jueves, 12 de junio de 2008

Nápoles y Pompeya

Nápoles y Pompeya (3 al 5 de junio)

Luego de regresar al continente desde Sardegna y camino al sur napolitano, nos detuvimos en Terracina, ciudad que elegimos solamente por su posición con respecto a nuestra ruta y la hora en que queríamos detenernos. Como suele ocurrir en Italia, cualquier lugar posee tanta historia que basta dar un par de vueltas por la parte vieja de una ciudad y empiezan a aparecer ruinas, monumentos y castillos. Infaltable además el rasgo único histórico que cada pueblo atesora: en el caso de Terracina, éste fue el lugar en donde se eligió al Papa Inocencio II , el papa de las cruzadas. Como habíamos acampado a 3 km del pueblo, nos fuimos caminando por la ruta en una experiencia un tanto peligrosa pues no existían veredas ni banquina ni nada: o sea caminamos literalmente por la ruta con los autos soplándonos la ropa al pasar. Paseamos el pueblo y disfrutamos su antigüedad a pesar del calor agobiante de la hora. Al decidir regresar descubrimos con fastidio que el bus comunal (público) que teóricamente nos llevaría de vuelta al campeggio, o no existía o no corría ese día feriado: era el 2 de junio, día de la patria en Italia. El dedo funcionó muy rápido y una simpática tana dueña de un villagio nos acercó hasta el camping.

El camping tenía playa pero no muy linda; no obstante ello, Carmen y Cecilia se dieron un baño. Por la tarde nos colgamos gratis en una supuestamente paga internet WiFi; de allí proviene gran parte de las comunicaciones y subidas al blog, ya que le sacamos todo el jugo posible.

Dejando Terracina en la mañana siguiente, pusimos rumbo a Pompeya, ya que decidimos usar esa ciudad de cabecera para recorrer alrededores (Nápoles y la costiera amalfitana)

La llegada al camping elegido (se llama Zeus) fue bastante fácil a pesar del complicado derrotero para encontrarlo, que nos obligó a recorrer una periferia de Nápoles sorprendentemente parecida a nuestro camino de cintura, o bien a ciertas zonas de Avellaneda, ambas en Buenos Aires. Tan parecida resultaron las zonas periféricas (y pobres) de la zona sur italiana, que nos preguntamos en qué medida los inmigrantes de Italia del sur trasladaron costumbres y paisajes urbanos a nuestro país.

PRIMER DIA ( 4 de junio)
El campeggio supo retribuir el esfuerzo pues resultó excelentemente ubicado, a 50 metros de la entrada a las ruinas, y a 30 metros de la estación del tren que lleva a Nápoles.
Pompeya es...grandiosa, increíble.(Al amigo Miguel le agradecemos todas sus sugerencias, aunque las de Pompeya nos llegaron tarde...) Entramos en las varias hectáreas de las ruinas bien temprano para escaparle al calor todo lo posible...pero antes, un poco de historia.
Como muchas otras colonias romanas, Pompeya era previamente colonia de la magna Grecia. Las costumbres y urbanísticas helénica y romana se mezclan con bastante regularidad y armoniosidad. En el 62 dc Pompeya sufre un terremoto y en el 79 la gran erupción del Vesuvio que la sepulta en 7 metros de cenizas, igual que todas las villas de las laderas del volcán, como Ercolano y Stabia. A pesar que el cataclismo duró dos días y permitió escapar a los pompeios más inteligentes (o más miedosos, quien sabe) poco se hizo luego para traérnosla a nuestros días. Es recién en el siglo XVIII que se descubren las 60 hectáreas que consituían la ciudad y comienzan las excavaciones.
Lo que hace a Pompeya tan especial es que es una de las pocas organizaciones comunales del imperio que no fue saqueada, desvastada o arruinada por las civilizaciones que siguieron a su caida, allá por el 400 dc. Es por lo tanto una muestra deslumbrante de calles, casas, fincas, monumentos y teatros que dócilmente se dejan recorrer como si recién ayer se hubieran ido sus habitantes, aunque estén en ruinas. Maravilla la estructura de las casas con sus impluvios (pequeñas piletas bajitas) de mármol en el piso del atrio de las casas en donde se juntaba el agua de lluvia que caía del techo, deliberadamente agujereado allí; sus patios traseros ornamentados con fuentes, plantas y sitios para comer al aire libre, y las habitaciones, aún con frescos pintados en las paredes. Son muy impresionante los vaciados en yeso de los cuerpos de los pompeios que no tuvieron la fortuna de escapar. Estas estructuras que se exhiben en varios lugares de las ruinas (y en el museo arqueológio de Nápoles, que no visitamos) son muy curiosos: Cuando los excavadores encontraban con sus herramientas un hueco en la lava que removían, lo rellenaban de yeso y luego quitaban la lava que los moldeaba. Esos huecos eran las cenizas de los cuerpos carbonizados en el interior de un “sarcófago” de lava. En algunos de esos vaciados se pueden observar huesos que obviamente resistieron el calor. Es muy impresionante los gestos y posiciones que se adivinan en las figuras.

