lunes, 23 de junio de 2008

SICILIA

Sicilia ( 10 al 14 de junio de 2008)

Luego de Nicotera (ver blog anterior) rumbeamos directo para el puerto de Villa de San Giovani, en el continente italiano, lugar desde donde se cruza a Sicilia. El estrecho de Messina es la porción de agua que separa “la bota“ de la isla mayor del Mediterráneo. En ese estrecho, que no debe tener más de 10 millas de ancho, se juntan el mar Iónico con el mar Tirreno y tiene fama de “difícil” para navegar. Nos preguntamos todo el viaje si no había un puente allí, pues si algo tiene el sur de Italia es una infraestructura vial en plena construcción y ampliación tal como confirmamos ese día atravezando decenas de túneles y viaductos. Los viaductos son tramos de rutas sostenidas a cientos de metros de altura por puentes increíbles. Uno de ellos nos llevó a 2100 m sobre el nivel del mar, al que víamos claramente allá abajo. Pues bien: no, no hay puente alguno. Por motivos ocultos para nosotros, allí sigue vigente el traghetto, o barco que hace la carrera ida y vuelta de San Giovanni o de Reggio de Calabria a Messina, en Sicilia. O sea, nuevamente a navegar.
En Messina rumbeamos rapidito para la costa norte buscando payas. El lugar elegido en el mapa, Capo Milazzo, resultó tener campings no muy lindos así que continuamos hasta Oliveri, ciudad preciosa que alberga al camping Marinello, ubicado en la playa del mismo nombre. Allí pasamos dos excelentes días.
¿Qué les puedo contar de esas playas? Agua limpísima, playas extensas a los largo de una especie de bahía, piedra fina o mediana en lugar de arena, el agua se hace pileta a 2 metros del borde de la playa y de fondo, un promontorio gigantesco que alberga un monasterio en la punta. Vean las fotos que dicen todo, o casi todo, pues la sensación de bienestar y paz que se goza en ese lugar no se muestra en una foto.
En ese camping “asistimos” casualmente a un casamiento que se llevó a cabo en el restaurant de la playa. Bueno, asistimos es un decir: presenciamos la llegada de los invitados en sus fabulosos coches, las mujeres en sus mejores galas, y los hombres en riguroso negro (traje, camisa y zapatos) con corbata chillona. También escuchamos la música en vivo durante algunas horas, todo desde Aurelia.
Más temprano en el pueblo habíamos comprado carne en una macelleria cuya dueña nos contó algunas historias de argentinos que vivían por allí. Esa carne de vitello (novillo) sería el primer corajudo intento de comer carne de vaca; digo corajudo por el precio, ya que salió 12 Euros el kilo! La hice en una pequeña parrillita (que habíamos comprado en Roma, junto con la mesita ¿se acuerdan?), y salió delicioso.
También en ese pueblo encontramos buena internet lo que aprovechamos bastante.
El 12 partimos a una de las experiencias de conducción más alucinante de mi vida: si les conté que la costa amilfitana fué difícil, no se que adjetivo usar para describir lo que sigue.
Resulta que tontita, nuestro navegador satelital, nos guió directamente al camping solicitado que se encuentra en Sferracavallo, un puerto pesquero muy bonito en el extremo oeste de Palermo; pero nosotros veníamos desde el este, por lo que
esperábamos que tontita nos hiciera bajar de la tangenciale (avenida circunferencial) después de superar el conglomerado de la ciudad. Pero no, tontita nos bajó antes y nos hizo cruzar el centro de Palermo (sitio expresamente desaconsejado para el turista con auto en todas las guías) por unas calles INCREIBLES. Como en todo el sur italiano, las calles no tienen vereda y las casas son el límite de la vía transitable. Pero en Palermo además, ambos laterales se usan para estacionar (a veces en doble fila) y ómnibus y camiones de gran porte se largan como si fuera una autopista. Es inenarrable la sensación de desesperación que me asaltaba cuando luego de acomodar a Aurelia en el estrecho callejoncito que me dejaban los autos estacionados y el que viene de frente, de golpe aparecía un omnibus tamaño larga distancia (no les exagero) que por la via contraria busca un rinconcito en donde apretujarse y me espera como diciendo “pasá. ¿qué te pasa? ¿tenés miedo?” іClaro que tengo miedo! Miedo de rebanarle un pedazo a algo o a alguien. Lo más curiosos es que nadie se molesta porque una autocaravana se meta por allí y estorbe: todo el mundo ve como natural que yo ande en caravana, que el bus gigantesco pare en triple fila para subir y bajar pasajeros taponando todo el caos, que el señor del BMW deje el auto en cuádruple fila para ajarse a comprar cigarrillos o que la niña con e Smart decidió meterse a contramano en la bocacalle porque encontró un cm cuadrado en donde dejar su autejo. Todo vale, nadie se queja. іViva Italia!. Lo que les puedo asegurar es que mi concepto de espacio y volumen está completamente en revisión luego de esta experiencia palermitana.
¿Saben que quiere decir Palermo? Pan-ormos, o sea “todo puerto” en griego. ciertamente es una ciudad puerto. Su historia es tan fascinante como complicada: diversas dominaciones se superpusieron a sus genes griegos y romanos, moldeando una forma de ser
muy especial, difícil de describir. Podría intentar definirla diciendo indisciplinada, fetichista, profundamente religiosa y malhumorada. El Siciliano parece estar enojado todo el tiempo, pero no es así. Es un modo. El que te sirve la pizza te hace sentir que le molestás...Nuevamente la suciedad estructural es notoria, aunque algo menor que en Nápoles. Déjenme describirles: estamos arriba de un bus detenido en la terminal, esperando que llegue la hora de partir. El chofer está comiendo un durazno; cunado termina, sin ningún empacho y delante de todos, arroja el resto del durazno por la puerta abierta del bus hacia la vereda...
En Palermo recorrimos el centro histórico arrancando en el Quattro Canti, cruce de las dos principales ca
lles que perduran desde el trazado romano original. Monumentos a reyes españoles, estatuas griegas y romanas, fuentes renacentistas e iglesias de un barroco recargado, hablan claramente de la mezcla increible de influencias que esta parte de la bella Italia exhibe. Especialmete divertido fué el paseo por un mercado al aire libre que ocupa varias cuadras angostas en la zona menos turística de Palermo. Los vendedores son todos tenores frustrados porque vocean su mercadería a voz de cuello, gritando en tonos líricos su pescado, sus succhini o sus panini, como si ofrecieran productos que nadie debiera dejar de comprar. Casi da temor no comprar. De película.
El camping “Degli ollivi” nos esperaba para velar nuestros sueños rodeados de tantos árboles de olivo que por momentos nos sentimos personajes de la historia sagrada.
De Palermo cruzamos en diagonal la isla para llegar a Catania, ciudad del Etna. Deliberadamente en esta desición, sacrificamos Agrigento, colonia griega espectacuar según guías y comentarios escuchados. En fin, todo no se puede.
El Etna es uno de los pocos volcanes en actividad en Europa. Está rodeado de pueblitos, alguno de ellos son estaciones de esquí en el invierno, fáciles de recorrer y muy entretenidos. La joya de la excursión es acercarse a las “coladas” históricas aun presentes como mudas pruebas de su potencia, y a la zona de los cráteres,
bien arriba, en donde la montaña perdió su vegetación y todo es ceniza, piedra lávica y desolación. Impresiona pensar que en cualquier momento el monstruo se despertará y volverá a espantar a humanos y animales a quienes echará ladera abajo vaya a saber hacia dónde. No se explica como se puede dormir en las colinas de un monstruo que llegado el caso intentará calcinar vivo a quien ose atreverse, como los de Pompeya. Y sin embargo, allí viven, aparentemente sin problemas, varios miles de sicilianos.
Sigue la vuelta. De Catania a Messina para regresar a la bota.
Arrivederci.


