miércoles, 30 de julio de 2008

Croacia, capitulo 1

Dubrovnik, la sobreviviente (6 al 9 de Julio de 2008)

Finalmente ingresamos a Croacia por su extremo sur. Luego de pocos kilómetros de la frontera con Montenegro nos encontramos en las puertas de Dubrovnik.
Si pudiéramos sumar los ingredientes qué más comunmente hacen de una ciudad una delicia turíśtica, el resultado sería Dubrovnik. iQué hermosa ciudad! Sólo llegar desde el sur y verla desde cierta altura, ya es un placer: la ciudad antigua, de distribución circular y asomada al mar apoyada en sus fuertes y altos muros medioevales, parece querer mostrar que supo sobrevivir a una guerra más, una que casi la hizo desaparecer: la última de las guerras balcánicas.

Por razones que escapan a mis conocimientos de historia moderna, en la reciente guerra de los balcanes, el ejército regular de la ex Yugoeslavia se ensañó con esta pequeña ciudad a la que asedió y bombardeó sistemáticamente durante seis meses. La desvastación de Dubrovnik solo fué comparable a la sufrida por la actualmente croata Vukovar o por las ciudades bosnias de Sarajevo y Mostar. Las heridas físicas de la guerra en las casas y edificios están prolijamente restauradas y, según dicen, Dubrovnik volvió a ser lo que era. iY qué maravilla es!

La historia: una fundación romana llamada Epidauro, bastante cerca de la actual Dubrovnik fue desvastada por terremotos y por invasiones bárbaras, que obligaron a sus sobrevivientes a mudarse un poco más al norte, a un islote cercano al continente. Llamaron a su pueblo Ragusium. Tenían enfrente, en el continente, un asentamiento de la tribu croata llamado ya entonces Dubrovnik. Los romanos sobrevivientes mantenian buenas relaciones comerciales con estos croatas. El comercio devino intenso y en el siglo XI unieron isla y continente con relleno hasta formar una sóla tierra, la ciudad de Ragusa. En esa época Ragusa era ya marcadamente croata. Luego de un período “de oro” de comercio marítimo, como muchas otras ciudades adriáticas, cae bajo el dominio de la república Sereníssima de Venecia. Hacia el 1300, Dubrovnik logra proclamarse república y sobrevivir así, independiente de venecianos y otomanos, gracias a una gran habilidad política y un arte de negociación admirable. Hubo de ser un terremoto (con quien obviamente no se negocia) quien terminara con la potencia ragusana en 1667. Todo lo existente desapareció en ruinas y la ciudad fue reconstruida en un estilo gótico que nada nos dice de su espendor anterior. Napoleón primero y el imperio austrohúngaro después, se encargaron de relegar a Dubrovnik a un papel secundario del cual solo revivió recientemente gracias al turismo.
Luego de una breve recorrida arriba de Aurelia, enfilamos hacia el camping ubicado en una península hacia el norte de la ciudad. Muy buen camping, internet gratis, piscina, playa, etc. Pertenece a una cadena de hotelería adriática que administra campings en varios países, como conoceríamos después.
Desde el camping, un cómodo bus nos deja en una de las tres puertas de la ciudad vieja. Desde allí se entra a la antigua ciudad amurallada que conserva iglesias, casas y monumentos de la etapa medioeval, post terremoto, o sea básicamente gótico. No falta la influencia veneciana visible en antiguos palacios y edificios comunales. Tampoco falta la influencia comercial moderna representada por innumerables negocios que venden lo que se quiera comprar, desde ropa de marca, joyas, comidas rápidas, restaurantes butique y miles de souvenirs iguales a los que se pueden comprar en cualquier lugar del mundo (digo yo: ¿porqué se sigue llamando artesanía a esa colección de artículos claramente fabricados en serie y que no pertenecen a ninguan cultura, etnia o comunidad en particular?)
Por la puerta opuesta se egresa de las murallas a un soleado puerto en donde recalan no sólo las barcas de pescadores sino también numerosos barquitos de pasajeros que llevan a los turistas por las islas de enfrente. Todos los días veríamos también algún gran barco crucero de los que hacen los tours mediterráneos con más de mil pasajeros a bordo.
La costa adriática de Croacia, y parte de la Eslovena al norte y de la montenegrina al sur es llamada desde los romanos, Dalmacia. Esa estrecha franja de tierra acompañada por el azulsísimo mar Adriático al oeste, tiene a sus espaldas una cadena montañosa que es la prolongación báltica de los Alpes, llamados no casualmente Alpes dinaricos, en mención de la más grande altura de Croacia, el monte Dinaro o Dinárico. La región goza de una alta temperatura en verano, más alta cuanto más cerca del mar corren las montañas. Las playas, modalidad dálmata, son preciosas: piedras que pueden ser desde tamaño canto rodado hasta un fino ripio cercano a la arena, en las playas; piedras más grandes bajo el mar. La pendiente habitualmente muy suave, en algunos lugares no desciende más de 1,5 metros incusive hasta 100 m de la costa. En otros (la mayoría), luego de una breve “pileta” de 10 o 20 metros de ancho con profundidad escasa pero que permite bañarse, se profundiza rápidamente para nadar o practicar cualquiera de los deportes de agua. El agua siempre transparente y a temperatura muy agradable. Muy exepcionalmente, la marejada y el viento traerán a la playa algo de algas y restos vegetales. Se debe estar preparado para compartir el agua con botes de todo tipo, que la gente lleva en cantidades: desde inflables playeros, pasando por gomones y semirrígidos, hasta lanchas de buen porte.

Dalmacia, fundamentalmente, es azul. No hay rincón de esta zona de Croacia que hayamos recorrido que no tenga impronta azul. El mar asoma en absolutamente todos los paisajes que la mirada guste recorrer. Otro adjetivo para Dalmacia es rocosa. Las rocas son omnipresentes. Al principio nos enojó un poco la dificultad que significa meterse al agua caminando ridículamente “como pisando huevos”; en algunas de las playas debíamos salir en una humillante posición en cuatro patas para disminuir la ofensa de las piedras en la planta de los doloridos pies. Pero primero Carmen, luego Cecilia y finalmente yo, nos equipamos con unas zapatillas de neoprene con suela especial “antirrocas” con las cuales recuperamos la dignidad, y también algo de integridad en nuestras plantas.