Los obreros excavadores le ponían nombre a las casas que iban desenterrando, según lo que encontraban. Es así que se identifican la casa del panadero, la del poeta trágico, la del cirujano, etc. Luego de algunas horas de recorrer sus calles empedradas y entrar y salir de las casas así identificadas, uno comienza a imaginarse la ciudad viva, con su gente, sus carros, sus voces, el olor a pan, el olor a orina que usaban de desengrasante de lana en los fullones o lavaderos, las ceremonias en los templos de los dioses paganos de Júpiter o Zeus...

Estuvimos 6 horas de magia en ese bello lugar, casi transportados a una época irrepetible. Convencidos que nada podrá superar la autenticidad de esas ruinas, abandonamos el sitio emocionados.


SEGUNDO DÍA ( 5 de junio)

El día siguiente fuá la excursión a Nápoles. El tren nos dejó en la estación terminal plaza Garibaldi desde donde comenzamos a caminar la ciudad vieja. Debo reconocer que la ciudad nos defraudó un poco. Es notoria la suciedad, aunque no de la magnitud que anticipaban las noticias televisivas, las que mostraban montañas de bolsas de basura sin recoger en las calles. No se ve esa basura en la ciudad (aunque si la vimos en los alrededores industriales y pobres). Lo que se ve es una suciedad de años, estructural diría yo. No se ofenda quien tenga parientes napolitanos y lea esto, pero los habitantes de Nápoles son sucios: tiran todo, excepto las aguas servidas y la cloaca en la calle. Por otro lado, la calle es una prolongación natural de las casas, y el napolitano hace mucho de su vida cotidiana en la calle: come, descansa, recibe gente, charla, discute, trabaja. Caminar por una calle de la ciudad vieja es como estar dentro de una canción de Le Luthiers, como el final de “voglio entrare per la finestra”. Los autos circulan muy rápido por callejuelas angostas, sin veredas, en donde la puerta de las casas da directametne a la calzada, las motonetas (millones) serpentean a mil entre peatones y autos, y los negocios, hasta barcitos con mesas, ocupan espacios imposibles de las callejuelas; y en todos lados un bullicio de gente bastante gritona que habla pareciendo que discute, olores a comidas y a escape de vehículos. Los monumentos, que son iglesias en su mayoría, no tienen delante las amplias plazas que los albergan, como en Florencia o Roma; se puede pasar delante de la basílica de Nápoles, la que tiene la famosa y venerada imágen de San Genaro con la sangre que se licúa dos veces por año, sin darse cuenta pues está perdida en el medio de casonas viejas y edificios modernos en una calle angosta y vulgar. Le falta grandiosidad, eso quiero decir.
Las guías se excusan explicando que el carácter napolitano hay que rastrearlo en el efecto de años de dominaciones diversas, devastaciones naturales, y más recientemente clientelismo político, especulación urbanística y mafia. Pero la realidad es que...no me gustó. Debe haber un Nápoles más lindo como ciudad, no lo dudo, y debe haber gente de la fama de Horacio u Ovidio, Boccaccio, Di Lapedussa, Pirandello, Valentino, todos ellos nacidos en el sur. Hay eso si, “ambiente” muy especial para que de Sica, Visconti y Rosellini decidieran filmar aquí sus más célebres películas, o para que un tal Giussepe Tornatore filmara el ganador del Oscar “Nuovo Cinema Paradiso”, o un tal Ettore Scola rodara “C'eravamo tanto amati”. Massimo Troisi (Il postino), dicho sea de paso, era también napolitano.

