Sicilia ( 10 al 14 de junio de 2008)
Luego de Nicotera (ver blog anterior) rumbeamos directo para el puerto de Villa de San Giovani, en el continente italiano, lugar desde donde se cruza a Sicilia. El estrecho de Messina es la porción de agua que separa “la bota“ de la isla mayor del Mediterráneo. En ese estrecho, que no debe tener más de 10 millas de ancho, se juntan el mar Iónico con el mar Tirreno y tiene fama de “difícil” para navegar. Nos preguntamos todo el viaje si no había un puente allí, pues si algo tiene el sur de Italia es una infraestructura vial en plena construcción y ampliación tal como confirmamos ese día atravezando decenas de túneles y viaductos. Los viaductos son tramos de rutas sostenidas a cientos de metros de altura por puentes increíbles. Uno de ellos nos llevó a 2100 m sobre el nivel del mar, al que víamos claramente allá abajo. Pues bien: no, no hay puente alguno. Por motivos ocultos para nosotros, allí sigue vigente el traghetto, o barco que hace la carrera ida y vuelta de San Giovanni o de Reggio de Calabria a Messina, en Sicilia. O sea, nuevamente a navegar.
En Messina rumbeamos rapidito para la costa norte buscando payas. El lugar elegido en el mapa, Capo Milazzo, resultó tener campings no muy lindos así que continuamos hasta Oliveri, ciudad preciosa que alberga al camping Marinello, ubicado en la playa del mismo nombre. Allí pasamos dos excelentes días.
¿Qué les puedo contar de esas playas? Agua limpísima, playas extensas a los largo de una especie de bahía, piedra fina o mediana en lugar de arena, el agua se hace pileta a 2 metros del borde de la playa y de fondo, un promontorio gigantesco que alberga un monasterio en la punta. Vean las fotos que dicen todo, o casi todo, pues la sensación de bienestar y paz que se goza en ese lugar no se muestra en una foto.
En ese camping “asistimos” casualmente a un casamiento que se llevó a cabo en el restaurant de la playa. Bueno, asistimos es un decir: presenciamos la llegada de los invitados en sus fabulosos coches, las mujeres en sus mejores galas, y los hombres en riguroso negro (traje, camisa y zapatos) con corbata chillona. También escuchamos la música en vivo durante algunas horas, todo desde Aurelia.
Más temprano en el pueblo habíamos comprado carne en una macelleria cuya dueña nos contó algunas historias de argentinos que vivían por allí. Esa carne de vitello (novillo) sería el primer corajudo intento de comer carne de vaca; digo corajudo por el precio, ya que salió 12 Euros el kilo! La hice en una pequeña parrillita (que habíamos comprado en Roma, junto con la mesita ¿se acuerdan?), y salió delicioso.
También en ese pueblo encontramos buena internet lo que aprovechamos bastante.
El 12 partimos a una de las experiencias de conducción más alucinante de mi vida: si les conté que la costa amilfitana fué difícil, no se que adjetivo usar para describir lo que sigue.
Resulta que tontita, nuestro navegador satelital, nos guió directamente al camping solicitado que se encuentra en Sferracavallo, un puerto pesquero muy bonito en el extremo oeste de Palermo; pero nosotros veníamos desde el este, por lo que esperábamos que tontita nos hiciera bajar de la tangenciale (avenida circunferencial) después de superar el conglomerado de la ciudad. Pero no, tontita nos bajó antes y nos hizo cruzar el centro de Palermo (sitio expresamente desaconsejado para el turista con auto en todas las guías) por unas calles INCREIBLES. Como en todo el sur italiano, las calles no tienen vereda y las casas son el límite de la vía transitable. Pero en Palermo además, ambos laterales se usan para estacionar (a veces en doble fila) y ómnibus y camiones de gran porte se largan como si fuera una autopista. Es inenarrable la sensación de desesperación que me asaltaba cuando luego de acomodar a Aurelia en el estrecho callejoncito que me dejaban los autos estacionados y el que viene de frente, de golpe aparecía un omnibus tamaño larga distancia (no les exagero) que por la via contraria busca un rinconcito en donde apretujarse y me espera como diciendo “pasá. ¿qué te pasa? ¿tenés miedo?” іClaro que tengo miedo! Miedo de rebanarle un pedazo a algo o a alguien. Lo más curiosos es que nadie se molesta porque una autocaravana se meta por allí y estorbe: todo el mundo ve como natural que yo ande en caravana, que el bus gigantesco pare en triple fila para subir y bajar pasajeros taponando todo el caos, que el señor del BMW deje el auto en cuádruple fila para ajarse a comprar cigarrillos o que la niña con e Smart decidió meterse a contramano en la bocacalle porque encontró un cm cuadrado en donde dejar su autejo. Todo vale, nadie se queja. іViva Italia!. Lo que les puedo asegurar es que mi concepto de espacio y volumen está completamente en revisión luego de esta experiencia palermitana.