Azul y roca, combinación que nos acompañará las próximas semanas.

viernes, 25 de julio de 2008

MONTENEGRO

Montenegro, la escindida. (2 al 5 de julio de 2008)

Montenegro votó recientemente su escición de Serbia utilizando la prebenda constitucional del plebiscito establecida luego de la paz en 1995. Según esta joven constitución de Serbia y Montenegro unificadas en el 2002, ambas naciones podían plebiscitar a los 4 años si querían seguir unidas o no. El año 2006 Montenegro plebiscitó separarse de Serbia y con poca sorpresa el resultado fue por la escisción. Pero para muchos la gran sorpresa fué que esta separación fué pacíficamente aceptada por Serbia.
A esta altura del relato, se hace necesario comenzar a intentar describir la complejísima historia de los balcanes. Ténganme paciencia o saltéense esta parte del blog, pero si se atreven a seguirme, les aseguro que no se van a aburrir.

Para empezar, baste decir que etnias, religión y naciones se mezclan aquí de una manera engorrosa para el entendimiento, pues a la natural dificultad de comprensión que ofrecen las luchas étnicas y religiosas, se agrega aquí que algunas etnias llevan el nombre de naciones.
Explico:
Existen naciones: [Eslovenia], [Serbia], [Montenegro], [Bosnia y Herzegovina], [Croacia] y [Macedonia]. Todas ellas integraban la ex Yugoeslavia de Tito, armada luego de la segunda guerra mundial. Montenegro era parte de la Federación de Serbia y Montenegro hasta que el plebiscito la llevó a la escisión en nación independiente. Kosovo emergió de su guerra de 1995/96 como un protectorado de la UN pero finalmente votó su propia independencia en febrero de este año. Todas las naciones volvieron a ser naciones independientes, pero como verán, con sangre y dolor.
Existen etnias: serbios, croatas, bosnios, albanos, y varias minorias como los romanios, los gitanos, los judios, turcos, griegos, macedonios.
Existen religiones: católica romana, católica ortodoxa, islamismo, y otras con menos representación como judaismo, hinduísmo.
Y ahora viene el lío: la etnia serbia, si bien mayormente residente en la nación Serbia y Montenegro, era minoría influyente en varias otras naciones o regiones, especialmente Croacia, Bosnia y Herzegovina y la actual Kosovo. La etnia serbia es mayormente cristiana ortodoxa.
La etnia croata reside mayormente en la actual Croacia pero tenía minoría importante en Serbia y en Bosnia y Herzegovina. Los croatas son mayoritariamente católicos romanos.
La etnia bosnia, reside fundamentalmente en Bosnia y Hersegovina, Kosovo y en Albania pero vivía también como minoría en Croacia y Serbia. La etnia bosnia es islámica.
La rivalidad y enemistad entre las etnias, especialmente y principalmente entre croatas y serbios, es antigua, pero el siglo XX las maduró rápidamente en tres guerras. Las primeras dos se desarrollaron antes de la segunda guerra mundial (1912 y 1913) y la tercera, la de los 90, luego de la muerte de Tito y la caída del bloque de la URSS.
Las dos primeras guerras balcánicas significaron la lucha contra el imperio otomano de Turquía, encontrando a los hoy enemigos, aliados en algunas luchas, por ejemplo serbios y montenegrinos unidos a Rusia; o búlgaros unidos a los griegos junto a los montenegrinos contra los turcos (primera guerra balcánica), pero inmediatamente atacando a Bulgaria (segunda guerra balcáncia) junto a los montenegrinos. De estas guerras queda un reparto de territorio de los balcanes que luego la primera guerra mundial cambiaría; aquellas pretensiones territoriales son parte de los reclamos que llevan a la tercera guerra balcánica.
Un reino independiente que nuclea a Serbia, Croacia y Eslovenia emerge luego de la primera guerra mundial. Los serbios, considerándose los vencedores de la guerra por su participación en la lucha contra el imperio austrohúngaro, se sienten dueños de la gran Yugoeslavia; los croatas y eslovenos (mucho más activamente los primeros) comienzan a rebelarse contra esta hegemonía. La razón más entendible de esta rebelión lo constituye el hecho de que estas dos ex naciones aportaban el grueso del producto bruto del reino.
El diputado croata Stjepan Radic es asesinado en el parlamento de Belgrado en 1922. El rey es asesinado por un croata en 1929. Hacia 1930 las persecuciones de los croatas disidentes ya eran frecuentes y la hegemonía serbia en el reino independiente de Serbia, Croacia y Eslovenia era manifiesta.
Pero para entender la tercera guerra balcánica hay que retrotraerse al comportamiento de los primeros actores serbios y croatas durante la segunda guerra mundial. Un sector de croatas instigados por Italia brinda simpatía manifiesta al fascismo naciente de Mussolini creando una guerilla pro eje de corte fascista muy sangrienta conocida como la ustascia. Esto ocurre durante la vigencia del Reino de Serbia, Croacia y Eslovenia hasta que la ustascia finalmente se apropia del poder en Croacia en 1941, cuando el rey huye a Londres ante la inminente invasión de las fuerzas del eje. Esta falange ustasciana comete persecuciones atroces contra los serbios, judíos, gitanos y croatas disidentes. Al mismo tiempo, en Serbia se desarrollaba el movimiento fascista pro monárquico de los cetnici o chetniks, que se ocupó de perseguir cruelmente en su territorio a croatas y bosnios.
Josip Broz, conocido con el nombre de guerra de Tito, era un militante del PC, hijo de padre croata y madre eslovena, que tomando ventaja de la guerra interna de ambas falanges nazifascistas entronizadas en el poder, con la ayuda de occidente organiza la resistencia de los partisanos y con la ayuda de Rusia libera toda la región del yugo nazi y de las flanges locales colaboracionistas (las que ciertamente pagarán caro en manos de Tito sus atrocidades). Los vencedores de la guerra mundial premian a Tito luego de la guerra apoyándolo en la creación de la nación Yugoeslava. Pero el dragón no estaba muerto, solamente dormía. Los odios étnicos, muchas veces disfrazados de rivalidades religiosas, seguían intactos y estallarían varios decenios más tarde.(...continuará.)

Montenegro ofrece ya desde su frontera con Albania una cara mas "europea", más afín con su declarada intención de pertenecer a la unión. Rutas en muy buen estado, señalización generosa bilingüe, el euro como moneda (aunque aún no es Europa, es firme candidata y ya adoptó la moneda), y un impuesto “ecológico” al ingreso son marcadas diferencias con su pobrecita vecina Albania.