sábado, 21 de junio de 2008

Nápoles al sur

La costa al sur de Nápoles ( de junio de 2008)

Luego de las bellas imágenes de la costera amalfitana, comenzamos el largo recorrido hacia el estrecho de Messina, nuestro próximo objetivo en la mira.
Como anticipé, salteamos Salerno a la que consideramos una ciudad grande como tantas, y por consiguiente ligeramente hostil a nuestro formato de viaje. El camino a través de la Campinia y Basilicata (dos de las tantas regiones de Italia) resultó entretenido, montañoso y casi selvático por momentos, lleno de curvas y de paisajes sorpresa a cada kilómetro. Allí comenzamos a ver los olivares en dimensión desconocida hasta ahora para nosotros: extensiones inmensas de un verde pálido característico de estos árboles bajitos y con tornco de aspecto viejo se alternaban con no menos extensas áreas de viñedos. Sólo faltaba ver higueras para completar la trilogía (vid, higo y olivo) de los frutos sagrados para los romanos.
Las playas de Paestum nos esperaban.
Paestum, cuando no, antigua colonia griega (Poseidonia) ofrece hoy (las a esta altura ya clásicas) ruinas. Sus inmediaciones son el parque nacional del Cilento, una mezcla de foresta casi selvática en tierras interiores con playas de arena en su litoral costero. Toda una revelación de geografías tan distintas a las que uno, al menos yo, se imaginaba para estas latitudes italianas.
El camping lo recordaremos por dos motivos: su espléndida piscina, todo un lujo que nos conquistó de inmediato y nos hizo abandonar la idea de playa, y por una banda de irlandeses de lo más extravagantes que moraban en el mismo campeggio. Se trataba de varias familias de esa nacionalidad, muy ruidosos, extrovertidos, molestos y hasta groseros por momentos, a los que no hubo más remedio que soportar.
En Paestum tomamos una decisión compleja: viajamos 36 km expresamente para llegar a un Carrefour en donde, además de provisionarnos, encontramos y compramos un navegador GPS. Decidimos no perdernos más, si eso era posible, y nos jugamos por uno barato. Inauguramos el aparatito permitiéndonos que nos guiara de vuelta al camping cosa que hizo sin ningún problema y alardeando además, pues nos hizo andar por caminos vecinales que jamás hubiéramos tomado por nuestra cuenta. Siguiendo nuestra costumbre de bautizar objetos, como el más popular de los navegadores lleva la marca “Tom-Tom”, y el nuestro es más barato y con voz de mujer, decidimos llamarla “tontita”. Como verán más adelante, tontita mereció otros epítetos menos favorescedores en momentos más acuciantes.
Dejamos Paestum sin visitar las ruinas que prometían no ser tan importantes como las pompeyanas. entusiasmados con tontita le pedimos que nos lleve unos cuantos kilómetros más adelante, a otra playa cuyo nombre elegido fue Scalea: A ella nos encomendamos.
Mientras tontita hace lo suyo, yo aprovecho para contarles que en las zonas más mediterráneas de las regiones que atravezamos, existen sitios para ver de promisorio interés. Ejemplos de ello, Regia di Caserta, el delirio de Carlos III que quizo reproducir Versailles en sus territorios italianos, o Matera, ciudad implantada literalmente en las rocas. Y para el lado del mar, numerosos destinos insulares como la isla de Capri o Ischia o Prósida. Nuestras preferencias en esta parte del viaje se inclinaron por las playas y por lo tanto las mencionadas tierras interiores como muchas islas fueron descartadas por distancia o por costo. Habrá que volver...
Tontita se porta de maravillas y nos lleva de las narices hasta el destino propuesto. La más agradecida es Cecilia que por primera vez disfruta el paisaje sin tener que sumergirse en mapas y prestar atención a cartelería para hacerme de navegante.
Scalea es hermosa: toma su nombre por la forma particular de extenderse el pueblo, como en una escalera de escalones anchísimos que naciendo del lungomare trepa hasta la cercana colina. Lungomare es el nombre que en Italia se reserva para las calles paralelas y al lado del mar (nuestra costanera).
La playa de Scalea fue particularmente gozosa para nosotros ya que los dos días que allí nos quedamos fueron muy calurosos y soleados. La arena, sin ser la del Caribe, es aquí fina y bastante limpia. Un grupo proveniente del este de Europa (rumanos o húngaros) nos entretuvo con un entusiasta topless colectivo, en donde se pudo apreciar las flacideces de las mamás pasaditas de punto y la frescura de una par de rumanitas, particularmente la de bikini am..... (#$*% censura marital, no esperen foto)
