miércoles, 13 de agosto de 2008

Croacia, capítulo 4

Zagreb, la magnífica (17 al 20 de julio de 2008)

Debiamos tomar una decisión, una de las tantas en el viaje. Zagreb iba a ser el último intento de ingresar a Serbia. Sorteada a esa altura la frontera de Bosnia y Herzegovina que se nos imponía desde Dalmacia (país para el cual no tramitamos visa), la alternativa sería desde Zagreb. El plan era visitar esa ciudad capital, ver de obtener allí la visa para Bosnia y Herzegovina por si finalmente decidíamos ir allí, y alcanzar el extremo oriental de Croacia (la región “Eslavonia” croata, que no es lo mismo que el país “Eslovenia”) hasta Vukovar, probablemente la mayor vícitma de la guerra de los Balcanes. De allí Serbia y su capital Belgrado. Luego, si hubimos obtenido la visa, bajar a Sarajevo y Mostar. De allí sería menester retormar la Dalmacia croata (la que ya habíamos recorrido) para subirla nuevamente hasta reingresar a Europa por Eslovenia. ¿Se entendió? Si la respuesta es negativa, volver a empezar el párrafo, esta vez con mapa en mano.
Muchos factores obraron en contra de este complicado recorrido: primero, que llegaríamos a Zagreb un sábado, lo que implicaría esperar a el lunes para iniciar el trámite de la visa a Bosnia y Herzegovina. Segundo, esperar el tiempo que pudiera llevar el trámite, punto que desconocíamos (imposible averiguarlo por internet). Tercero, las distancias (Zagreb-Belgrado: 484 km). Con toda esa información, la sentencia fué: ir a Zagreb y cancelar el resto. Bosnia y Herzegovina y Serbia serán objeto de algún otro viaje pero no de este.

Para ir a Zagreb, comenzamos a abandonar la costa dálmata a la altura de Zadar, puerto al que de todas maneras le dimos una ojeada desde el auto en breve recorrida. Avanzamos hacia el parque nacional Paklenica, una de las joyas paisajísticas de montaña de Croacia. En el camino, a las puertas del parque, dormimos en Stari Grad Paklenica, todavía playa al mar, bonita y con confortable camping.
La travesía del parque fue sorprendente en todo sentido: las montañas en esa región cubren su habitual superficie rocosa con un bosque verde deslumbrante; pequeñas praderas y bosques de pino se van aternando a medida que subimos, en un entorno casi alpino, con reminiscencias barilochescas o zuizas. Pasamos un par de centros de esquí, mientras nos entreteníamos asustando a Carmen con las divertidas “instrucciones para reconocer cuando un oso está enojado” descriptas en una guía en italiano. (no sé si a ustedes les pasa, pero ciertas cosas dichas en italiano me resultan muy graciosas, más de lo que realmente son.). De todas maneras el oso no apareció y Carmen pudo respirar tranquila.
Luego del parque se emerge en una planicie alta muy despejada por la cual transcurre la excelente autopista Split-Zagreb-Rijeka, la cual tomamos.
Un atasco a la entrada de Zagreb nos impidió llegar temprano, no obstante nos metimos en el centro histórico, estacionando a Aurelia en el centro, al lado de la plaza Mariscala Tito (si, así, en femenino), mientras Cecilia corría a buscar información en una agencia de turismo. Aprovechamos para pegarle una miradita a la plaza Bano Josip Jelasic corazón de la ciudad.
















Ya hubo entonces un amor a primera vista con Zagreb. Toda la atmósfera deseable de una ciudad antigua medieval, pero con abundante vida y desarrollo renacentista y ochocentesco, se encontraba ya presente en esa plaza. Aprovechamos una oficina de turismo municipal aún abierta (muy eficiente, por cierto) para munirnos de información y de instrucciones de como llegar al camping antes que anocheciera, y partimos en su búsqueda.
El único camping de ciudad está en los prados de un motel de ruta en la autopista de circunvalación de la ciudad. Un par de nuestros habituales perdidas y equivocaciones nos llevaron por caminos errados una hora y media más de lo deseable pero finalmente llegamos, armamos lo mínimo, cenamos ya dormir. A la mañana siguiente, no sin trabajo, encontramos la parada del bus que nos dejaría en la estación del tranvía desde el cual entraríamos a la encantadora Zagreb.
Desde la plaza del Josip se abren hacia la colina dos barrios antiguos: Gradec y Kaptol. Ambos de desarrollo medioeval tuvieron diversa protección: Kaptol de la iglesia y Gradec del rey de Croacia. Con semejante punto de partida no sorprende que hayan sido rivales y testarudamente independientes y hasta con murallas propias cada uno. A pesar que sólo los separaba un arroyo, hoy siquiera existente, esta situación prevaleció hasta que Zagreb se decretó capital y finalmente se unieron en un solo pueblo. Las viejos aldeas rivales dejaron sus nombres en los barrios actuales de Kaptol y Gradec.
Gradec lo alcanzamos con un funicular cuyo boleto está incluido en el ticket combinado del tranvía. Alli arriba se despliega un pueblo ordenado, prolijo y con cierta pretensión ostentosa en sus edificios públicos. Funciona en su plaza principal, la sede del gobierno actual de Croacia y contiene la catedral de San Marcos con un icono de la ciudad: su techo de cerámicas dibujando el escudo de Croacia y el de Zagreb.
Una de las torres que pertenecía a sus murallas se conserva aún y por ella se pasa para iniciar el descenso. Calles adoquinadas, escaleras elegantes, callecitas de cuento con casas adornadas con flores y plantas bajas transformadas en interminables ferias de souvenires, nos engancharon durante una hora o más. Llegando ya bastante cerca de la base de la colina, en una esquina un set de filmación en plena calle ocupaba esquina, balcón del primer piso de una casa y parte de la vereda; actores y equipo de filmación interactuaban delante de la gente común que, como nosotros, disfrutamos un ratito de ver cómo se filma. No, no pude averiguar qué peli se estaba filmando...
La parte baja de Gradec es más bulliciosa, popular y olorosa. Mercados de frutas, verduras y pescado se encargaron de esto último.