Enfilamos derechito a las playas del sur que resultaron muy agradables aunque notoriamente distintas a las griegas: aquí la piedra es dueña y señora, la arena es infrecuente. El agua clarísima, quizás un poco más fría que en las regiones helénicas. Los campings flojitos, con instalaciones sanitarias muy deficientes y sin ese toque europeo de “todo resuelto” (por ejemplo, suelen no tener servicio para descargar aguas servidas de las autocaravanas, lavarropas y otras comunes comodidades) La contrapartida es que resultaron bastante más baratos que los griegos e italianos.
La playa elegida fué una en Dovra Bora, lugar que escondía un camping en un breve lugar casi sobre el mar. Si bien era ruidoso pues tenía una disco de playa justo al lado, decidimos quedarnos allí dos días para disfrutar playa y recargar ánimo luego de la frustrante experiencia albana.
Saliendo de allí pasamos luego por la capital, Podgórica: aunque con los rasgos habituales de antigua ciudad comunista, (ver Albania en mi blog anterior) esta bonita y moderna ciudad fue declarada capital recién en 1948. La histórica capital fue Cetinje, la que verdaderametne exhibe el esplendor de la epoca de oro montenegrina, en tiempos en que era un reino independiente, alli por el 1800. Abundan los palacios barrocos y se respira una atmosfera versaillesca. Alli todo está bastante cuidado y prolijo. Muy interesante y agradable de ver y recorrer.
Ya desde allí nos quedaba la opción de recorrer la “entretierra”, o sea las tierras interiores montañosas que nos llevarían además a Serbia, o bien seguir el litoral camino a Croacia.
Nuevamente el litoral ganó la pulseada, esta vez favorecido por la escasa infraestructura de campings que veníamos observando en Montenegro.
El camino hacia la riviera de Budva nos hizo pasar cerca de un pueblito encantador que se llama Rijeka Crnojevica, a orillas del rio del mismo nombre que luego desembocará en el lago Skadar. Esta villa solía ser uno de los sitios de veraneo de las monarquías europeas del siglo XVIII y XIX, de lo cual conserva solamente el paisaje y un viejo y pintoresco puente de tres arcadas. Dicen las guías que allí está el mejor restaurant de Montenegro, que porsupuesto (o por presupuesto, como quieran llamarlo) no visitamos.
El resto del camino nos hizo descender nuevamente y lentamente hasta el litoral marítimo para depositarnos en la calurosísima playa de Butvar. Allí el camping fué un poquito mejor que el anterior pero aún muy deficiente en instalaciones sanitarias. Las playas de esta localidad son extremadamente concurridas pero parecen limpias y amplias, aunque no las utilizamos pues el calor nos arrojó de allí a la mañana siguiente, al golfo de Kotor o Cataro, en italiano.
Kotor es un puerto hermosos, meca de la naútica de placer mediterránea, en donde vimos aparcados lujosos yates al pie de una montaña sobre la cual yace el pueblo medioeval de Kotor y allí más arriba, hasta la cima, las murallas y la fortaleza, conjunto absolutamente típico de toda ciudad medioeval que se precie. Aquí la particularidad es que la ciudad tiene forma triangular, con uno de sus lados apoyado en la montaña y los otros ribeteando la ribera del golfo. Al pie de la muralla, entre ésta y el muelle de los yates lujosos, se extiende un mercado al aire libre muy concurrido.
Esta mezcla de ciudad antigua y lujo, tiene en Montenegro una explicación propia: es la ribiera montenegrina la playa de Serbia, además de ser un destino elejido por rusos y rumanos, los que abundan por aquí. Quizás sea de la mafia rusa del petróleo una espectacular Ferrari roja etacionada al lado de un lujosísimo yate que daría envidia al mismo Onasis.
Dejamos Kotor rumbo Gerceg Novi, la que sería nuestra última escala montenegrina antesde la esperada Croacia, en quien depositábamos todas nuestras esperanzas de mejores campings.
Herceg Novig nos deparava el peor camping en neustro record: no sólo pésimo en instalaciones sanitarias sino que además nos tocaron unos pendejos montenegrinos borrachos que gritaron toda la noche. La playa aceptable, con la modalidad “cemento” que se dá bastante por aquí. Son playas de aguas muy cristalinas pero con piedras, Para favorecer el acceso, les hacen unas plataformas de cemento hasta donde el agua tiene unos 60 o 70 cm de profundidad. Entonces, como el mar suele ser muy calmo, parece que entrás en una pileta de natación. Muy curioso, y muy distinto a lo que uno está acostumbrado, ¿no?
El día siguiente ya nos encontraría en Croacia. Do videnja!

miércoles, 23 de julio de 2008

ALBANIA

Albania (1 y 2 de julio de 2008)

La salida de Grecia fué traumática, no sólo porque amamos el país que dejábamos sino porque además íbamos a ingresar al país más difícil de nuestro itinerario: Albania.
Las referencias sobre Albania que pudimos obtener en Grecia, ya sea preguntando a operadores turísticos o a los encargados de los campings fue preocupante: muchos no nos alentaron a ir y nadie supo decirnos si había campings. No pudimos conseguir una sola guía sobre Albania en Grecia. La encargada del último camping griego, el de Ioanina, ante la pregunta de “¿cómo es Albania?” respondió en inglés:“terrible”. Un sólo mapa nos marcaba un probable camping en una localidad costera a unos 100 km de la frontera de ingreso.
Con semejante escasa e inquietante información nos largamos. Las opciones no eran mejores: regresar a Italia, o atravezar FYRM (Former Yugoeslavian Republic of Macedonia) y Bulgaria para entrar a Croacia pero por Serbia, pues Bosnia y Herzegovina exigen a los argentinos visa, que no teníamos.
Los guardias de frontera griega de salida casi nos impiden egresar de Grecia pues olvidamos pedirle al amigo Ralph una autorización para sacar a Aurelia de Europa. Pusimos la autocaravana a nombre de Ralph por motivos que no merecen explicarse aquí pero que significó ahorrarnos un montón de euros. Después de ensayar mis mejores caras de dolobu-sudaka ante la agente aduanera, ella se conmovió y me dejó pasar. El de migraciones también se rehusó a sellarme el pasaporte pues yo no tenía sellada la entrada en Europa.
Déjenme explicarles: en París el agente de migra se equivocó y me hizo pasar sin sellarme el pasaporte porque consideró que estaba en tránsito a Munich ( no obstante ello, a Carmen, una ventanilla más allá, sí se lo sellaron). A Cecilia ni se lo miraron pues exhibió el passaporto italiano, Cuando llegamos a Munich yo le pido al migra que me selle e pasaporte, pero se resiste pues dice que acabo de descender de un vuelo de cabotaje y que no debo hacer ningún trámite. Resumen: la única sobre la que se ejercería la presión de los 90 días de visa turística para el espacio Shenguen (frontera común) europea sería de allí en más, Carmen. Yo nunca ingresé a Europa y Cecilia es italiana.
Volviendo a la frontera de salida griega: sin ingreso a Europa, no me ponen sello de salida, así que en esas condiciones nos acercamos a la garita albanesa. Mucho menos inquisidor, el cansado agente albanés se limitó a cobrarnos los tres euros de tasa aduanera, selló todo y en un santiamén estábamos fuera de Europa en la enigmática Albania.
¿Qué les puedo decir?. Albania es...pobre, muy pobre y extremadamente precaria en todo.