Muy satisfechos con Scalea en todo sentido, continuamos nuestra aproximación a Sicilia, no sin antes de encontrar un valioso y muy lindo barcito con WiFi gratuito que nos entretuvo casi dos horas.
Apuntamos ahora a Nicotera (que se pronuncia Nicótera). Le dijimos a tontita a donde queríamos ir y nos dispusimos a gozar del paisaje rutero. Bueno, tontita mandó decir que abandonáramos la cómoda autopista que habíamos generosamente decidido tomar y nos hace bajar por caminos vecinales, casi rurales, en donde con frecuencia nos cruzamos con pequeños tractores y carros, que nos obligaban a frenar para dejarlos pasar. Resulta que a tontita no le interesa el ancho de la ruta sino la distancia más corta o el derrotero más económico, cosa que tardamos un poquito en descubrir.
Llegados que fuimos a Nicotera, recalamos según guía en un camping con playa bien presentado, pero que resultó muy poco preparado aún para la temporada (es todavía muy temprano aquí para los campers y todo eso) lo que significó baños un poco descuidados y terreno muy solitario (éramos los únicos en camper). La curiosidad fué que coincidimos en el complejo con un tur de argentinos inmigrantes o hijos de calabreses, que hacían una excursión específicamente en esa ciudad. Muchos de los camping que usamos son tambien Villagio o sea que tienen comodidades tipo bungalows para recibir huéspedes.
La playa hermosa, muy bien equipada y prolija, pero no la usamos porque las chicas no querían mojarse en agua salada sin después poder bañarse en agua dulce y como los baños no estaban limpios,...
En resumen, tres destinos de playa que disfrutamos tanto en la estancia en ellos como en, en el viaje o en el descubrimiento de lugares y rincones preciosos.
Todo bien, nada tiene desperdicio en este viaje que nos está yendo de rechupete.
Vean las fotos, ténganos un poquito de envidia y no se pierdan la experiencia siciliana del próximo blog.
Salve!

NOTA: Feliz día a todos los lectores padres; vale por el domingo pasado.

jueves, 12 de junio de 2008

Nápoles y Pompeya

Nápoles y Pompeya (3 al 5 de junio)

Luego de regresar al continente desde Sardegna y camino al sur napolitano, nos detuvimos en Terracina, ciudad que elegimos solamente por su posición con respecto a nuestra ruta y la hora en que queríamos detenernos. Como suele ocurrir en Italia, cualquier lugar posee tanta historia que basta dar un par de vueltas por la parte vieja de una ciudad y empiezan a aparecer ruinas, monumentos y castillos. Infaltable además el rasgo único histórico que cada pueblo atesora: en el caso de Terracina, éste fue el lugar en donde se eligió al Papa Inocencio II , el papa de las cruzadas. Como habíamos acampado a 3 km del pueblo, nos fuimos caminando por la ruta en una experiencia un tanto peligrosa pues no existían veredas ni banquina ni nada: o sea caminamos literalmente por la ruta con los autos soplándonos la ropa al pasar. Paseamos el pueblo y disfrutamos su antigüedad a pesar del calor agobiante de la hora. Al decidir regresar descubrimos con fastidio que el bus comunal (público) que teóricamente nos llevaría de vuelta al campeggio, o no existía o no corría ese día feriado: era el 2 de junio, día de la patria en Italia. El dedo funcionó muy rápido y una simpática tana dueña de un villagio nos acercó hasta el camping.

El camping tenía playa pero no muy linda; no obstante ello, Carmen y Cecilia se dieron un baño. Por la tarde nos colgamos gratis en una supuestamente paga internet WiFi; de allí proviene gran parte de las comunicaciones y subidas al blog, ya que le sacamos todo el jugo posible.

Dejando Terracina en la mañana siguiente, pusimos rumbo a Pompeya, ya que decidimos usar esa ciudad de cabecera para recorrer alrededores (Nápoles y la costiera amalfitana)

La llegada al camping elegido (se llama Zeus) fue bastante fácil a pesar del complicado derrotero para encontrarlo, que nos obligó a recorrer una periferia de Nápoles sorprendentemente parecida a nuestro camino de cintura, o bien a ciertas zonas de Avellaneda, ambas en Buenos Aires. Tan parecida resultaron las zonas periféricas (y pobres) de la zona sur italiana, que nos preguntamos en qué medida los inmigrantes de Italia del sur trasladaron costumbres y paisajes urbanos a nuestro país.