Bueno, en fin. No todo lo diverso que uno puede conocer tiene que gustar: el goce está en conocer, en la emoción impar de sorprenderse y descubrir que el mundo es una inmesidad de gente y costumbres tan distintas y... a veces tan iguales.


TERCER DIA (6 de junio)

Abandonando el camping de Pompeya, el objetivo trazado fue desandar camino para recorrer el golfo de Näpoles desde su extremo norte, y luego la península sorrentina para conocer la costiera (costa) amalfitana.

Para ello usamos autopista para llegar rápido al promontorio de Pollisipo, en donde las guías prometía vistas encantadoras del golfo. Allí pasamos por varios pueblitos con nombres muy resonantes en nuestra memoria, como Marechiaro, allí donde 'spunta la luna” según la famosa canzoneta. Tambié está allí Miseno, el sitio desde donde según la ficción del Dante, el barquero Caronte embarcaba las almas de los difuntos que eran llevadas al infierno. Intentamos seguir por la costa, pero la contaminación industrial lo hizo un poco difícil; camiones y fábricas esconden las vistas del golfo y las autopistas nos fagocitaron rápidamente. Bordeamos entonces el Vesuvio por su ladera suroeste pasando nuevamente cerca de Pompeya tratando de alcanzar la península sorrentina, pero un accidente de tránsito nos atascó a nosotros y a gran parte de los automóviles de esa zona adentro de un largísimo túnel. Dar vuelta a Aurelia dentro del túnel es una proeza que guardaré para contar a mis nietos si alguna vez tengo alguno.

Al salir del túnel, el caos de automóviles era mayúsculo por lo que tuvimos que optar por una ruta alternativa que no conocíamos pero que a la postre resultó una magnífica alternativa: luego de largos caminos de montaña, en una vuelta del camino se abrió súbitamente mil metros mas abajo, el horizonte de un mar azul intenso, azurríssimo, colmado de pueblecitos colgados de laderas imposibles y enhebrados por una cinta de asfalto angosta y serpenteante hasta el capricho. A medida que descendíamos el paisaje se agrandaba y se embellecía aún más, con oleandros y bougandillas (nuestra Santa Rita) de colores rutilantes y playitas pequeñas escondidas entre los riscos. El clima que se empecinó en llover no logró desmerecer nada la maravillosa costiera almafitana.