Un poquito de historia: Albania, en este momento el país más pobre de Europa, (Europa región, no Comunidad Europea) no integró la República Popular Federal de Yugoeslavia de Tito al término de la segunda guerra mundial. Mientras Yugoeslavia migraba de la tutela soviética a una posición no alineada, con un socialismo independiente del bloque, en Albania se entronizaba bajo la aprobación soviéica, una especie de lider conductor llamado Enver Hoxha, ultracomunista ortodoxo. Tan ultra que cuando Rusia comienza a criticar el stalinismo, este Hoxha rompe con la URSS y se va con Mao. Cuando la China de post Mao comienza su revisionismo, Hoxha ⅰrompe con China! Este hombre es en gran parte responsable del enorme atraso y aislamiento de Albania, en donde hasta hace poco eran ilegales las relaciones sexuales prematrimoniales y hasta hace diez años estuvo prohibida internet. El petróleo lo vimos bombear con unas “cigüeñas” antediluvianas, todas oxidadas, y entre los campos sembrados es común ver depósitos al aire libre de residuos de petróleo. La poca maquinaria que se ve es vieja y rota.
Entre otras curiosidades, este loco hizo construir en todo el territorio albanés unas especies de casamatas para proteger a los albaneses de supuestas inminentes agresiones externas. Fueron en total cerca de 300.000 bunkers, uno cada diez albaneses. Se las ve regadas por todos lados: con la ironía que corresponde a tan distinto origen, por momentos las comparamos con los trulli de Alberobello, en Italia

Volviendo al viaje: El asunto era tratar de llegar a ese solitario y único camping que habíamos encontrado en un mapa y en una referencia en internet (un ciclista que había pasado por allí y en un blog, dejó escrito ese dato).

Tomamos coraje y enfilamos hacia Saranda, a 35 km de la frontera con Grecia.
Comenzamos a andar por unos caminos
muy escasamente señalizados, en muy malas condiciones de mantenimiento y afortunadamenne con muy poco tránsito. Nada del idioma era comprensible y ni soñar con doble lenguaje en los carteles como en Europa (allí los carteles están casi siempre en el idioma del país y en ingés). Las imágenes que comenzamos a ver a través de la ventanilla eran las de un paraje rural sumamente pobre, con infraestructura visible casi inexistente (respiramos cuando vimos una estación de servicio), con gente de rostro sombrío y envejecido, chicos con mirada tristona y pedigüeña, casas viejas y muy deterioradas, nada de presencia de comunidad organizada (ni semáforos, policía, cuarteles de bomberos, puestos sanitarios, y menos que menos, oficinas comunales de informes turísticos). De vez en cuando cruzábamos algún vehículo que invariablemente era un Mercedes Benz de 30 o 40 años atrás, o camioncitos desvencijados cargados hasta la cima con fardos de forraje todos mal estibados. Muchos campesinos por la ruta moviendo sus animales y muchas mujeres en una actividad que resultó luego ser típica de Albania: pasear la vaca.
Debo reconocer que la zona sur por donde entramos es la más pobre de este pobre país, pero lo que vimos luego apenas mejoró un poco la primera impresión.
El idioma fué una enorme barrera, no solo por nuestra absoluta incomprensión del Albanés, sino porque encontrar un albanés que hable inglés es raro. Para colmo, el gesto de “sí” y “no” con la cabeza es exactamente opuesto al occidental: para negar hay que mover la cabeza hacia arriba y hacia abajo y para afirmar, horizontalmente. Sin comunicación posible, las dificultades se agrandan.
tranquilos de mala ruta de asfalto, éste desapareceió para dejar lugar a una calle de piedras de todos los tamaños posibles, extremadamente despareja que, no les exagero, era mucho, pero mucho peor que la peor ruta chilena en la isla de Tierra del Fuego (los lectores Ushuaia sabrán a qué me refiero). Por momentos parecía que Aurelia se desarmaría en un instante. Todo temblaba y se sacudía mientras intentábamos avanzar a 10 km/En Saranda debíamos rumbear por la ruta de la costa, marcada en el mapa. No sé cómo describirles lo que es esa ruta. Luego de unos pocos kilómetroshora. Esperanzados en que esa picada (suponemos que en construcción por algo de trabajos viales que se veían alrededor) fuera breve y que algún tipo de ruta transitable aparecería pronto, intentamos continuar. Pero no: el horror vial continuaba y algunos autos y camiones que nos cruzaban nos hacían temer un piedrazo en el parabrizas en cualquier momento. Luego de una rápida evaluación de posibilidades decidimos no arriesgar a Aurelia en una catástrofe como podría ser romperla en Albania. Regresamos por nuestro pasos y tomamos la ruta al norte por el centro del país, abandonando la playa. Ahora la ruta fué normal, muy buena hasta Gjirokastër (unos 56 km) y luego angosta y poseada, constituida por ex-asfalto hasta Durres, un puerto aproximadamente a la mitad de la distancia entre los extremos longitudinales del pais.
La ciudad de Durres es bastante turística y numerosos hotel playa, la cual vimos ya atardecida, poco antes des se alinean en lae la puesta del sol. Sin campings, intentamos una parada salvaje en el estacionamiento de un hotel y restaurant, campaneando el ambiente, pero un no muy discreto mozo del restaurant nos advirtió que no podriamos quedarnos alli. Ya muy cansados, vencidos por las dificultades y de noche, buscamos un hotel barato para pasar la noche, pero antes nos consolamos en un restaurant de la playa.
A la mañana siguiente, pudimos conversar un rato con la dueña del hospedaje, profesora de inglés en Durres. De ella pudimos obtener algo de información, aunque quizás sesgada de su posición económica mejor. Me dió la impresión que hablamos con una integrante de una nueva clase emergente de las ciudades mayores de Albania: jóvenes un poco más acomodados que el resto de sus congéneres, con visión más optimista del futuro de su país y con ansias de europizarse pronto.