PRIMER DIA ( 4 de junio)
El campeggio supo retribuir el esfuerzo pues resultó excelentemente ubicado, a 50 metros de la entrada a las ruinas, y a 30 metros de la estación del tren que lleva a Nápoles.
Pompeya es...grandiosa, increíble.(Al amigo Miguel le agradecemos todas sus sugerencias, aunque las de Pompeya nos llegaron tarde...) Entramos en las varias hectáreas de las ruinas bien temprano para escaparle al calor todo lo posible...pero antes, un poco de historia.
Como muchas otras colonias romanas, Pompeya era previamente colonia de la magna Grecia. Las costumbres y urbanísticas helénica y romana se mezclan con bastante regularidad y armoniosidad. En el 62 dc Pompeya sufre un terremoto y en el 79 la gran erupción del Vesuvio que la sepulta en 7 metros de cenizas, igual que todas las villas de las laderas del volcán, como Ercolano y Stabia. A pesar que el cataclismo duró dos días y permitió escapar a los pompeios más inteligentes (o más miedosos, quien sabe) poco se hizo luego para traérnosla a nuestros días. Es recién en el siglo XVIII que se descubren las 60 hectáreas que consituían la ciudad y comienzan las excavaciones.
Lo que hace a Pompeya tan especial es que es una de las pocas organizaciones comunales del imperio que no fue saqueada, desvastada o arruinada por las civilizaciones que siguieron a su caida, allá por el 400 dc. Es por lo tanto una muestra deslumbrante de calles, casas, fincas, monumentos y teatros que dócilmente se dejan recorrer como si recién ayer se hubieran ido sus habitantes, aunque estén en ruinas. Maravilla la estructura de las casas con sus impluvios (pequeñas piletas bajitas) de mármol en el piso del atrio de las casas en donde se juntaba el agua de lluvia que caía del techo, deliberadamente agujereado allí; sus patios traseros ornamentados con fuentes, plantas y sitios para comer al aire libre, y las habitaciones, aún con frescos pintados en las paredes. Son muy impresionante los vaciados en yeso de los cuerpos de los pompeios que no tuvieron la fortuna de escapar. Estas estructuras que se exhiben en varios lugares de las ruinas (y en el museo arqueológio de Nápoles, que no visitamos) son muy curiosos: Cuando los excavadores encontraban con sus herramientas un hueco en la lava que removían, lo rellenaban de yeso y luego quitaban la lava que los moldeaba. Esos huecos eran las cenizas de los cuerpos carbonizados en el interior de un “sarcófago” de lava. En algunos de esos vaciados se pueden observar huesos que obviamente resistieron el calor. Es muy impresionante los gestos y posiciones que se adivinan en las figuras.

Los obreros excavadores le ponían nombre a las casas que iban desenterrando, según lo que encontraban. Es así que se identifican la casa del panadero, la del poeta trágico, la del cirujano, etc. Luego de algunas horas de recorrer sus calles empedradas y entrar y salir de las casas así identificadas, uno comienza a imaginarse la ciudad viva, con su gente, sus carros, sus voces, el olor a pan, el olor a orina que usaban de desengrasante de lana en los fullones o lavaderos, las ceremonias en los templos de los dioses paganos de Júpiter o Zeus...

Estuvimos 6 horas de magia en ese bello lugar, casi transportados a una época irrepetible. Convencidos que nada podrá superar la autenticidad de esas ruinas, abandonamos el sitio emocionados.


SEGUNDO DÍA ( 5 de junio)

El día siguiente fuá la excursión a Nápoles. El tren nos dejó en la estación terminal plaza Garibaldi desde donde comenzamos a caminar la ciudad vieja. Debo reconocer que la ciudad nos defraudó un poco. Es notoria la suciedad, aunque no de la magnitud que anticipaban las noticias televisivas, las que mostraban montañas de bolsas de basura sin recoger en las calles. No se ve esa basura en la ciudad (aunque si la vimos en los alrededores industriales y pobres). Lo que se ve es una suciedad de años, estructural diría yo. No se ofenda quien tenga parientes napolitanos y lea esto, pero los habitantes de Nápoles son sucios: tiran todo, excepto las aguas servidas y la cloaca en la calle. Por otro lado, la calle es una prolongación natural de las casas, y el napolitano hace mucho de su vida cotidiana en la calle: come, descansa, recibe gente, charla, discute, trabaja. Caminar por una calle de la ciudad vieja es como estar dentro de una canción de Le Luthiers, como el final de “voglio entrare per la finestra”. Los autos circulan muy rápido por callejuelas angostas, sin veredas, en donde la puerta de las casas da directametne a la calzada, las motonetas (millones) serpentean a mil entre peatones y autos, y los negocios, hasta barcitos con mesas, ocupan espacios imposibles de las callejuelas; y en todos lados un bullicio de gente bastante gritona que habla pareciendo que discute, olores a comidas y a escape de vehículos. Los monumentos, que son iglesias en su mayoría, no tienen delante las amplias plazas que los albergan, como en Florencia o Roma; se puede pasar delante de la basílica de Nápoles, la que tiene la famosa y venerada imágen de San Genaro con la sangre que se licúa dos veces por año, sin darse cuenta pues está perdida en el medio de casonas viejas y edificios modernos en una calle angosta y vulgar. Le falta grandiosidad, eso quiero decir.
Las guías se excusan explicando que el carácter napolitano hay que rastrearlo en el efecto de años de dominaciones diversas, devastaciones naturales, y más recientemente clientelismo político, especulación urbanística y mafia. Pero la realidad es que...no me gustó. Debe haber un Nápoles más lindo como ciudad, no lo dudo, y debe haber gente de la fama de Horacio u Ovidio, Boccaccio, Di Lapedussa, Pirandello, Valentino, todos ellos nacidos en el sur. Hay eso si, “ambiente” muy especial para que de Sica, Visconti y Rosellini decidieran filmar aquí sus más célebres películas, o para que un tal Giussepe Tornatore filmara el ganador del Oscar “Nuovo Cinema Paradiso”, o un tal Ettore Scola rodara “C'eravamo tanto amati”. Massimo Troisi (Il postino), dicho sea de paso, era también napolitano.