Cruzamos virtualmente (ya no hay agua, ahora es una calle) el viejo arroyo que separaba a las dos villas para ingresar a el barrio episcopal de Kaptol contiene la catedral y ciertamente muchos menos atractivos que su rival. Posee el sitio sepulcral del cardenal Stepinac.




Otro pase por la historia: el cardenal Stepinac fue el rival político más famoso de Tito durante su largo liderazgo en la ex Yugoeslavia. Acusado por sus detractores de colaboracionista en la época de la Ustasia filo fascista (ver el blog s
obre Montenegro) fué defendido por los sectores anticomunistas (el Papa Wojtila en especial) por su activa oposición al autoritarismo del mariscal Tito. Fué así el emblema de la oposición precediendo a su rival en la muerte.

Al regresar cansados a la plaza del Bano Josip cumplimos el rito de sentarnos satisfechos en uno de los varios bares de plaza a tomar una cerveza y ver pasar los tranvías.





Por la tarde, previo almuerzo callejero de pan, queso y fruta (sí, esa que está sentada conmigo es Carmen, o lo que queda de ella), recorrimos la así llamada "herradura verde”, conjunto de plazas y parques encadenados que dibujan una “U” que desde el centro recorre zonas lujosas de la ciudad, edificios públicos, estación de ferrocarril, universidades e institutos culturales para regresar a la plaza principal.
En el camino nos detuvimos varias veces delante de hoteles y universidades a ver si alguien se había olvidado un WiFi prendido y abierto: la búsqueda fué exitosa y el antiguo y señorial Hotel Esplanade tuvo por un ratito un cliente no registrado que usó su “servicio de internet gratis para los huépedes” cómodamente sentados en una parecita de la vereda.
En una librería conseguimos guías y diccionario de Eslovenia, preparando el futuro.

Zagreb es muy linda. Tiene historia, paisaje, luz y olores de ciudad europea con suficientes credenciales para exigir su lugar en el centro de Europa.
Zagreb cumpió olgadamente nuestras espectativas y nos dió más: nos impregnó de una mágica luz romántica que aprenderíamos luego a buscar en otras ciudades centroeuropeas.


Luego de la siguiente noche comenzaría el último tramo de nuestro recorrido croata: la Istria. i No se lo pierdan!...,
Bah, como quieran. Yo igual sigo escribiendo.

viernes, 8 de agosto de 2008

Croacia, capitulo 3

Omis, Split y Sibenik ( 12 al 17 de julio de 2008)

De regreso de nuestra experiencia isleña, tomamos rumbo nuevamente al norte por la costa dálmata.

Elegimos un lugar que nos parecio cómodo y allí paramos: fue Omis, un pueblito bien encerrado entre las rocas de las montañas a sus espaldas y el mar en su frente. Creo que tendría no más de 500 m en su parte más angosta entre montaña y mar.
A partir de este lugar em
pezaríamos a notar el cambio de temporada que por aquí ocurre hacia mediados de julio, no sólo en la cantidad de gente, sino también en tarifas. El camping de Omis, si bien muy equipado y moderno, rebasaba de gente y costó encontrar un lugar aceptable. Para colmo era domingo lo que aumentó la afluencia de locales a las playas. No obstante ello, Omis, como todos los pueblos croatas que visitamos, nos agradó sobremanera. Aprovechamos para reponer energías y nos quedamos i tres ! noches: todo un record para nosotros. (solamente superado por los 5 noches en Roma).
Partimos luego rumbo a la famosa Split, la del post
re de banana. (A pesar de haber leído alguna vez en algún lado que no recuerdo, que el nombre del postre proviene de esta ciudad, no es así: split se llama el postre porque la banana se corta, "split"en inglés, por la mitad)