Sin desearlo, reconocimos que estábamos fracasando en conocer a Albania de esta manera. Nuestros derroteros más que de conocimiento y contacto con la gente ya se estaban transformando en un escape. Pondríamos rumbo al norte, buscando la frontera con Montenegro, pero antes, haríamos un postrer esfuerzo por conocer a la pobre Albania: Tirana, su capital, sería nuestro intento.
Tirana es claramente una ciudad con pasado comunista. Los que hayan tenido la oportunidad de visitar alguna ciudad del ex bloque socialista, sabrán a qué me refiero. También se puede tener idea de lo que quiero decir si pensamos en la Plaza de la Revolución, en la Habana. En definitiva, lo que quiero contar es que es una ciudad con grandes espacios abiertos ocupados por sólidos monumentos en estilo “realismo socialista”. Anchas avenidas y grandes plazas y ausencia de publicidad callejera. Adornando este panorama, numerosas estatuas conmemorativas de gestas heroicas de la lucha por la independencia, y de los héroes del socialismo. Un ingrediente local lo constituyen las mezquitas, que aquí son frecuentes y fueron, obviamente, respetadas durante el período comunista.
Una solitaria inscripción que reza “Nënë Tereza” en donde debiera estar la estatua del Nóbel de la Paz, la monja albanesa conocida como Teresa de Calcuta, nos recuerda la nacionalidad de esa extraordinaria mujer.
El muy lujoso Hotel Internacional tenía WiFi gratis así que justificamos un par de sandwiches, cafés y cocas con las que nos regalamos un poco de descanso en la calurosa caminata.
En una librería conseguimos ⅰpor fin! una guía de Albania.Lo primero que descubrimos es que habíamos dejado atrás unas ruinas romanas importantes, en Butrint, casi en la frontera con Grecia. Lástima. La gúia, como Albania, resultó precaria pero nos dió más información que la que podíamos cosechar personalmente.
Si, Tirana es de alguna manera, otra Albania: más moderna, más organizada, y parece económicamente más sólida. Impresionó como lo que es: una ciudad grande en un empobrecido país.
Seguimos rumbo al norte en nuestro segundo y último día en Albania. Entonces pasamos por innumerables pueblos ¿iguales? a lo largo de interminables kilómetros de espantosas rutas, hasta llegar al fronterizo Shköder. Casi sin detenernos, creo que agradecidos, cruzamos a Montenegro.

Debo reconocer nuestra total frustración. No somos viajeros exigentes y no solemos tener temor a lo desconocido, lo precario y aún lo peligrosos cuando de viajar se trata. Pero Albania fué un trago amargo. Como una mujer maltratada, desaliñada y sin atractivos visibles, nos dejó pasar a su lado casi sin mirarnos, no nos habló y esperó sin mayores dudas a que saliéramos de su casa incómodos y cansados, con la sensación de no ser queridos.
Albania es una enorme deuda pendiente que ya anotamos en nuestro haber; ojalá podamos regresar a este raro país en otras condiciones, en otro formato de viaje quizás, para develar sus misterios.

martes, 22 de julio de 2008

IOANINA, ultima parada griega

Tessaglia y Epiro, ultima paradas griegas. (30 de junio de 2008)


Dejamos atrás Delfos sin haber conseguido ninguna respuesta del oráculo.
Rumbeamos al norte con la certeza que nos quedaba apenas dos días en lla querida Grecia.
El rumbo era hacia la parte norte de la Grecia central, o sea las provincias de Tessaglia y Epiro, esta última habiendo sido nuestro primer paso en este país al cruzar desde Italia (¿recuerdan Igoumenitsa?).
La zona de Tessaglia contiene las aluras mayores de Grecia así que transitamos por caminos de montaña y paisajes “alpinoides”. Su punto más pintoresco lo constituye Meteora, ciudad desarrollada alrededor de 24 conventos que unos locos eremitas erigieron alrededor del 1000 dc. Lo notable es que esos conventos se ubicaron en lugares imposibles, colgados de peñascos verticales con una técnica constructiva que desafía la ciencia. algunos de ellos tienen acceso sólo mediante una especie de cablecarril colgado entre dos montañas. Según leimos, el mar inundaba estos valles hace miles de años, y las rocas que hoy vemos, calcáreas y erosionables, se desgastaron con los movimientos del mar, el que al retirarse, las muestra como las vemos, como columnas erigidas en una planicie extensa. Cuesta creer pero deb e ser así.
Un poco más adelante encontramos Metsovo, una aldea típicamente montañesa con artesanías de plata y tallado de madera (este último no tan elaborado), que funciona como estación de esquí en invierno. Muy acogedor el pueblito pero difícil para transitar y especialmetne para estacionar. Tal dificultad nos acortó el paseo a una breve mirada desde Aurelia y un pequeño paseo a pie por la aldea hasta que un camióncito de reparto que casi no pasa, nos izo entender que teníamos que sacar a Aurelia del estrecho rincón en donde la habíamos detenido. Como el pueblo está al pié de un largo y angosto camino que baja desde la ruta, abandonamos el intento. Lástima.
Finalmente arribamos a nuestro lugar de pernocte: Ioanina. Ciudad dominada por más de 500 anos por los turcos, sufrió el gobierno de uno de los más déspotas y sanguinarios jefes otomanos: Alì Pascià. El turco este aparte de orpimir al pueblo de la región de mil maneras distintas, era además un perverso que raptaba y asesinaba a las jóvenes que deseaba (griegas, por supuesto). Su recuerdo no ayuda mucho por aquí a mejorar las relaciones con Turquía.
El camping está a las orillas del lago
Pamvotis, y frente a la isla de Nissi, lugar en donde tenía Alì su palacio. Desde el camping, con ómnibus, nos acercamos al centro.
La ciudad no puede desprenderse d
e su herencia oriental y los negocios rebozan de artesanías y joyas de plata de marcado acento otomano, y hermosas telas, tapices y narguiles son exhibidos en casi todos los puestos de venta callejeros (ciertamente de mucha calidad en su mayoría). En una librería encontré esta joyita, que lamentablemente ni pude considerar en comprar pues ya estaba cerrado. Tampoco pude aún traducir lo que dice.
Frente a los viejos muros de la ciudad, encontré una heladería que, sin ofrecerlo, tenía WiFi gratuito así que usamos la compu hasta que se quedó sin baterías.
Regresamos a dormir con amenaza de lluvia que al final no se concretó. El día siguiente dejaríamos Grecia.


