cordón, ni raya blanca NI NADA. Todo el tiempo rogando que Aurelia no diera un paso en falso y nos fuésemos abajo. Pero lo temido no pasó, afortunadamente. Sólo sirvió la experiencia para felicitarnos de haber parado el día anterior, casi sin luz: hubiera sido terrorífico.
Llegamos a la localidad de Vira en donde hallamos un pequeño paraíso de playa en un camping muy cómodo. Otra vez internet WiFi gratis. (i hurra !).

La mañana siguiente la dedicamos a visitar la ciudad de Hvar, capital de la isla. Ciudad calco de todas las de por aquí, con un pasado de colonización griega y romana, luego bajo la dominación veneciana y finalmente en decadencia bajo la dominación austrohúngara. Algunas curiosidades son su magnífica marina llena de yates lujosos y gente “importante” (al menos eso se creen ellos) y una imponente fortaleza que domina el puerto y la ciudadela, fortaleza llamada 'española” no porque hayan andado por aquí los hijos de la madre patria sino porque su construcción fue encargada a un arquitecto español allá por el mil setecientos. De todas maneras, lo que allí vimos no compensó la esforzada subida a pie, pues la fortaleza está transformada en un conglomerado de restaurantes y bares finos que le quitan la poca atmósfera que le quedaba a la pobre ruina. Las hermosas vistas desde allí fueron un atenuante de la frustración. Luego de dejar la ciudad de Hvar hicimos una escapada hasta la punta occidental de la isla que prometía paisajes alucinantes, y el lugar cumplió de maravillas su promesa.
Para regresar hubimos de desandar los 70 km hasta el puerto que nos devolvería al contiente. Paramos a ver una muy pintoresca cancha de bochas con tribuna (nunca visto). Tambien paramos en la venta de una bodega de vinos locales en donde gastamos unos euros para tomar esa noche, y también para llevar. (anotarse).
Nos encontramos en el próximo. Adiós.

Datos personales

Ushuaia, Tierra del Fuego, Argentina
Médico. Jubilado, aunque no tanto.