La historia de siempre. Spalathos fue allá por el 500 ac colonizada por los griegos, en el lugar en donde los dálmatas, tribu muy desarrollada en la edad del bronce, habían morado y fortificado sus villas desde hacía cientos de años. Cuando los romanos conquistan estas tierras, encuentran que la ciudad más desarrollada era la antigua ciudad griega de Salonia, y a ella le dedican sus mejores esfuerzos. No obstante Spalathos sería más conocida luego por el nacimiento en ella de un futuro emperador de Roma: Diocleziano. Este militar dálmata entronizado emperador en el 284 dc en épocas turbulentas de la disociación del imperio en oriente y occidente, ostenta la triste autoría de las más feroces persecuciones a cristianos de toda la historia. Por sus órdenes son asesinados numerosos mártires rápidamente transformados en santos luego por la iglesia católica. San Doimo fue decapitado en la vecina Salonia y San Anastasio en Spalathos tirado al río con una piedra atada al cuello (¿les recuerda algo?).
Mientras se dedicaba a estos menesteres y a completar
la división del imperio en dos sedes (Roma con Maximiliano y Bizancio con él mismo) Diocleziano se hizo construir un enorme palacio en la tranquila ciudad de Sphalatos. Con su bulincito aún sin terminar, decide “retirarse de la política” y abdica. Luego moriría en el 313 dc.
Luego de la definitiva caída del imperio y de las invasiones bárbaras, el palacio fue ocupado por los pobladores de la villa vecina. Allí lograron protegerse y como les gustó y ya no había dueño de palacio que reclame, se quedaron. Fué así como se organizó una villa dentro del inmenso palacio que hasta llegó a fortificarse con muros como lo hicieron todos los pueblos medioevales en la región. Solamente el crecimiento que conllevó los años de dominación veneciana posterior, hicieron abrir los muros y extender la ciudad para albergar a su mayor población.


El palacio, grandioso y hermoso en su tiempo, quedó literalmente engullido por el pueblo. Muros, habitaciones, templos y mausoleos fueron usados para vivienda y hoy en día cuesta reconocer palacio de ciudad. Viven actualmente en el perímetro del ex palacio miles de personas y hay registradas en él más de 3000 viviendas.
Con la ayuda de las guías es posible recorrer e imaginarse cómo debió haber sido semejante palacio. Por ejemplo, se puede encontrar la única parte del templo que no se usó como vivienda: el peristilo, o sitio de recepción de invitados del palacio.
Es muy curioso ver en cualquier esquina la aposición de épocas y estilos: de pronto se puede restos de una iglesia románica encastrados en una torre veneciana que la englobó, o una estatua ornamentaria medioeval en los muros de lo que debe haber sido parte de palacio romano. Por su fachada sur se asoma al mar, en donde la moderna Split ha construido un puerto muy paquete.

En cuanto a los restos de Diocleziano, luego que se construyera una iglesia en el lugar del mausoleo que los contenía, su sarcófago permaneció en una de las torres palaciegas y luego del siglo XII se le perdió el rastro.




En una vuelta de esquina nos topamos inopinadamente con un grupo de cantores de Kapla, un género de música popular pero de estética sacra, cantada a capella: especialmente emotivo escuchado entre esas paredes de tanta historia.
De vuelta al parking nos encontramos con la desagradable sorpresa que el espacioso lugar en donde habíamos estacionado a Aurelia, se había transformado en un larguísimo (más de trescientos metros) pasillo de autos estacionados a 45 grados de ambos lados, dejando un espacio mínimo para circular: tardamos interminables 20 minutos en sacar el vehículo de allí sin dejar trozos de aurelia en el intento.
Recorriendo los alrededores
antes de abandonar Spit, exploramos la península al norte y oeste de la ciudad, que contiene edificios de la universidad, una marina y antiguos caserones muy ostentosos y llamativos. El conjunto hacía recordar ciertos rincones de San Isidro, aunque es justo reconocerlo, un poco venido a menos (el de Split, me refiero). Allí abajo, en una playita, retomé la buena costumbre de una zambullidita en el mar, al lado de Aurelia.

Continuamos viaje esta vez a Zablache, puerto desconocido por los turistas si no fuera que allí se instaló un camping, cerca de un complejo hotelero enorme. La importancia de Sablache es que está a poca distancia en bus de la ciudad de Sibenik.
Luego de acomodarnos, a la mañana siguiente partimos a Sibenik ciudad muy castigada como Dubrovik durante la guerra, aunque no bombardeada como ella, afortunadamente. Se notan innumerables impactos de metralla en lso frentes de casi todas las casas que dan al mar.
Además de las clásicas calles de la ciudad vieja, fachadas, monumentos e iglesias, la joya de esta
ciudad es su catedral, consagrada a San Giácomo. Su construcción así como la decoración monumental, son obra del arquitecto mayor de Croacia, Juraj Dalmatinac (no sé porque también llamado Giorgio Orsini), de quien nos cansamos de ver obras desparramadas por todo el país. Su estatua preside la plaza exterior frente a la entrada de la iglesia. Muy notables las setenta y pico tallas de cabezas de distintos motivos que colocaron en una cornisa en el exterior del ábside de la iglesia: según dicen, fueron hechas por los numerosos artesanos que construyeron el edificio.
Es básicamente un monument
o renacentista con todos los ingredientes que las guías nos enseñana a encontrar en figuras, relieves, disposición de espacios, aspecto general, etc. (Por momentos, especialmente si se tiene una audiencia lega, uno se puede llegar a sentir casi un arquitecto hablando.)

