La costa al sur de Nápoles ( de junio de 2008)
Luego de las bellas imágenes de la costera amalfitana, comenzamos el largo recorrido hacia el estrecho de Messina, nuestro próximo objetivo en la mira.
Como anticipé, salteamos Salerno a la que consideramos una ciudad grande como tantas, y por consiguiente ligeramente hostil a nuestro formato de viaje. El camino a través de la Campinia y Basilicata (dos de las tantas regiones de Italia) resultó entretenido, montañoso y casi selvático por momentos, lleno de curvas y de paisajes sorpresa a cada kilómetro. Allí comenzamos a ver los olivares en dimensión desconocida hasta ahora para nosotros: extensiones inmensas de un verde pálido característico de estos árboles bajitos y con tornco de aspecto viejo se alternaban con no menos extensas áreas de viñedos. Sólo faltaba ver higueras para completar la trilogía (vid, higo y olivo) de los frutos sagrados para los romanos.
Las playas de Paestum nos esperaban.
Paestum, cuando no, antigua colonia griega (Poseidonia) ofrece hoy (las a esta altura ya clásicas) ruinas. Sus inmediaciones son el parque nacional del Cilento, una mezcla de foresta casi selvática en tierras interiores con playas de arena en su litoral costero. Toda una revelación de geografías tan distintas a las que uno, al menos yo, se imaginaba para estas latitudes italianas.
El camping lo recordaremos por dos motivos: su espléndida piscina, todo un lujo que nos co
nquistó de inmediato y nos hizo abandonar la idea de playa, y por una banda de irlandeses de lo más extravagantes que moraban en el mismo campeggio. Se trataba de varias familias de esa nacionalidad, muy ruidosos, extrovertidos, molestos y hasta groseros por momentos, a los que no hubo más remedio que soportar.
En Paestum tomamos una decisión compleja: viajamos 36 km expresamente para llegar a un Carrefour en donde, además de provisionarnos, encontramos y compramos un navegador GPS. Decidimos no perdernos más, si eso era posible, y nos jugamos por uno barato. Inauguramos el aparatito permitiéndonos que nos guiara de vuelta al camping cosa que hizo sin ningún problema y alardeando además, pues nos hizo andar por caminos vecinales que jamás hubiéramos tomado por nuestra cuenta. Siguiendo nuestra costumbre de bautizar objetos, como el más popular de los navegadores lleva la marca “Tom-Tom”, y el nuestro es más barato y con voz de mujer, decidimos llamarla “tontita”. Como verán más adelante, tontita mereció otros epítetos menos favorescedores en momentos más acuciantes.
Dejamos Paestum sin visitar las ruinas que prometían no ser tan importantes como las pompeyanas. entusiasmados con tontita le pedimos que nos lleve unos cuantos kilómetros más adelante, a otra playa cuyo nombre elegido fue Scalea: A ella nos encomendamos.
Mientras tontita hace lo suyo, yo aprovecho para contarles que en las zonas más mediterráneas de las regiones que atravezamos, existen sitios para ver de promisorio interés. Ejemplos de ello, Regia di Caserta, el delirio de Carlos III que quizo reproducir Versailles en sus territorios italianos, o Matera, ciudad implantada literalmente en las rocas. Y para el lado del mar, numerosos destinos insulares como la isla de Capri o Ischia o Prósida. Nuestras preferencias en esta parte del viaje se inclinaron por las playas y por lo tanto las mencionadas tierras interiores como muchas islas fueron descartadas por distancia o por costo. Habrá que volver...
Tontita se porta de maravillas y nos lleva de las narices hasta el destino propuesto. La más agradecida es Cecilia que por primera vez disfruta el paisaje sin tener que sumergirse en mapas y prestar atención a cartelería para hacerme de navegante.
Scalea es hermosa: toma su nombre por la forma particular de extenderse el pueblo, como en una escalera de escalones anchísimos que naciendo del lungomare trepa hasta la cercana colina. Lungomare es el nombre
que en Italia se reserva para las calles paralelas y al lado del mar (nuestra costanera).