¿Saben que quiere decir Palermo? Pan-ormos, o sea “todo puerto” en griego. ciertamente es una ciudad puerto. Su historia es tan fascinante como complicada: diversas dominaciones se superpusieron a sus genes griegos y romanos, moldeando una forma de ser muy especial, difícil de describir. Podría intentar definirla diciendo indisciplinada, fetichista, profundamente religiosa y malhumorada. El Siciliano parece estar enojado todo el tiempo, pero no es así. Es un modo. El que te sirve la pizza te hace sentir que le molestás...Nuevamente la suciedad estructural es notoria, aunque algo menor que en Nápoles. Déjenme describirles: estamos arriba de un bus detenido en la terminal, esperando que llegue la hora de partir. El chofer está comiendo un durazno; cunado termina, sin ningún empacho y delante de todos, arroja el resto del durazno por la puerta abierta del bus hacia la vereda...
En Palermo recorrimos el centro histórico arrancando en el Quattro Canti, cruce de las dos principales calles que perduran desde el trazado romano original. Monumentos a reyes españoles, estatuas griegas y romanas, fuentes renacentistas e iglesias de un barroco recargado, hablan claramente de la mezcla increible de influencias que esta parte de la bella Italia exhibe. Especialmete divertido fué el paseo por un mercado al aire libre que ocupa varias cuadras angostas en la zona menos turística de Palermo. Los vendedores son todos tenores frustrados porque vocean su mercadería a
voz de cuello, gritando en tonos líricos su pescado, sus succhini o sus panini, como si ofrecieran productos que nadie debiera dejar de comprar. Casi da temor no comprar. De película.
El camping “Degli ollivi” nos esperaba para velar nuestros sueños rodeados de tantos árboles de olivo que por momentos nos sentimos personajes de la historia sagrada.
De Palermo cruzamos en diagonal la isla para llegar a Catania, ciudad del Etna. Deliberadamente en esta desición, sacrificamos Agrigento, colonia griega espectacuar según guías y comentarios escuchados. En fin, todo no se puede.
El Etna es uno de los pocos volcanes en actividad en Europa. Está rodeado de pueblitos, alguno de ellos son estaciones de esquí en el invierno, fáciles de recorrer y muy entretenidos. La joya de la excursión es acercarse a las “coladas” históricas aun presentes como mudas pruebas de su potencia, y a la zona de los cráteres, bien arriba, en donde la montaña perdió su vegetación y todo es ceniza, piedra lávica y desolación. Impresiona pensar que en cualquier momento el monstruo se despertará y volverá a espantar a humanos y animales a quienes echará ladera abajo vaya a saber hacia dónde. No se explica como se puede dormir en las colinas de un monstruo que llegado el caso intentará calcinar vivo a quien ose atreverse, como los de Pompeya. Y sin embargo, allí viven, aparentemente sin problemas, varios miles de sicilianos.
Sigue la vuelta. De Catania a Messina para regresar a la bota.
Arrivederci.
2 comentarios:
queridos amigos:
el nivel de envidia es el suficiente para imitarlos en algùn momento.
cariños y sigan disfrutando
un gran abrazo
guillermo y verónica
Geniales los tanos manejando, es cierto. Con el mismo o peor estilo caótico que nosotros, pero con esa diferencia: ellos -aunque griten- no dramatizan, "e la nave va".
Muy buenos los relatos, les envío un gran abrazo.
Miguel
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