Regresamos como siempre al camping, a dormir y a planear el siguiente paso: comenzar el camino a la capital, Zagreb.


lunes, 4 de agosto de 2008

Croacia, capítulo 2

Playas de Dalmacia ( 9 al 12 de julio de 2008)

Subiendo la costa dálmata desde Dubrovnik, penetramos la península de Peljesac, largo brazo de tierra comunicado con el continente por un pequeño itsmo que contiene a dos pueblos hermanos: Ston y Mali Ston (mali es “viejo”). Ambas ciudades son antiguas pero lo mas impresionante se encuentra en Mali Ston: una construcción de muralla que maravilla (de los mismos arquitectos que hicieron las de Dubrovnik), trepa muy alto en la montaña desde el valle en donde uno está parado, con espesor a veces mayor de seis metros y altura de diez a quince metros. La muralla servía de protección a este pueblo, el que era parte de la república de Dubrovnik. Como siempre, la pregunta se escapa una y otra vez de nuestras bocas abiertas: ¿cómo lo hacían?
Más adelante pasamos por zonas de viñedos, muy famosas en esta región cuna del vino Plavac.
El lugar elegido para la parada fue Orevic. Es un pueblo de balnearios de playa, con una calle comercial a lo largo de la ruta y hoteles y albergues clásicos. Al lado del mar, una calle estilo lungomare italiano, recorre el muelle donde numerosos bares y restaurantes estarán siempre llenos a la noche. Este camping, construido en la ladera rocosa con terrazas en vertiginoso descenso a una estrecha playa de arena, tenía un lugar disponible frente a la misma playa, separados por un paredoncito de piedras. Fue toda una fiesta disfrutar de playa teniendo a Aurelia tan cerca para comer y dormir.

Un paréntesis explicativo acerca de Serbia y Bosnia y Herzegovina:
Cuando estuvimos en Montenegro, calculamos que recorrer su región montañosa del norte e ingresar a Serbia por allí, sería un trayecto muy largo y muy complicado en un país que no nos había ofrecido comodidades de camping satisfactorias. Alí decidimos que entraríamos a Serbia desde Bosnia y Herzegovina, cuando la visitáramos desde Croacia ingresando por la ciudad de Sarajevo. (deberán ver un mapa para seguirme...)
Bosnia y Herzegovina tiene una salida al mar a la altura de la ciudad de Naun: se trata de un curioso corredor costero que interrumpe la soberanía croata por unos pocos kilómetros. Desde allí intentamos subir a Mostar y luego a Sarajevo con la idea de luego continuar a Serbia. El problema es que Bosnia y Herzegovina exige visa al turista argentino, visa que no teníamos. Así que con gran frustración, dimos vuelta en la frontera y humillados de regreso a Croacia. En ese momento, reflexionamos que ya no iríamos a Serbia pues desde cualquier otro punto nos quedaría más lejos de lo que pensábamos viajar al este.


Otro dilema, igual que lo que nos pasó en Grecia, tuvo que ver con explorar alguna isla de los varios cientos que posee Croacia (muchas de ellas deshabitadas). Las cavilaciones tenían que ver concretamente con euros, pues los costos de cruzar con autocaravana no bajan de 100 en la mayoría de los cruces. Decidimos hacer un experimento: Buscamos una isla cerquita con un trayecto de cruce corto: la elegida fue la isla de Hvar. En el puerto continental de Dvernik bajo un sol implacable y por a tarde, esperamos pacientemente los 40 minutos que demoró la balsa en regresar de la isla y nos subimos.
Estas balsas son unas “Melinka like”. A los fueguinos no necesito explicarles pero para el resto, vaya la aclaración: Melinka es el nombre de una de las barcazas que hacen el cruce regular del estrecho de Magallanes allí en nuestro pago. Estas barcazas croatas son del mismo estilo y tamaño, pero ciertamente más modernas y cómodas.
El cruce elegido duró más o menos 30 minutos. Dell otro lado, el puerto de Sucuraj da la bienvenida a los turistas que entran a Hvar por allí. Ni bien desembarcamos, comenzamos a andar por una ruta un tanto angosta sobre la que ya caía el crepúsculo con sol de frente. Para nuestra tranquilidad encontramos muy rápido un camping que nos evitó seguir en esa peligrosa ruta a esa hora.