La ruta en vertiginoso descenso nos depositó entre Amalfi y Positano. Optamos por ir a este último para luego regresar por el mismo camino hacia Amalfi y Salerno. El problema era la ruta de la costa: nos habían hablado de grandes dificultades, gigantescos atascos y hasta de prohibición de circulación para motorhomes y caravanas. Digamos que si bien exageradas, algo de cierto tenían las advertencias. La ruta es un camino angosto de doble mano, con mucha circulación, de no más de seis metros de ancho (en muchas partes, mucho menos) que en un costado tiene el abismo escarpado al mar, y en el otro la roca del promontorio tallada para abrir el camino: el panorama se complica con las viviendas, que o literalmente cuelgan hacia el mar con sus paredes flanqueando la ruta sin nada de vereda, o bien están encajadas en la montaña en lugares increibles. Agréguenle a esto las millones de motonetas que circulan como gusanos, la gente que camina por la ruta pues en la mayoría de los tramos no hay veredas, las colas de los colectivos que se hacen sobre la ruta por igual motivo, los contenedores de basura, y los autos que los italianos tiran en cualquier lado cuando no los están conduciendo (el verbo estacionar debe tener ciertamente otro significado aquí en Italia). Todo, todo, sobre los pobres seis metros de asfalto. Fué una proeza conducir a Aurelia sin llevarme puesto ningún cartel vial, sin raspar otro auto o aplastar un sorrentino (que no es una pasta sino el señor que espera el colectivo sobre la ruta), sin arrastrar al viejito que está sentado a la puerta de su casa (que es la ruta) y sin raspar a Aurelia contra un paredón. Hice bien todo, menos esto último: en una de las últimas curvas, el espacio que me dejó una van se achicó repentinamente y Aurelia gritó cuando la raspé contra un alto cordón colocado a la entrada de una curva+puente. Nada muy importante pero doloroso en el orgullo.

Salimos finalmente satisfechos de la costiera amalfitana que colmó ampliamente nuestras espectativas, y deseando regresar alguna vez en motoneta o en un vehículo de turismo que nos permita caminarla y treparla y bajarla por sus interminables escaleras y desniveles hasta la última de las playas escondidas.

De allí trepamos otra vez la montaña camino a Salerno, el que no visitamos. Apuntamos directamente a las playas sureñas del parque nacional del Cilento.

Sigo en próximo blog. Hata pronto!

6 comentarios:

Sebastián dijo...

completito, completito y muuy intersante, que lugares! bueno sigan viaje y cuiden a aurelia pobrecita jejej suerte!

Anónimo dijo...

Hola Moli feliz dia del padre.Aurelia es hermosa,los lugares, fotos y comentarios extraordinarios.Sigamos viajando,un abrazo para ceci y carmen los quiero mucho.

Xime dijo...

Holaaaa!!! que bueno todo, Aurelia buenisima y espero el comentario de como se da vuelta a la pobre dentro del tunel...jaja
Seguimos viajando con ustedes, no nos cansamos de leer cada detalle que escriben asi que esperamos la proxima tanda!!!!....mami te diste cuenta que salis con los ojos abiertos en las fotos!!!! jajajaja
Un beso enorme para los tres, los queremos mucho!!

Anónimo dijo...

Los alcance!!!! me tomo 1 hora y 30minutos de lectura, ya que tengo que releer algunas cosas porque me causan mucha gracia jajaja, y porque me voy imaginando los lugares, y los imagino a ustedes, sus espectativas, sus ansiedades, trato de trasladarme en sus retinas y gracias a tus textos tio, uno puede ir dibujando algunos bocetos de esos lugares tan maravillosos que espero algún día conocer y poder compartir con ustedes.
Espero las próximas publicaciones!
Hasta luego!

El Faro Fueguino dijo...

queridos mario y ceci,

recién volvimos del viaje con los chicos a disney. La nota la dio sofi en el cirque del soleil, cuando vio a un payaso con una cabellera similar a la de Mario y lo bautizo con tu nombre.
Ante cada aparición decía: ¨mirá pa, entra Mario de nuevo...pa, es Mario? - preguntaba la nena de 7 años...
sigo leyendo el viaje, cuando puedo hacerme un recreito.
un fuerte abrazo
guille

Josefina dijo...

Mario, Ceci y Carmen y Aurelia que no se quien demonios es pero ya que esta tambien le cuento a ella.
Si tienen un minuto en el fabulo viaje que están haciendo, entren en wwww.josefinasolari.blogspot.com
Saludos Lean

Datos personales

Ushuaia, Tierra del Fuego, Argentina
Médico. Jubilado, aunque no tanto.