La playa de Scalea fue particularmente gozosa para nosotros
ya que los dos días que allí nos quedamos fueron muy calurosos y soleados. La arena, sin ser la del Caribe, es aquí fina y bastante limpia. Un grupo proveniente del este de Europa (rumanos o húngaros) nos entretuvo con un entusiasta topless colectivo, en donde se pudo apreciar las flacideces de las mamás pasaditas de punto y la frescura de una par de rumanitas, particularmente la de bikini am..... (#$*% censura marital, no esper
en foto)
Muy satisfechos con Scalea en todo sentido, continuamos nuestra aproximación a Sicilia, no sin antes de encontrar un valioso y muy lindo barcito con WiFi gratuito que nos entretuvo casi dos horas.
Apuntamos ahora a Nicotera (que se pronuncia Nicótera). Le dijimos a tontita a donde queríamos ir y nos dispusimos a gozar del paisaje rutero. Bueno, tontita mandó decir que abandonáramos la cómoda autopista que habíamos generosamente decidido tomar y nos hace bajar por caminos vecinales, casi rurales, en donde con frecuencia nos cruzamos con pequeños tractores y carros, que nos obligaban a frenar para dejarlos pasar. Resulta que a tontita no le interesa el ancho de la ruta sino la distancia más corta o el derrotero más económico, cosa que tardamos un poquito en descubrir.
Llegados que fuimos a Nicotera, recalamos según guía en un camping con playa bien presentado, pero que resultó muy poco prepa
rado aún para la temporada (es todavía muy temprano aquí para los campers y todo eso) lo que significó baños un poco descuidados y terreno muy solitario (éramos los únicos en camper). La curiosidad fué que coincidimos en el complejo con un tur de argentinos inmigrantes o hijos de calabreses, que hacían una excursión específicamente en esa ciudad. Muchos de los camping que usamos son tambien Villagio o sea que tienen comodidades tipo bungalows para recibir huéspedes.
La playa hermosa, muy bien equipada y prolija, pero no la usamos porque las chicas no querían mojarse en agua salada sin después poder bañarse en agua dulce y como los baños no estaban limpios,...
En resumen, tres destinos de playa que disfrutamos tanto en la estancia en ellos como en, en el viaje o en el descubrimiento de lugares y rincones preciosos.
Todo bien, nada tiene desperdicio en este viaje que nos está yendo de rechupete.
Vean las fotos, ténganos un poquito de envidia y no se pierdan la experiencia siciliana del próximo blog.
Salve!
NOTA: Feliz día a todos los lectores padres; vale por el domingo pasado.
Luego de las bellas imágenes de la costera amalfitana, comenzamos el largo recorrido hacia el estrecho de Messina, nuestro próximo objetivo en la mira.
Como anticipé, salteamos Salerno a la que consideramos una ciudad grande como tantas, y por consiguiente ligeramente hostil a nuestro formato de viaje. El camino a través de la Campinia y Basilicata (dos de las tantas regiones de Italia) resultó entretenido, montañoso y casi selvático por momentos, lleno de curvas y de paisajes sorpresa a cada kilómetro. Allí comenzamos a ver los olivares en dimensión desconocida hasta ahora para nosotros: extensiones inmensas de un verde pálido característico de estos árboles bajitos y con tornco de aspecto viejo se alternaban con no menos extensas áreas de viñedos. Sólo faltaba ver higueras para completar la trilogía (vid, higo y olivo) de los frutos sagrados para los romanos.
Las playas de Paestum nos esperaban.
Paestum, cuando no, antigua colonia griega (Poseidonia) ofrece hoy (las a esta altura ya clásicas) ruinas. Sus inmediaciones son el parque nacional del Cilento, una mezcla de foresta casi selvática en tierras interiores con playas de arena en su litoral costero. Toda una revelación de geografías tan distintas a las que uno, al menos yo, se imaginaba para estas latitudes italianas.
El camping lo recordaremos por dos motivos: su espléndida piscina, todo un lujo que nos co
En Paestum tomamos una decisión compleja: viajamos 36 km expresamente para llegar a un Carrefour en donde, además de provisionarnos, encontramos y compramos un navegador GPS. Decidimos no perdernos más, si eso era posible, y nos jugamos por uno barato. Inauguramos el aparatito permitiéndonos que nos guiara de vuelta al camping cosa que hizo sin ningún problema y alardeando además, pues nos hizo andar por caminos vecinales que jamás hubiéramos tomado por nuestra cuenta. Siguiendo nuestra costumbre de bautizar objetos, como el más popular de los navegadores lleva la marca “Tom-Tom”, y el nuestro es más barato y con voz de mujer, decidimos llamarla “tontita”. Como verán más adelante, tontita mereció otros epítetos menos favorescedores en momentos más acuciantes.