Dos anécdotas cómicas de este camping: Cecilia descubre que unas velas que habíamos comprado en un supermercado, para usar afuera a la noche a la hora de cenar (en tres preciosos colores) son en realidad ornamentos funerarios que los eslavos de varios países dejan a sus queridos muertos en las tumbas. Con discreción las retiramos de la mesa antes que alguien se le ocurriera darnos un pésame. La otra fué el descubrimiento que hicieron Carmen y Cecilia al asomarse desde los baños a la mitad alejada del camping y descubrir a ninos, jóvenes y viejos en riguroso traje de Adán: el camping ofrecía ambas modalidades, “normal” y naturista.
A la mañana siguiente, asegurándonos de tener nuestras ropas puestas, reanudamos el camino hacia la punta este de la isla (ingresamos por su extremo oeste). fueron unos 70 km de una ruta horrible. La ruta es de montaña y muy angosta: para colmo el lado del precipicio no tiene banquina, ni guarda rail, ni cordón, ni raya blanca NI NADA. Todo el tiempo rogando que Aurelia no diera un paso en falso y nos fuésemos abajo. Pero lo temido no pasó, afortunadamente. Sólo sirvió la experiencia para felicitarnos de haber parado el día anterior, casi sin luz: hubiera sido terrorífico.
Llegamos a la localidad de Vira en donde hallamos un pequeño paraíso de playa en un camping muy cómodo. Otra vez internet WiFi gratis. (i hurra !).

La mañana siguiente la dedicamos a visitar la ciudad de Hvar, capital de la isla. Ciudad calco de todas las de por aquí, con un pasado de colonización griega y romana, luego bajo la dominación veneciana y finalmente en decadencia bajo la dominación austrohúngara. Algunas curiosidades son su magnífica marina llena de yates lujosos y gente “importante” (al menos eso se creen ellos) y una imponente fortaleza que domina el puerto y la ciudadela, fortaleza llamada 'española” no porque hayan andado por aquí los hijos de la madre patria sino porque su construcción fue encargada a un arquitecto español allá por el mil setecientos. De todas maneras, lo que allí vimos no compensó la esforzada subida a pie, pues la fortaleza está transformada en un conglomerado de restaurantes y bares finos que le quitan la poca atmósfera que le quedaba a la pobre ruina. Las hermosas vistas desde allí fueron un atenuante de la frustración. Luego de dejar la ciudad de Hvar hicimos una escapada hasta la punta occidental de la isla que prometía paisajes alucinantes, y el lugar cumplió de maravillas su promesa.
Para regresar hubimos de desandar los 70 km hasta el puerto que nos devolvería al contiente. Paramos a ver una muy pintoresca cancha de bochas con tribuna (nunca visto). Tambien paramos en la venta de una bodega de vinos locales en donde gastamos unos euros para tomar esa noche, y también para llevar. (anotarse).
Nos encontramos en el próximo. Adiós.

miércoles, 30 de julio de 2008

Croacia, capitulo 1

Dubrovnik, la sobreviviente (6 al 9 de Julio de 2008)

Finalmente ingresamos a Croacia por su extremo sur. Luego de pocos kilómetros de la frontera con Montenegro nos encontramos en las puertas de Dubrovnik.
Si pudiéramos sumar los ingredientes qué más comunmente hacen de una ciudad una delicia turíśtica, el resultado sería Dubrovnik. iQué hermosa ciudad! Sólo llegar desde el sur y verla desde cierta altura, ya es un placer: la ciudad antigua, de distribución circular y asomada al mar apoyada en sus fuertes y altos muros medioevales, parece querer mostrar que supo sobrevivir a una guerra más, una que casi la hizo desaparecer: la última de las guerras balcánicas.

Por razones que escapan a mis conocimientos de historia moderna, en la reciente guerra de los balcanes, el ejército regular de la ex Yugoeslavia se ensañó con esta pequeña ciudad a la que asedió y bombardeó sistemáticamente durante seis meses. La desvastación de Dubrovnik solo fué comparable a la sufrida por la actualmente croata Vukovar o por las ciudades bosnias de Sarajevo y Mostar. Las heridas físicas de la guerra en las casas y edificios están prolijamente restauradas y, según dicen, Dubrovnik volvió a ser lo que era. iY qué maravilla es!