martes, 15 de julio de 2008

Delfos

Delphos, el oráculo (28 y 29 de junio)

Atenas nos tenía reservada una sorpresa más: para conocer la penínsua de Attica, que se extiende al sur de la capital, iniciamos un recorrido circular que comenzó por la región de Pireos, en donde está el puerto famoso desde donde se va a todas las islas del Egeo. El puerto en sí no tiene nada en especial, pero la zona que le sigue al sur es de una suntuosidad urbanística notable: avenida costera ancha con boulevard, edificios de departamentos muy lujosos alternados con villas elegantes, marinas y mar con playas excelentes. Allí entendimos dónde viven los ricos de Atenas.
Más alla de Pireo alcanzamos el cabo Sounion en donde permanecen los restos del templo de Poseidón (Poseidón, valga la aclaración, era el hermano de Zeus).

Luego Marathona, la ciudad en donde se libró en el 490 ac la batalla final contra los persas y que le dió la victoria a Atenas. Desde esa ciudad, situada exactamente a 42,195 km de Atenas corrió el soldado Fedippide, con sus armas y armadura completa para contar a los ansiosos atenienses que se había ganado la batalla. Luego murió exausto. Esta es la leyenda que sustenta el concepto olímpico del maratón, disciplina que por cierto se corrre en su recorrido original todos los años, exactamente esa distancia, sin armaduras y sin muertos, afortunadamente. Un montículo (túmulo) de tierra cubre solemnemente los cuerpos de los 192 griegos muertos en la batalla.

Seguimos ahora camino a Delfos. Para ello hubo que atravezar la laguna de Marathona, nuevamente vimos allí construcciones suntuosas que superaron en tamaño y lujo a las que vimos en Pireos. Obiamente, hay muchos griegos con plata.

Delfos está al pié de los montes Parnaso. Para llegar a ellos se atravieza una región montañosa muy impresionante, digna de centro de ski. Ciertamente, la zona es un centro de esquí en invierno y alguna de sus localidades, como Arachova por ejemplo, guarda un estilo totalmente alpino. Casi todo la parte final del camino la hicimos ya de noche.
Arribamos al camping muy tarde, con la sensación de haber transitado a oscuras un camino de precipicio, cosa que comprobamos el día siguiente. El propio camping ofrece un espectáculo vertiginoso: desde el borde mismo de la piazzola (así se llama al pedazo de terreno que uno usa cuando pone una caravana) se asoma uno a la escarpada colina que desciende hasta un valle largísimo, al final del cual se divisa el mar, en el golfo de Corintio. Camping excelente, con piscina abierta hasta las 22 hs que me esperó para darme un chapuzón nocturno antes de dormir.
A la mañana siguiente un simpático trencito gratuito operado por el municipio nos transporta por carretera hasta las ruinas del oráculo.

Delphi o Delfos era considerado por los atiguos como el centro del mundo. Alli estaba uno de los oráculos (había varios en la antigüedad) a donde muchos concurrían para conocer su destino. Los griegos estaban plenamente convencidos que existía un destino para cada uno ya definido por los dioses, y la posibilidad de conocerlo era el fomento de estos oráculos.
El tema funcionaba así: una sacerdotiza, habituamente una mujer madura, era la que tenía el contacto con los dioses, o sea que los dioses hablaban a través de ella. Para lograr conocer su destino, los peticionantes declaraban ante los sacerdotes del oráculo qué cosa querían conocer. Los temas de interés no parecen diferir demasiado de los nuestros: si había fidelidad en la pareja, cuando terminaría la guerra y quien ganará, si el amigo cometería traición, si una deuda sería pagada, etc. Una vez establecida la petición, la sacerdotiza entraba en trance (se cree modernamente que utilizaba drogas alucinógenas) y en algún momento decía algo seguramente ininteligible, que luego los sacerdotes debían interpretar correctamente. La versión “traducida” de los prietes era la profecía.
La fama del oráculo de Delfos era enorme y personas de todas las categorías y lugares concurrían a él.
Lo que queda de los templos que conformaban este orácuo es mérito de las excavaciones y trabajos interpretativos de arqueólogos franceses en el siglo XIX. Eso motivó, entre otras cosas, que los posters interpretativos a lo largo del recorrido estuviesen escritos en el habitual griego y en...francés. Menos mal que teníamos la guía nuestra.
Se pueden identificar bastante bien los antiguos edificios. La calle original, o sagrada, cuyo recorrido enhebra los distintos templos y monumentos votivos está intacta en su mayor parte. Arriba, muy arriba de todo, está el consabido anfiteatro y, en este caso particular, un estadio en donde se desarrollaban unos juegos émulos de los de Olympia.
Las ruinas de Delfos tienen un escenario montañoso muy particular que las hace únicas. Bien valió la subida. (y los euros de la entrada)
De regreso a descansar, más pileta y relax. A la noche disfrutamos en el bar del camping el triunfo de España sobre Alemania en la final de la Eurocopa, para fastidio del resto de la audiencia que eran todos alemanes. ja, ja.
Oráculo y Eurocopa, sigue el show de la globalización. Que se le va a hacer!
Hasta la próxima.

viernes, 11 de julio de 2008

Atenas, la gran capital

Atenas (25 al 28 de junio de 2008)