Bueno, en fin. No todo lo diverso que uno puede conocer tiene que gustar: el goce está en conocer, en la emoción impar de sorprenderse y descubrir que el mundo es una inmesidad de gente y costumbres tan distintas y... a veces tan iguales.


TERCER DIA (6 de junio)

Abandonando el camping de Pompeya, el objetivo trazado fue desandar camino para recorrer el golfo de Näpoles desde su extremo norte, y luego la península sorrentina para conocer la costiera (costa) amalfitana.

Para ello usamos autopista para llegar rápido al promontorio de Pollisipo, en donde las guías prometía vistas encantadoras del golfo. Allí pasamos por varios pueblitos con nombres muy resonantes en nuestra memoria, como Marechiaro, allí donde 'spunta la luna” según la famosa canzoneta. Tambié está allí Miseno, el sitio desde donde según la ficción del Dante, el barquero Caronte embarcaba las almas de los difuntos que eran llevadas al infierno. Intentamos seguir por la costa, pero la contaminación industrial lo hizo un poco difícil; camiones y fábricas esconden las vistas del golfo y las autopistas nos fagocitaron rápidamente. Bordeamos entonces el Vesuvio por su ladera suroeste pasando nuevamente cerca de Pompeya tratando de alcanzar la península sorrentina, pero un accidente de tránsito nos atascó a nosotros y a gran parte de los automóviles de esa zona adentro de un largísimo túnel. Dar vuelta a Aurelia dentro del túnel es una proeza que guardaré para contar a mis nietos si alguna vez tengo alguno.

Al salir del túnel, el caos de automóviles era mayúsculo por lo que tuvimos que optar por una ruta alternativa que no conocíamos pero que a la postre resultó una magnífica alternativa: luego de largos caminos de montaña, en una vuelta del camino se abrió súbitamente mil metros mas abajo, el horizonte de un mar azul intenso, azurríssimo, colmado de pueblecitos colgados de laderas imposibles y enhebrados por una cinta de asfalto angosta y serpenteante hasta el capricho. A medida que descendíamos el paisaje se agrandaba y se embellecía aún más, con oleandros y bougandillas (nuestra Santa Rita) de colores rutilantes y playitas pequeñas escondidas entre los riscos. El clima que se empecinó en llover no logró desmerecer nada la maravillosa costiera almafitana.

La ruta en vertiginoso descenso nos depositó entre Amalfi y Positano. Optamos por ir a este último para luego regresar por el mismo camino hacia Amalfi y Salerno. El problema era la ruta de la costa: nos habían hablado de grandes dificultades, gigantescos atascos y hasta de prohibición de circulación para motorhomes y caravanas. Digamos que si bien exageradas, algo de cierto tenían las advertencias. La ruta es un camino angosto de doble mano, con mucha circulación, de no más de seis metros de ancho (en muchas partes, mucho menos) que en un costado tiene el abismo escarpado al mar, y en el otro la roca del promontorio tallada para abrir el camino: el panorama se complica con las viviendas, que o literalmente cuelgan hacia el mar con sus paredes flanqueando la ruta sin nada de vereda, o bien están encajadas en la montaña en lugares increibles. Agréguenle a esto las millones de motonetas que circulan como gusanos, la gente que camina por la ruta pues en la mayoría de los tramos no hay veredas, las colas de los colectivos que se hacen sobre la ruta por igual motivo, los contenedores de basura, y los autos que los italianos tiran en cualquier lado cuando no los están conduciendo (el verbo estacionar debe tener ciertamente otro significado aquí en Italia). Todo, todo, sobre los pobres seis metros de asfalto. Fué una proeza conducir a Aurelia sin llevarme puesto ningún cartel vial, sin raspar otro auto o aplastar un sorrentino (que no es una pasta sino el señor que espera el colectivo sobre la ruta), sin arrastrar al viejito que está sentado a la puerta de su casa (que es la ruta) y sin raspar a Aurelia contra un paredón. Hice bien todo, menos esto último: en una de las últimas curvas, el espacio que me dejó una van se achicó repentinamente y Aurelia gritó cuando la raspé contra un alto cordón colocado a la entrada de una curva+puente. Nada muy importante pero doloroso en el orgullo.

Salimos finalmente satisfechos de la costiera amalfitana que colmó ampliamente nuestras espectativas, y deseando regresar alguna vez en motoneta o en un vehículo de turismo que nos permita caminarla y treparla y bajarla por sus interminables escaleras y desniveles hasta la última de las playas escondidas.

De allí trepamos otra vez la montaña camino a Salerno, el que no visitamos. Apuntamos directamente a las playas sureñas del parque nacional del Cilento.

Sigo en próximo blog. Hata pronto!

lunes, 9 de junio de 2008

Aurelia en un rápido folleto

(Este mail tiene unos especiales destinatarios, que son Oscar y Mirta.)



