La historia: una fundación romana llamada Epidauro, bastante cerca de la actual Dubrovnik fue desvastada por terremotos y por invasiones bárbaras, que obligaron a sus sobrevivientes a mudarse un poco más al norte, a un islote cercano al continente. Llamaron a su pueblo Ragusium. Tenían enfrente, en el continente, un asentamiento de la tribu croata llamado ya entonces Dubrovnik. Los romanos sobrevivientes mantenian buenas relaciones comerciales con estos croatas. El comercio devino intenso y en el siglo XI unieron isla y continente con relleno hasta formar una sóla tierra, la ciudad de Ragusa. En esa época Ragusa era ya marcadamente croata. Luego de un período “de oro” de comercio marítimo, como muchas otras ciudades adriáticas, cae bajo el dominio de la república Sereníssima de Venecia. Hacia el 1300, Dubrovnik logra proclamarse república y sobrevivir así, independiente de venecianos y otomanos, gracias a una gran habilidad política y un arte de negociación admirable. Hubo de ser un terremoto (con quien obviamente no se negocia) quien terminara con la potencia ragusana en 1667. Todo lo existente desapareció en ruinas y la ciudad fue reconstruida en un estilo gótico que nada nos dice de su espendor anterior. Napoleón primero y el imperio austrohúngaro después, se encargaron de relegar a Dubrovnik a un papel secundario del cual solo revivió recientemente gracias al turismo.
Luego de una breve recorrida arriba de Aurelia, enfilamos hacia el camping ubicado en una península hacia el norte de la ciudad. Muy buen camping, internet gratis, piscina, playa, etc. Pertenece a una cadena de hotelería adriática que administra campings en varios países, como conoceríamos después.
Desde el camping, un cómodo bus nos deja en una de las tres puertas de la ciudad vieja. Desde allí se entra a la antigua ciudad amurallada que conserva iglesias, casas y monumentos de la etapa medioeval, post terremoto, o sea básicamente gótico. No falta la influencia veneciana visible en antiguos palacios y edificios comunales. Tampoco falta la influencia comercial moderna representada por innumerables negocios que venden lo que se quiera comprar, desde ropa de marca, joyas, comidas rápidas, restaurantes butique y miles de souvenirs iguales a los que se pueden comprar en cualquier lugar del mundo (digo yo: ¿porqué se sigue llamando artesanía a esa colección de artículos claramente fabricados en serie y que no pertenecen a ninguan cultura, etnia o comunidad en particular?)
Por la puerta opuesta se egresa de las murallas a un soleado puerto en donde recalan no sólo las barcas de pescadores sino también numerosos barquitos de pasajeros que llevan a los turistas por las islas de enfrente. Todos los días veríamos también algún gran barco crucero de los que hacen los tours mediterráneos con más de mil pasajeros a bordo.
La costa adriática de Croacia, y parte de la Eslovena al norte y de la montenegrina al sur es llamada desde los romanos, Dalmacia. Esa estrecha franja de tierra acompañada por el azulsísimo mar Adriático al oeste, tiene a sus espaldas una cadena montañosa que es la prolongación báltica de los Alpes, llamados no casualmente Alpes dinaricos, en mención de la más grande altura de Croacia, el monte Dinaro o Dinárico. La región goza de una alta temperatura en verano, más alta cuanto más cerca del mar corren las montañas. Las playas, modalidad dálmata, son preciosas: piedras que pueden ser desde tamaño canto rodado hasta un fino ripio cercano a la arena, en las playas; piedras más grandes bajo el mar. La pendiente habitualmente muy suave, en algunos lugares no desciende más de 1,5 metros incusive hasta 100 m de la costa. En otros (la mayoría), luego de una breve “pileta” de 10 o 20 metros de ancho con profundidad escasa pero que permite bañarse, se profundiza rápidamente para nadar o practicar cualquiera de los deportes de agua. El agua siempre transparente y a temperatura muy agradable. Muy exepcionalmente, la marejada y el viento traerán a la playa algo de algas y restos vegetales. Se debe estar preparado para compartir el agua con botes de todo tipo, que la gente lleva en cantidades: desde inflables playeros, pasando por gomones y semirrígidos, hasta lanchas de buen porte.

Dalmacia, fundamentalmente, es azul. No hay rincón de esta zona de Croacia que hayamos recorrido que no tenga impronta azul. El mar asoma en absolutamente todos los paisajes que la mirada guste recorrer. Otro adjetivo para Dalmacia es rocosa. Las rocas son omnipresentes. Al principio nos enojó un poco la dificultad que significa meterse al agua caminando ridículamente “como pisando huevos”; en algunas de las playas debíamos salir en una humillante posición en cuatro patas para disminuir la ofensa de las piedras en la planta de los doloridos pies. Pero primero Carmen, luego Cecilia y finalmente yo, nos equipamos con unas zapatillas de neoprene con suela especial “antirrocas” con las cuales recuperamos la dignidad, y también algo de integridad en nuestras plantas.

Azul y roca, combinación que nos acompañará las próximas semanas.

viernes, 25 de julio de 2008

MONTENEGRO

Montenegro, la escindida. (2 al 5 de julio de 2008)

Montenegro votó recientemente su escición de Serbia utilizando la prebenda constitucional del plebiscito establecida luego de la paz en 1995. Según esta joven constitución de Serbia y Montenegro unificadas en el 2002, ambas naciones podían plebiscitar a los 4 años si querían seguir unidas o no. El año 2006 Montenegro plebiscitó separarse de Serbia y con poca sorpresa el resultado fue por la escisción. Pero para muchos la gran sorpresa fué que esta separación fué pacíficamente aceptada por Serbia.
A esta altura del relato, se hace necesario comenzar a intentar describir la complejísima historia de los balcanes. Ténganme paciencia o saltéense esta parte del blog, pero si se atreven a seguirme, les aseguro que no se van a aburrir.