Cruzamos el estrecho de Corinthios por el puente viejo, lo que nos permitió observar en su magnitud esta particular obra humana. Proyectado inicialmente por Nerón, pudo recién ser realizado en tiempos recientes. El único punto en donde la península del Peloponeso se une a resto del continente, interrumpía el paso de las naves entre el golfo de Corinthio y el Egeo. Entonces lo cortaron como con cuchillo y le construyeron puentes. Uno de ellos es el que atravezamos,
Entramos a Atenas temprano ya que habíamos planeado el día anterior no entrar tarde en una ciudad grande y desconocida para disminuir el riesgo de perdernos. Para ello acampamos a las puertas de la ciudad el día anterior. La idea fué estar instalados desde la mañana para aprovechar al maximo el dia. Mal cálculo. Si bien encontramos más o menos rápido el camping (el único que está en la ciudad) no contábamos con el factor temperatura: 38,9 a la sombra nos quitaron todo ánimo de salir hasta la tardecita.
El camping tiene buen acceso a la ciudad ya que está en la ruta nacional Atenas corinthio por donde pasan buses que hacen conexión con metro que nos dejaban luego en prácticamente donde quisiéramos. El ticket, como en otras grandes ciudades europeas es combinado con el tren, metro y trolley.
La primera impresión de la gran capital: muy limpia y ordenada, muy buenos transportes (bus moderno con aire acondicionado), estaciones de subte que son un delicia y muy buena información en folletería municipal.
Confieso que contábamos con prejuicios: nos habían hablado de una Atenas sucia, olorosa, terriblemente mal organizada y caótica.
Qué distinto resultó.
El bus nos dejó en una parada desde donde tomamos el metro. Las estaciones de la metropolitana (así se llama al subte) son unos excelentes museos vivos: además de galerías con exposiciones de fotografías de refugiados afganos de un fotógrafo canadiense (?), se pueden apreciar preciosamente presentadas y explicadas, las reliquias que se fueron encontrando cuando se realizó la ampliación de la línea hace algunos años. No sólo conservaron las reliquias sino paredes enteras que son ruinas de antiquísimas construcciones, se han dejado expuestas bien protegidas con cristal o policarbonato, todo a lo largo de varios pasillos de las nuevas estaciones, En la de plaza Sintagma particularmente, parte de los pasillos que se usan para transitar dentro de la estación, tienen piso de vidrio que permite ver, por ejemplo, restos de un acueducto usado en la Grecia antigua. Maravilloso.
Nuestra primera incursión en la capital iba a evitar deliberadametne la Acrópolis para reservala para el día siguiente bien temprano, por lo de siempre: evitar japoneses y minorías turistas. Así es que empezamos por la plaza Sintagma (Constitución), recientemente remodelada. Allí está el palacio del
congreso o Vuoli, custodiado por los Evzonis, guardias históricos con vestimenta extravagante para nuestros días (tienen un pompón rojo en la punta de los zapatos...) y una obligación aún más exótica: deben permanecer inmóviles en su turno de guardia, al rayo del salvaje sol de Atenas. Parecido a los guardias de alto sombrero negro que custodian Buckinham en Inglaterra, o a nuestros Granaderos. Un soldado adicional tiene la tarea de secarles la

transpiración cada dos o tres minutos, mientras multitud de turistas posan al lado del sufriente para la clásica foto. De allí enhebramos un recorrido por Plaka, un bonito barrio ateniense plagado de comercios pero también con buena atmósfera local. Los restaurantes son muy tentadores pero no cedimos. El recorrido de Plaka termina en un antiguo foro romano, al lado de Ancient Agora, o antigua plaza/mercado de la ciudad. Desde alguna de las callecitas de Plaka, dirigiendo la mirada hacia arriba, pispeamos la Acrópolis que veríamos mañana, para ver si es cierto que el mármol del Partenón brilla en dorado al atardecer. Es totalmente cierto. Parece que el contenido en hierro del mármol usado en el Partenón produce ese reflejo tan particular. De Plaka desembocamos en el Monastiraki, plaza y barrio que llevan ese nombre por un antiguo monasterio que allí había y del cual aún se ven restos. En Monastiraki exite un viejo mercado de pulgas que vale la pena ver, pero que a esa hora ya estaba cerrado. Dimos por finalizada nuestra primera incursión a la ciudad de Atenas y regresamos al camping.
Pasamos una pésima noche porque la temperatura no bajó un ápice: Aurelia ardía con 38 grados en su interior, pero afuera no mejoraba. Juramos conseguir ventiladores el día siguiente.

Segundo día: con más ener
gía que el día anterior, emprendimos la Acrópolis. La parte alta de la ciudad (eso quiere decir Acrópolis) está insertada en la cumbre de un gigantesco promontorio de roca que sobresale varias decenas de metros del nivel de la metropolis.
La cantidad de turistas presentes en esa escasa hectárea o hectárea y media que ocupa la parte alta de la Acrópolis es increíble. Uno va casi arrastrado por una marea
humana que por momentos parece la salida de una cancha de fútbol de un clásico (sin cánticos ni puteadas, eso sí). Surgen rápidamente dos cálculos: cuánta plata se recauda si cada uno paga 12 euros, como pagamos nostros, y cuánto va a durar ese hermoso conjunto de edificios si seguimos visitándolo de esta manera. No tengo la respuesta de ninguno de los cáĺculos.
Casi todo los monumentos de origen griego visitables en la Acropolis s
on del siglo de oro, o sea el V ac. Se encuentran también restos de numerosas construcciones romanas que corresponden al II dc en su gran mayoría. Hay mucho trabajo de restauración que, si bien gratifica y entusiasma, genera contaminación visual importante. Ejemplo de ello es una gigantesca grúa pluma
plantada detrás del Partenon. Por la entra da sur en donde nos deja la parada de la metro, se ingresa por el lado del teatro de Dionisio y el anfiteatro de Erodes Attico (un romano colado). Del primero fascina saber que es la cuna del teatro, pues allí, a Sófocles y otros se les ocurrió hacer representar sus comedias y tragedias por personas que contaran la historia con gestos, con cantos y con coro. Es considerado el lugar de la primera representación teatral como tal que se conozca.
Luego del
teatro de Erode Attico comienza una rampante subida bastante bien suavizada para los turistas de todas las edades, a través de la cual se alcanza la entrada a la Acrópolis propiamente dicha, o sea la meseta superior del promontorio. Distintos restos, algunos totalmente originales sin modificar y otros restaurados, nos muestran el templo de la diosa Nike, la Propilaia o edificio de entrada, y el monumento a Agripa (la mujer de otro romano que también dejó sus huellas aquí). La ansiedad crece a medida que uno avanza por restos de edificios atrapado en la marea humana, y el Partenón no aparece. Pero la tardanza es recompensada con una aparición espectacular: a la vuelta de una pequeña ruina, allí estaba radiante al sol el
edificio mayor de la antigua Grecia. Aún desnudo de los frisos que lo engalanaban y que se robó la corona para exponerlos en el British Museum, la obra más gra
nde del