Dejamos Paestum sin visitar las ruinas que prometían no ser tan importantes como las pompeyanas. entusiasmados con tontita le pedimos que nos lleve unos cuantos kilómetros más adelante, a otra playa cuyo nombre elegido fue Scalea: A ella nos encomendamos.
Mientras tontita hace lo suyo, yo aprovecho para contarles que en las zonas más mediterráneas de las regiones que atravezamos, existen sitios para ver de promisorio interés. Ejemplos de ello, Regia di Caserta, el delirio de Carlos III que quizo reproducir Versailles en sus territorios italianos, o Matera, ciudad implantada literalmente en las rocas. Y para el lado del mar, numerosos destinos insulares como la isla de Capri o Ischia o Prósida. Nuestras preferencias en esta parte del viaje se inclinaron por las playas y por lo tanto las mencionadas tierras interiores como muchas islas fueron descartadas por distancia o por costo. Habrá que volver...
Tontita se porta de maravillas y nos lleva de las narices hasta el destino propuesto. La más agradecida es Cecilia que por primera vez disfruta el paisaje sin tener que sumergirse en mapas y prestar atención a cartelería para hacerme de navegante.
Scalea es hermosa: toma su nombre por la forma particular de extenderse el pueblo, como en una escalera de escalones anchísimos que naciendo del lungomare trepa hasta la cercana colina. Lungomare es el nombre
La playa de Scalea fue particularmente gozosa para nosotros
Muy satisfechos con Scalea en todo sentido, continuamos nuestra aproximación a Sicilia, no sin antes de encontrar un valioso y muy lindo barcito con WiFi gratuito que nos entretuvo casi dos horas.
Apuntamos ahora a Nicotera (que se pronuncia Nicótera). Le dijimos a tontita a donde queríamos ir y nos dispusimos a gozar del paisaje rutero. Bueno, tontita mandó decir que abandonáramos la cómoda autopista que habíamos generosamente decidido tomar y nos hace bajar por caminos vecinales, casi rurales, en donde con frecuencia nos cruzamos con pequeños tractores y carros, que nos obligaban a frenar para dejarlos pasar. Resulta que a tontita no le interesa el ancho de la ruta sino la distancia más corta o el derrotero más económico, cosa que tardamos un poquito en descubrir.
Llegados que fuimos a Nicotera, recalamos según guía en un camping con playa bien presentado, pero que resultó muy poco prepa
La playa hermosa, muy bien equipada y prolija, pero no la usamos porque las chicas no querían mojarse en agua salada sin después poder bañarse en agua dulce y como los baños no estaban limpios,...
En resumen, tres destinos de playa que disfrutamos tanto en la estancia en ellos como en, en el viaje o en el descubrimiento de lugares y rincones preciosos.
Todo bien, nada tiene desperdicio en este viaje que nos está yendo de rechupete.
Vean las fotos, ténganos un poquito de envidia y no se pierdan la experiencia siciliana del próximo blog.
Salve!
NOTA: Feliz día a todos los lectores padres; vale por el domingo pasado.
2 comentarios:
con respecto al caos en el tránsito de Italia, ya lo experimenté casualmente en ROMA, nuestro Autocar ,y su respectivo "autista" (conductor")de España, no se a dónde aprendió las maniobras para sortear autos en calles angostas sin tocar ni rayar nada ,ni rayarlos a ellos...mal estacionados, en cualquier lugar, como si no existiera nadie más, y solo para bajarse a comprar ...cigarrillos por ejemplo.Lo comparan con nuestra querida Buenos Aires. Nosotros nos portamos mejor, no se cómo será en Ushuaia o en ituzaingó.
Envidio vuestro viaje, veo a carmen y Ceci en el agua, !qué lindo! Aquí hace un frío!!! Bueno " de invierno".
Un beso y sigan contando y muestren mas fotos.
El GPS comparte con el lavavajillas una gran virtud: contribuye a la armonía de la pareja ("¿no me dijiste que doblara a la derecha?" "¡no, que siguieras derecho!, lo que pasa es que no me escuchás")
A propósito: el que yo usé en Canadá tenía un menú de opciones donde uno podía elegir, por ejemplo, si iba por autopista o por ruta común. Investigá un poco, en una de esas lo podés programar según lo que estés por recorrer.
Buenísimo el viaje y los relatos. Cariños, Miguel.
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