SARDEGNA (CERDEÑA)

Isla de Sardegna (28 de mayo al 1° de junio)

El 28 debimos dejar el camping Flaminio de Roma. antes, aprovechamos sus excelentes servicios para lavar a Aurelia que, pobrecita, se ensucia mucho en las rutas con el hollín de sus parientes gasoleras.

Luego, para hacer tiempo, nos escapamos hasta Ostia, sobre el Tirreno, balneario clásico de los romanos modernos. Es un lugar de verano cuyas edificaciones más sobresalientes deben corresponder a la primera mitad del siglo pasado. Tiene un toque art deco muy parecido al de Miami Beach.

Finalmente a Civitavechia, en donde nos esperaba el transporte marítimo que nos cruzaría a todos (a nosotros y a Aurelia) a la codiciada isla de Sardegna. Para nuestra sorpresa, no se trata de una lancha tipo Melinka, las que cruzan el estrecho allá en nuestros pagos; se trata de un barco enorme, con tres bodegas roll-on roll-off para vehículos de todos los tamaños, y calculo que doscientos camarotes dormitorios, restaurante, bar, casino, disco, etc. Por supuesto nuestro pasaje no incluía camarote. Teníamos a disposición tres niveles de cubierta llena de rincones con silloncitos, sillones y sillas de libre uso. Pero el problema era que nuestro pasage ratón fué nocturno: partimos 22:30 y arribamos 06:30, o sea que había que dormir.

Al principio y con un poquito de vergüenza arrimamos dos o tres silloncitos más de los tres que suponíamos nos correspondían. Luego de un rato, vimos a los más caraduras (los italianos primero que todos) sacar mantas, almohadas y hasta un colchón inflable de dos plazas! y armarse sus lugarcitos en el piso entre los sillones para dormir cómodamente. Nosotros no habíamos llevado mantas así que nos arrumamos como pudimos en los silloncitos y dormimos más o menos bien (más menos que más). No, no está permitido dormir en la autocaravana, por supuesto.

Una vez cruzadas las 126 millas (¿por qué tardará tanto?) desembarcamos en la ciudad-puerto de Olbia, en la Sardegna.

Sardegna es una isla grande, la segunda del mediterráneo luego de Sicilia. Su historia, como la de casi toda a región meridional de Italia, la constituyen civilizaciones primitivas con o sin influencia helenística, luego idem romana, luego los bárbaros (Europa gusta de incluir en este término a los sajones que venían del norte, a los galos, a los árabes, sarracenos y bizantinos, y a todo aquel que no fuera primitivo “europeo”, griego o romano.) y después de la breve reorganización de Roma, el medioevo de los duques y los papas, la colonización española, Napoleón, Austria y, finalmente, el resurgimiento italiano, el breve reinado y la república actual.

En esa breve descripción, me explayo un poquito en la civilización de los Nurra o nuraghi, antiguos pobladores pastores de la isla que se organizaban en reinados y que estaban allí desde antes del 1000 ac, con marcado contacto helenístico. La isla está literalmente sembrada de sus construcciones tipícas que son los nuraghi, especie de vivienda, edificio defensivo, granero y vaya a saber cuántas otras funciones más. Son estructuras circulares de piedra, cuyo techo abovedado en la mayoría de los casos ya no existe y por lo tanto se los ve como un cono truncado. Suelen tener tamaño grande (6 o más metros de diámetro en la base) y a lo lejos parecen gigantescos hormigueros. Los hay en cualquier lugar de la isla (hay aproximadamente 7000 identificados) y en algunos lugares se agrupan en construcciones monumentales de muchos nuraghis cercados por un muro defensivo.

Bueno, a estos nurras parece que la defensa no les fue muy bien pues en el 1000 ac los fenicios los pasaron por encima. En el 500 o 400 ac los romanos hicieron lo mismo con los fenicios y hacia el 1200 los españoles le echaron el ojo a la isla y la sojuzgaron por unos 400 años. Hay un par de sitios (CastelDoria o Castelsardo, y Alghero) que fueron literalmente catalanes y en donde es curioso volver a leer cartelería en español.

Aparte de la fascinante historia de conquistas y reconquistas que veremos repetida en casi toda Europa, la geografia de la isla es propicia para el recorrido en auto, moto, bicicleta e anche Aurelias. Tiene rinconcitos de playa maravillosos con arena blanca y agua esmeralda; si así como se ve en las fotos. Tuvimos mal tiempo casi todos los días, así que de bañarnos y tomar sol, poco y nada. Empezamos a recorrer y cando nos dimos cuenta habíamos dado la vuelta a la isla en los cuatro días. Arzachena (Costa Esmeralda), Alghero, y Villa Simius fueron los sitios de acampe, pero el premio de lugar favorito se lo lleva la playa Stintino en cabo Falcone: imperdible.

Nuestro periplo final fue atravezando la costa este de la isla hasta llegar a Olbia nuevamente en donde embarcamos en el ferry de regreso a Civitavechia. Mas expertos ahora, bajamos mantas y almohadas, la comida habitual y pasamos una noche sensiblemente mejor que la de la ida, todos unos expertos viajeros en barco!

