martes, 15 de julio de 2008

Delfos

Delphos, el oráculo (28 y 29 de junio)

Atenas nos tenía reservada una sorpresa más: para conocer la penínsua de Attica, que se extiende al sur de la capital, iniciamos un recorrido circular que comenzó por la región de Pireos, en donde está el puerto famoso desde donde se va a todas las islas del Egeo. El puerto en sí no tiene nada en especial, pero la zona que le sigue al sur es de una suntuosidad urbanística notable: avenida costera ancha con boulevard, edificios de departamentos muy lujosos alternados con villas elegantes, marinas y mar con playas excelentes. Allí entendimos dónde viven los ricos de Atenas.
Más alla de Pireo alcanzamos el cabo Sounion en donde permanecen los restos del templo de Poseidón (Poseidón, valga la aclaración, era el hermano de Zeus).

Luego Marathona, la ciudad en donde se libró en el 490 ac la batalla final contra los persas y que le dió la victoria a Atenas. Desde esa ciudad, situada exactamente a 42,195 km de Atenas corrió el soldado Fedippide, con sus armas y armadura completa para contar a los ansiosos atenienses que se había ganado la batalla. Luego murió exausto. Esta es la leyenda que sustenta el concepto olímpico del maratón, disciplina que por cierto se corrre en su recorrido original todos los años, exactamente esa distancia, sin armaduras y sin muertos, afortunadamente. Un montículo (túmulo) de tierra cubre solemnemente los cuerpos de los 192 griegos muertos en la batalla.

Seguimos ahora camino a Delfos. Para ello hubo que atravezar la laguna de Marathona, nuevamente vimos allí construcciones suntuosas que superaron en tamaño y lujo a las que vimos en Pireos. Obiamente, hay muchos griegos con plata.

Delfos está al pié de los montes Parnaso. Para llegar a ellos se atravieza una región montañosa muy impresionante, digna de centro de ski. Ciertamente, la zona es un centro de esquí en invierno y alguna de sus localidades, como Arachova por ejemplo, guarda un estilo totalmente alpino. Casi todo la parte final del camino la hicimos ya de noche.
Arribamos al camping muy tarde, con la sensación de haber transitado a oscuras un camino de precipicio, cosa que comprobamos el día siguiente. El propio camping ofrece un espectáculo vertiginoso: desde el borde mismo de la piazzola (así se llama al pedazo de terreno que uno usa cuando pone una caravana) se asoma uno a la escarpada colina que desciende hasta un valle largísimo, al final del cual se divisa el mar, en el golfo de Corintio. Camping excelente, con piscina abierta hasta las 22 hs que me esperó para darme un chapuzón nocturno antes de dormir.
A la mañana siguiente un simpático trencito gratuito operado por el municipio nos transporta por carretera hasta las ruinas del oráculo.

Delphi o Delfos era considerado por los atiguos como el centro del mundo. Alli estaba uno de los oráculos (había varios en la antigüedad) a donde muchos concurrían para conocer su destino. Los griegos estaban plenamente convencidos que existía un destino para cada uno ya definido por los dioses, y la posibilidad de conocerlo era el fomento de estos oráculos.
El tema funcionaba así: una sacerdotiza, habituamente una mujer madura, era la que tenía el contacto con los dioses, o sea que los dioses hablaban a través de ella. Para lograr conocer su destino, los peticionantes declaraban ante los sacerdotes del oráculo qué cosa querían conocer. Los temas de interés no parecen diferir demasiado de los nuestros: si había fidelidad en la pareja, cuando terminaría la guerra y quien ganará, si el amigo cometería traición, si una deuda sería pagada, etc. Una vez establecida la petición, la sacerdotiza entraba en trance (se cree modernamente que utilizaba drogas alucinógenas) y en algún momento decía algo seguramente ininteligible, que luego los sacerdotes debían interpretar correctamente. La versión “traducida” de los prietes era la profecía.
La fama del oráculo de Delfos era enorme y personas de todas las categorías y lugares concurrían a él.
Lo que queda de los templos que conformaban este orácuo es mérito de las excavaciones y trabajos interpretativos de arqueólogos franceses en el siglo XIX. Eso motivó, entre otras cosas, que los posters interpretativos a lo largo del recorrido estuviesen escritos en el habitual griego y en...francés. Menos mal que teníamos la guía nuestra.
Se pueden identificar bastante bien los antiguos edificios. La calle original, o sagrada, cuyo recorrido enhebra los distintos templos y monumentos votivos está intacta en su mayor parte. Arriba, muy arriba de todo, está el consabido anfiteatro y, en este caso particular, un estadio en donde se desarrollaban unos juegos émulos de los de Olympia.
Las ruinas de Delfos tienen un escenario montañoso muy particular que las hace únicas. Bien valió la subida. (y los euros de la entrada)
De regreso a descansar, más pileta y relax. A la noche disfrutamos en el bar del camping el triunfo de España sobre Alemania en la final de la Eurocopa, para fastidio del resto de la audiencia que eran todos alemanes. ja, ja.
Oráculo y Eurocopa, sigue el show de la globalización. Que se le va a hacer!
Hasta la próxima.

2 comentarios:

bibiana dijo...

! QUE TE PUEDO COMENTAR MARIO!
ENTRE EL CAMPO Y EL GOBIERNO ...ME QUEDO CON EL CAMPO, ENTRE ESTAR AQUI EN LA ESCRIBANIA Y DELFOS...NO SE QU´´E DECIRTE.
POR LAS DUDAS VOY A IMPRIMIR TODO TU VIAJE, TAL VEZ ME SIRVA DE GUIA PARA CUANDO VAYA.
!MUY HERMOSO! LA VERDAD QUE ME OBLIGARON A IR VARIAS VECES A LOS MAPAS Y ENCICLOPEDIAS.A ESAS QUE TIENE EMILIO ,VIÓ?

Anónimo dijo...

Queridos Mario y Ceci:
Aprovecho unos días de descanso invernal para ponerme al día y leer esas maravillosas descripciones, que solo potencian las ganas de recorrer los lugares!
Pero hoy quiero decirles: FELIZ DÍA DEL AMIGO!!!!
Con todo el cariño de:
Nora y Ale

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Ushuaia, Tierra del Fuego, Argentina
Médico. Jubilado, aunque no tanto.