arquitecto Fidias es hermosa y cumple todas las espectativas.
Aprovechamos la mañana al sol y también los pedazos de sombra que se pueden encontrar alrededor del Partenon para observarlo detenidamente desde todos sus ángulos. No tiene sentido que intente una descripción detallada, la que dejo a los arquitectos y proyecto de arquitectos que estarán leyendo esto. Sólo me ocurre decir que el edificio transmite algo grande, pareciera haber sido hecho para perdurar, aunque sea así en ruinas, los mármoles del techo desaparecidos, las columnas raídas y su magníficas decoraciones robadas o rotas. Así y todo, hace 2500 años hubo una civilización maravillosa se ocupó de levantar este testimonio que habla de ellos y de su grandeza. Formidable!
De la Acrópolis habíamos observado el templo de Zeus, o lo poco que queda de él, allí abajo. Descendimos y luego de ingresar a una especie de campo deportivo de dimensiones monumentales, nos acercamos a ver el magnífico templo que fué dedicado a Zeus, dios de dioses para los griegos. Casi no queda nada de él. Se pueden ver algunas escasas columnas de pie y unas cuantas tumbadas, lo que permite ver y entender cómo las hacían. No tallaban la columna entera de una pieza; lo que tallaban eran rodajas que luego ensimaban unas sobre otras con encastre perfecto. El conjunto se sostenía con un tutor interno de madera o de hierro, en el cual insertaban las rodajas como arandelas en un eje. Llegamos a contar 16 rodajas en las columnas más altas.
Del templo de Zeus regresamos a la plaza Monastiraki, para recorrer el mercado de pulgas del barrio Monastiraki que habíamos encontrado cerrado el día anterior. Algunas chucherías y souvenirs fueron obligatorias. No encontramos ventilador de 12 voltios!
A continuación, buscamos un sitio para refrescarnos y, esta vez nos sentamos plácidamente en un restaurant al exterior y a la sombra de grandes árboles. Una curiosidad fueron unos ventiladores que tienen adosado un spray continuo de agua que generan un aire fresco y húmedo muy confortable.

Seguimos desde allí, nuevamente al pié de la acropolis esta vez para recorrer un muy
pequeno barrio llamado Afiotika. Este barrio surgió cuando un rey de Grecia en el siglo XIX hizo traer de la isla de Anafi a un ejercito de artesanos para que le contruyeran un palacio. Estos artesanos, aparentemente reputados como los mejores en esa época, luego de terminado su trabajo se quedaron en Atenas y fundaron este barrio de Anfiotika que, dicen, reproduce la lógica urbanística de una isla del Egeo. No sé si será cierto pues a las isalas del Egeo no fuimos, pero ciertamente es un barrio distinto, en donde detallan los recorridos en desniveles pronunciados, escalerillas, casas pequeñas muy encimadas y balcones floridos. Adorable de recorrer y muy pintoresco. Bajando de Afiotika, sin querer desembocamos en un barrio muy elegante, lleno de shoppings y sitios con aire acondicionado, lo que nos atrajo como moscas. Seguía pendiente el tema de los ventiladores, así que tomamos coraje y un bus y marchamos a la dirección de una casa de accesorios de autos en el "gran Atenas". La expedición fue todo un éxito y regresamos al camping con dos hermosos ventiladores de 12 voltios que refrescaron magníficamente nuestra segunda noche ateniense.

El tercer día estaba asignado al Museo Arqueológico Nacional de Atenas, quizás uno de los 10 mejores museos del mundo. Allí encontraríamos la mayoría de las piezas originales rescatadas de las excavaciones de Olympia, Epidaurus, Micenas, Delfos, Acrópolis de Atenas y tantas otras antiguas ciudades que han "reaparecido" al mundo moderno después de siglos de olvido El museo está magníficamente organizado por áreas temáticas (prehistoria, Grecia Antigua, salas romanas, etc.) y también guarda espacio para un par de colecciones privadas muy impresionantes y hasta un sector de Grecia en Egipto.(en época de alejandro Magno, Grecia dominaba también esas regiones). Existen numerosos posters interpretativos que van anticipando las características de cada salón, y cada una de las piezas está perfectamente identificada con leyenda bilingüe. Me impactaron dos bronces magníficos rescatados de un naufragio en Cabo Artemision, uno de un muchachito en un caballo enérgico y el otro la estatua de Zeus. Sin casi darnos cuenta, hacía siete horas que estábamos caminando sin cesar en el museo, fascinados con todo lo que veíamos. Luego de un rápido almuerzo en un bolichito, corrimos (en metro) al mercado central de plaza Omonia, con el objetivo no sólo de conocerlo sino también de encontrar la famosa "Mastiha" que nos había encargado nuestra hija Natalia. Madtixa, que así se dice en Griego, es un polvo blanco que se extrae de la corteza de un árbol en particular, el "mastice" en italiano o lentisco en español, que se da en la isla de Chios, Grecia. Lo usan en dulces, golosinas, chicles, pastas, polvos, jabones y qué se yo qué más. Parece que sirve desde digestivo a colerético, blanquea dientes, cura empacho y unos cientos de maravillas más. Bueno, todos lo conocían pero nadie lo vendía. Finalmente lo conseguimos en un Madtixa Shop, emprendimiento multinacional destinado a la comercialización de productos con esa pasta . Qué curro!
Regreso al camping, muy satisfechos de Atenas. Muy distinta a lo imaginado, la ciudad nos sorprendió gratamente en todo sentido: mucho más que una Acrópolis para visitar, muy organizada, limpia y coqueta, distó mucho de la acalorada y sobrepoblada sucia ciudad que nos había contado.
Es para volver.
En este punto hubo que tomar la decisión más dura de nuestro viaje: islas si o islas no. Las islas del Egeo, postal clásica de culq
uier viaje a Grecia, no sería parte de nuestro derrotero. Mover a Aurelia de isla en isla resultaría muy costoso, como también costaría mucho dejar la autocaravana en un parking y viajar sin ella parando en hoteles sencillos o albergues. Siempre hay que dejar algo para un próximo viaje, así que con ese consuelo en mente, cerramos el capítulo islas del Egeo. Mañana partiríamos al norte, en nuestro camino de abandonar Grecia. Snif.

Datos personales

Ushuaia, Tierra del Fuego, Argentina
Médico. Jubilado, aunque no tanto.