El siguiente capitulo si decide seguir sintonizado en este canal, sera camino al sur napolitano y sus alrededores. Arrivederci.

martes, 3 de junio de 2008

A partir de ahora doy por completo el blog de Roma. Quienes lo leyeron antes, podrán ver algunas fotos nuevas.

lunes, 2 de junio de 2008

Roma, cittá aperta. (23 al 28 de mayo)

Con Aurelia finalmente entramos en los suburbios de Roma por la Vía Aureliana. Allí conocimos a GRA, que no es Mazzotta. Es el Gran Raccordo Anulare, émulo de nuestra General Paz. Es un enorme círculo de autopista que rodea Roma y desde el cual se viaja de una a otra de las muchas rutas que llegan a Roma (que no son TODAS, como ya expliqué). Por ella ubicamos rápido la Vía Flaminia que nos conduciría prestamente al campeggio elegido. Pero no, nada es fácil. Justo la bajada de la Flaminia desde GRA estaba chiusa (cerrada) y nuevamente a perdernos un rato buscando la alternativa. Finalmente, como siempre, todo se encuentra y el campeggio no fue la excepción.
En este camping vivía hasta hace dos años el amigo Carlos Loncharich, el fueguino hermano de Marta y Susana (Jimmy Button) que viven en Ushuaia. Lamentablemente no pudimos ubicar su nueva dirección o teléfono y nos vamos de Roma sin verlo y saludarlo.
El camping es de lo mejor visto hasta ahora. Instalaciones impecables, especialmente los sanitarios, piscina, internet WiFi muy barata (2 euros por 72 hs de conexión) Adjunto algunas fotos para placer de los entendidos.

Desde el campeggio teníamos el acceso a la ciudad garantizado mediante el tren que se toma a 200 metros de alí, o el bus en la puerta. Luego, mediante conexiones con el Metro, el tranvía u otros buses, llegábamos a donde queríamos. Compramos (y le sacamos el jugo) abonos que sirven para varios días y para todos los transportes públicos, las veces que se te antojen. La diferencia de calidad de los trenes con Alemania es abismal: adivinen a favor de quien?
Empezamos con una recorrida por la Plaza San Pietro, monumental y espectacular como la recordábamos. El calor apretaba a pesar de ser media mañana, así que rápidamente elegimos la cola para entrar a la basílica, que se organiza prolijamente a la sombra del semicírculo derecho de las columnas de la plaza. La basílica de San Pietro, la iglesia cristiana más grande en el mundo, posee muchos detalles remarcables, pero me detendré en algunos pocos muy relevantes: Allí está enterrado el apóstol Pedro, fundador de la iglesia cristiana: creyente o no, no deja de impresionar. La fantástica cúpula obra Miguel Angel que fuerza más allá de la imaginación el tamaño posible en que se puede construir una estructura abovedada. La cripta con la tumba de los papas; qué curioso ejercicio se puede hacer delante de cada una de esos sepulcros, en donde yacen papas para mí desconocidos (les recuerdo que existieron más de 250 papas en la historia de la iglesia): tratar de unir los años del papado del sujeto en cuestión y los hechos históricos que ocurrían en el mundo en ese entonces. Mamita, qué personajes deben haber sido estos papas! Y la Pietá, escultura de Miguel Angel, como proponiendo misericordia a tan siniestros pensamientos...
Salimos de San Pietro y recorrimos las pocas cuadras hasta la entrada del Museo Vaticano solo para confirmar que el día siguiente domingo, como todos los tercer domingo del mes, la entrada sería gratuita, cosa que nos aseguraron completamente.
Siguiente parada el así llamado castillo Santángelo. Es en realidad un mausoleo hecho para el emperador Adriano al que luego sucesivas modificaciones lo transformaron en un castillo. Desde él se cruza el Tévere en un puente adornado a ambos lados por unas estatuas majestuosas hechas por desconocidos como Bernini. Ya del otro lado caminamos varias cuadras hasta la Plaza Navona. El sol ya nos derretía pero no nos impidió ver la espléndida fuente de los cuatro ríos con que Bernini representaba el mundo conocido. Uno de los cuatro es el Río de La Plata, aunque Ud no lo crea. (“Berni” hizo esta Fontana dei Fiumi allá por el 1600 y pico así que nosotros ya habíamos sido descubiertos. Los otros ríos son el Nilo por África, el Ganges por Asia y el Danubio por Europa. Ja, ja, qué rabia les debe dar a los yanquis que América no esté representado por el Missisipi o el Colorado!
Seguimos caminando más (uf, ya bastante acalorados y cansados) hasta el Panteón, obra del primer siglo de nuestra era hecha también como mausoleo pero varios siglos después convertido en iglesia. Tiene características únicas como ser: una bóveda de diámetro igual a su altura, cosa que parece ser bastante increible para los arquitectos actuales. Durante un rato me quedé pensando cómo era la fórmula del cálculo de volumen de una esfera para entender lo maravilloso de la proporción de este duomo, pero me dí por vencido. Ah, en este panteón están los restos de Victorio Emanuele, rey de Italia (allá por el 1860, con el resurgimiento de Italia) y del pintor Rafael (curiosa mezcla, ¿no?).
Con el empecinamiento del turista ávido y ya con cierto dejo de sacrificio, seguimos caminando hasta la Fontana de Trevi, en donde Carmen se dió el gusto de tirar las dos monedas que garantizan volver a Roma (en realidad la tradición dice que la primera tiene ese objetivo y que la segunda es para cumplir un deseo secreto que el arrojador deberá proponer). Nooooo, no fueron euros: Cecilia tenía algunos centavos argentinos para la ocasión. Nada dice la tradición acerca de la moneda a utilizar: de hecho antes se usaban Liras, Pesetas o Marcos, así que...
Desde Trevi caminamos hasta Plaza España, la de la escalinata de los desfiles de modas donde suele participar la Mazza (Valeria, ¿vió?) y de allí, buscando un super para comprar algo para comer, desembocamos en plaza del Popolo, lugar desde donde habíamos iniciado varias horas antes el periplo. Sin super a la vista, decidimos descansar en un bus que nos llevó al Coliseo y Foro, pero el cansancio, el calor y el hambre nos vencieron: a casita.