Para empezar, baste decir que etnias, religión y naciones se mezclan aquí de una manera engorrosa para el entendimiento, pues a la natural dificultad de comprensión que ofrecen las luchas étnicas y religiosas, se agrega aquí que algunas etnias llevan el nombre de naciones.
Explico:
Existen naciones: [Eslovenia], [Serbia], [Montenegro], [Bosnia y Herzegovina], [Croacia] y [Macedonia]. Todas ellas integraban la ex Yugoeslavia de Tito, armada luego de la segunda guerra mundial. Montenegro era parte de la Federación de Serbia y Montenegro hasta que el plebiscito la llevó a la escisión en nación independiente. Kosovo emergió de su guerra de 1995/96 como un protectorado de la UN pero finalmente votó su propia independencia en febrero de este año. Todas las naciones volvieron a ser naciones independientes, pero como verán, con sangre y dolor.
Existen etnias: serbios, croatas, bosnios, albanos, y varias minorias como los romanios, los gitanos, los judios, turcos, griegos, macedonios.
Existen religiones: católica romana, católica ortodoxa, islamismo, y otras con menos representación como judaismo, hinduísmo.
Y ahora viene el lío: la etnia serbia, si bien mayormente residente en la nación Serbia y Montenegro, era minoría influyente en varias otras naciones o regiones, especialmente Croacia, Bosnia y Herzegovina y la actual Kosovo. La etnia serbia es mayormente cristiana ortodoxa.
La etnia croata reside mayormente en la actual Croacia pero tenía minoría importante en Serbia y en Bosnia y Herzegovina. Los croatas son mayoritariamente católicos romanos.
La etnia bosnia, reside fundamentalmente en Bosnia y Hersegovina, Kosovo y en Albania pero vivía también como minoría en Croacia y Serbia. La etnia bosnia es islámica.
La rivalidad y enemistad entre las etnias, especialmente y principalmente entre croatas y serbios, es antigua, pero el siglo XX las maduró rápidamente en tres guerras. Las primeras dos se desarrollaron antes de la segunda guerra mundial (1912 y 1913) y la tercera, la de los 90, luego de la muerte de Tito y la caída del bloque de la URSS.
Las dos primeras guerras balcánicas significaron la lucha contra el imperio otomano de Turquía, encontrando a los hoy enemigos, aliados en algunas luchas, por ejemplo serbios y montenegrinos unidos a Rusia; o búlgaros unidos a los griegos junto a los montenegrinos contra los turcos (primera guerra balcánica), pero inmediatamente atacando a Bulgaria (segunda guerra balcáncia) junto a los montenegrinos. De estas guerras queda un reparto de territorio de los balcanes que luego la primera guerra mundial cambiaría; aquellas pretensiones territoriales son parte de los reclamos que llevan a la tercera guerra balcánica.
Un reino independiente que nuclea a Serbia, Croacia y Eslovenia emerge luego de la primera guerra mundial. Los serbios, considerándose los vencedores de la guerra por su participación en la lucha contra el imperio austrohúngaro, se sienten dueños de la gran Yugoeslavia; los croatas y eslovenos (mucho más activamente los primeros) comienzan a rebelarse contra esta hegemonía. La razón más entendible de esta rebelión lo constituye el hecho de que estas dos ex naciones aportaban el grueso del producto bruto del reino.
El diputado croata Stjepan Radic es asesinado en el parlamento de Belgrado en 1922. El rey es asesinado por un croata en 1929. Hacia 1930 las persecuciones de los croatas disidentes ya eran frecuentes y la hegemonía serbia en el reino independiente de Serbia, Croacia y Eslovenia era manifiesta.
Pero para entender la tercera guerra balcánica hay que retrotraerse al comportamiento de los primeros actores serbios y croatas durante la segunda guerra mundial. Un sector de croatas instigados por Italia brinda simpatía manifiesta al fascismo naciente de Mussolini creando una guerilla pro eje de corte fascista muy sangrienta conocida como la ustascia. Esto ocurre durante la vigencia del Reino de Serbia, Croacia y Eslovenia hasta que la ustascia finalmente se apropia del poder en Croacia en 1941, cuando el rey huye a Londres ante la inminente invasión de las fuerzas del eje. Esta falange ustasciana comete persecuciones atroces contra los serbios, judíos, gitanos y croatas disidentes. Al mismo tiempo, en Serbia se desarrollaba el movimiento fascista pro monárquico de los cetnici o chetniks, que se ocupó de perseguir cruelmente en su territorio a croatas y bosnios.
Josip Broz, conocido con el nombre de guerra de Tito, era un militante del PC, hijo de padre croata y madre eslovena, que tomando ventaja de la guerra interna de ambas falanges nazifascistas entronizadas en el poder, con la ayuda de occidente organiza la resistencia de los partisanos y con la ayuda de Rusia libera toda la región del yugo nazi y de las flanges locales colaboracionistas (las que ciertamente pagarán caro en manos de Tito sus atrocidades). Los vencedores de la guerra mundial premian a Tito luego de la guerra apoyándolo en la creación de la nación Yugoeslava. Pero el dragón no estaba muerto, solamente dormía. Los odios étnicos, muchas veces disfrazados de rivalidades religiosas, seguían intactos y estallarían varios decenios más tarde.(...continuará.)

Montenegro ofrece ya desde su frontera con Albania una cara mas "europea", más afín con su declarada intención de pertenecer a la unión. Rutas en muy buen estado, señalización generosa bilingüe, el euro como moneda (aunque aún no es Europa, es firme candidata y ya adoptó la moneda), y un impuesto “ecológico” al ingreso son marcadas diferencias con su pobrecita vecina Albania.

Enfilamos derechito a las playas del sur que resultaron muy agradables aunque notoriamente distintas a las griegas: aquí la piedra es dueña y señora, la arena es infrecuente. El agua clarísima, quizás un poco más fría que en las regiones helénicas. Los campings flojitos, con instalaciones sanitarias muy deficientes y sin ese toque europeo de “todo resuelto” (por ejemplo, suelen no tener servicio para descargar aguas servidas de las autocaravanas, lavarropas y otras comunes comodidades) La contrapartida es que resultaron bastante más baratos que los griegos e italianos.
La playa elegida fué una en Dovra Bora, lugar que escondía un camping en un breve lugar casi sobre el mar. Si bien era ruidoso pues tenía una disco de playa justo al lado, decidimos quedarnos allí dos días para disfrutar playa y recargar ánimo luego de la frustrante experiencia albana.
Saliendo de allí pasamos luego por la capital, Podgórica: aunque con los rasgos habituales de antigua ciudad comunista, (ver Albania en mi blog anterior) esta bonita y moderna ciudad fue declarada capital recién en 1948. La histórica capital fue Cetinje, la que verdaderametne exhibe el esplendor de la epoca de oro montenegrina, en tiempos en que era un reino independiente, alli por el 1800. Abundan los palacios barrocos y se respira una atmosfera versaillesca. Alli todo está bastante cuidado y prolijo. Muy interesante y agradable de ver y recorrer.
Ya desde allí nos quedaba la opción de recorrer la “entretierra”, o sea las tierras interiores montañosas que nos llevarían además a Serbia, o bien seguir el litoral camino a Croacia.
Nuevamente el litoral ganó la pulseada, esta vez favorecido por la escasa infraestructura de campings que veníamos observando en Montenegro.
El camino hacia la riviera de Budva nos hizo pasar cerca de un pueblito encantador que se llama Rijeka Crnojevica, a orillas del rio del mismo nombre que luego desembocará en el lago Skadar. Esta villa solía ser uno de los sitios de veraneo de las monarquías europeas del siglo XVIII y XIX, de lo cual conserva solamente el paisaje y un viejo y pintoresco puente de tres arcadas. Dicen las guías que allí está el mejor restaurant de Montenegro, que porsupuesto (o por presupuesto, como quieran llamarlo) no visitamos.
El resto del camino nos hizo descender nuevamente y lentamente hasta el litoral marítimo para depositarnos en la calurosísima playa de Butvar. Allí el camping fué un poquito mejor que el anterior pero aún muy deficiente en instalaciones sanitarias. Las playas de esta localidad son extremadamente concurridas pero parecen limpias y amplias, aunque no las utilizamos pues el calor nos arrojó de allí a la mañana siguiente, al golfo de Kotor o Cataro, en italiano.
Kotor es un puerto hermosos, meca de la naútica de placer mediterránea, en donde vimos aparcados lujosos yates al pie de una montaña sobre la cual yace el pueblo medioeval de Kotor y allí más arriba, hasta la cima, las murallas y la fortaleza, conjunto absolutamente típico de toda ciudad medioeval que se precie. Aquí la particularidad es que la ciudad tiene forma triangular, con uno de sus lados apoyado en la montaña y los otros ribeteando la ribera del golfo. Al pie de la muralla, entre ésta y el muelle de los yates lujosos, se extiende un mercado al aire libre muy concurrido.
Esta mezcla de ciudad antigua y lujo, tiene en Montenegro una explicación propia: es la ribiera montenegrina la playa de Serbia, además de ser un destino elejido por rusos y rumanos, los que abundan por aquí. Quizás sea de la mafia rusa del petróleo una espectacular Ferrari roja etacionada al lado de un lujosísimo yate que daría envidia al mismo Onasis.
Dejamos Kotor rumbo Gerceg Novi, la que sería nuestra última escala montenegrina antesde la esperada Croacia, en quien depositábamos todas nuestras esperanzas de mejores campings.
Herceg Novig nos deparava el peor camping en neustro record: no sólo pésimo en instalaciones sanitarias sino que además nos tocaron unos pendejos montenegrinos borrachos que gritaron toda la noche. La playa aceptable, con la modalidad “cemento” que se dá bastante por aquí. Son playas de aguas muy cristalinas pero con piedras, Para favorecer el acceso, les hacen unas plataformas de cemento hasta donde el agua tiene unos 60 o 70 cm de profundidad. Entonces, como el mar suele ser muy calmo, parece que entrás en una pileta de natación. Muy curioso, y muy distinto a lo que uno está acostumbrado, ¿no?
El día siguiente ya nos encontraría en Croacia. Do videnja!

Datos personales

Ushuaia, Tierra del Fuego, Argentina
Médico. Jubilado, aunque no tanto.