SEGUNDO DIA: El calor no mengua. Salimos tempranito para poder entrar al Museo Vaticano, que si bien será gratis es día, abre a las 9 hs y cierra a las 14 hs. Llegamos 1h y 30 minutos antes y la fila ya ocupaba dos cuadras. El museo bien valió la espera. No tiene sentido que les cuente cada una de las hermosas piezas de pintura o escultura que las hay por miles, sino en todo caso, que intente transmitirles esa fascinación que me provoca tratar de entender cómo hacían para dar al mármol ese realismo tan descarado. Desfilamos ante ciento, miles creo, bustos y estatuas de la era griega, fenicia y romana, tapices del medioevo que no cabrían extendidos en el patio de mi casa, esculturas de animales de la era etrusca, muebles, cálices, ornamentos, etc. Como si fuera poco arte el exhibido, los edificios y patios del museo en si mismo son un placer que parece no tener fin, pues aún caminando y caminando parecen n o tener fin.

Dejamos los museos del Vatiano con la sensación de no hber visto ni la cuarta parte de su exhibición. Como aún era temprano, nos largamos subte mediante, hasta la iglesia de San Pietro in Vincoli, en donde reposa el Moisés de Miguel Ángel pero resultó que cerraba al pomerigio (el horario inmediatamente después del almuerzo se llama así), así que decidimos abandonar allí, regresar al cmaping para retornar a ve el Moisés cuando reabrieran la iglesia a la tarde. Craso error: el calor y la piscina del campeggio pudo más y el recorrido ese día terminó allí.

TERCER DIA: Bien tempranito corrimos a verl el Moisés que nos recibió en completa soledad ya que la iglesia, recién abierta, no recibía aún los malones de turistas de los buses que por millones pueblan Roma y sus alrededores. Esa posibilidad de contemplar en absoluto silencio y solos la magníffica escultura del Moisés fue disfrutada plenamente. Nos fuimos llenos de escultura renacimientista, competamente satisfechos.

De allí al esperado Foro Romano.

Teníamos dos buenas noticias: el foro se había reabierto al público después de varios años de prohibición, y era gratis. Lo primero es cierto, y los segundo, ya no. Desde hace pocos meses, la visita al Foro fue integrada con la del Palacio Palatino y el Coliseo en un ticket único de 11 euros. Luego de una primera reacción irreflexiva de pegar la vuelta y cancelar a visita, decidimos que no podíamos abanonar Roma sin haber estado en el Foro, así que volvimos sobre nuestros pasos y oblamos los euros necesarios para cumplir el rito. Además, entusiasmados por algo similar que habíamos visto usar por los turistas ricos en los museos vaticanos, decidimos también pagar una audioguía (un aparatito que tiene pregrabadas las explicaciones de los que vas viendo). Del aparatito nos arrepentimos pues resultó muy incomodo tratar de escuchar una explicación un poco rápida a mi gusto, de lugares no muy bien ubicables luego en el terreno. De la visita no nos arrepentimos: a pesar del calor que avanzaba sobre el mediodía (ese día hicieron 33ºC) el foro es el foro. Dos mil años de historia tienen que ver con lo que pasaba por alli. El saqueo de los bárbaros fue mínimo comparado con la devastación de los nobles de los siglos de papados que rapiñaron los mármoles del foro para construir sus palacios. No hubo piedad para la obra romana, y creo que también hubo revancha. Sobre varios de los edificios romanos se construyeron iglesias cristianas. Curiosamente esa actitud sirvió al menos para conservar parte de los edificios que no tiraron abajo. De todas maneras dá tristeza que no hayan quedado restos más completos de esa magnífica arquitectura que los romanos y sus esclavos supieron construir.

Del foro caminamos hasta el Coliseo apurados pensando que cerraría a las 13 hs como decía nuestra guía: otra vez se equivocó el librito, peus cierra a las 16 con lo cual dispusimos de bastante tiempo para recorrer el estadio multipropósito con que se entretenían los romanos. Impresionante. Han reconstruido un tablado de madera sobre una porción de los pasillos inferiores de lo que era la arena propiamente dicha y ahora si se puede entender la grandiosidad de ese circo. Hay mucha tarea de restauración y pienso que dentro de unos años se podrá ver un Colosseo mucho mejor que el actual. La historia de dónde se construyó (qué había allí), cómo se hizo y por qué se llama Colosseo es entretenidísima pero no los voy a burrir aquí con ella.

Luego del Coliseo, flataba el Palatino, lugar de residencia de varios emperadores, particularmente Ottaviano, el primer “Augusto”. Los restos de su casa están siendo sacados a la luz en estos años y n trocito de las paredes de sus aposentos se puede ver de cerquita (diría que se podrían tocar si no fuera que un guarda por habitación vigila atentamente a los cinco turistas por vez que dejan entrar).

Allí sí, dijimos basta de ruinas: de vuelta al campeggio llenos de romanicas imágines.


CUARTO DIA: completa vagancia y retoce en el camping. Nada de ruinas ni estatuas por ese día. Por la mañana recorrimos unos sitios de repuestos para autocaravanas para ver GPS y otras tonterias; terminamos comprando una mesita para reemplazar la robada (bonita pero no tan refinada como la primera)

El día siguiente será de emociones marítimas pues cruzaremos a Sardegna. іNo se lo pierdan!

Datos personales

Ushuaia, Tierra del Fuego, Argentina
Médico. Jubilado, aunque no tanto.