miércoles, 23 de julio de 2008

ALBANIA

Albania (1 y 2 de julio de 2008)

La salida de Grecia fué traumática, no sólo porque amamos el país que dejábamos sino porque además íbamos a ingresar al país más difícil de nuestro itinerario: Albania.
Las referencias sobre Albania que pudimos obtener en Grecia, ya sea preguntando a operadores turísticos o a los encargados de los campings fue preocupante: muchos no nos alentaron a ir y nadie supo decirnos si había campings. No pudimos conseguir una sola guía sobre Albania en Grecia. La encargada del último camping griego, el de Ioanina, ante la pregunta de “¿cómo es Albania?” respondió en inglés:“terrible”. Un sólo mapa nos marcaba un probable camping en una localidad costera a unos 100 km de la frontera de ingreso.
Con semejante escasa e inquietante información nos largamos. Las opciones no eran mejores: regresar a Italia, o atravezar FYRM (Former Yugoeslavian Republic of Macedonia) y Bulgaria para entrar a Croacia pero por Serbia, pues Bosnia y Herzegovina exigen a los argentinos visa, que no teníamos.
Los guardias de frontera griega de salida casi nos impiden egresar de Grecia pues olvidamos pedirle al amigo Ralph una autorización para sacar a Aurelia de Europa. Pusimos la autocaravana a nombre de Ralph por motivos que no merecen explicarse aquí pero que significó ahorrarnos un montón de euros. Después de ensayar mis mejores caras de dolobu-sudaka ante la agente aduanera, ella se conmovió y me dejó pasar. El de migraciones también se rehusó a sellarme el pasaporte pues yo no tenía sellada la entrada en Europa.
Déjenme explicarles: en París el agente de migra se equivocó y me hizo pasar sin sellarme el pasaporte porque consideró que estaba en tránsito a Munich ( no obstante ello, a Carmen, una ventanilla más allá, sí se lo sellaron). A Cecilia ni se lo miraron pues exhibió el passaporto italiano, Cuando llegamos a Munich yo le pido al migra que me selle e pasaporte, pero se resiste pues dice que acabo de descender de un vuelo de cabotaje y que no debo hacer ningún trámite. Resumen: la única sobre la que se ejercería la presión de los 90 días de visa turística para el espacio Shenguen (frontera común) europea sería de allí en más, Carmen. Yo nunca ingresé a Europa y Cecilia es italiana.
Volviendo a la frontera de salida griega: sin ingreso a Europa, no me ponen sello de salida, así que en esas condiciones nos acercamos a la garita albanesa. Mucho menos inquisidor, el cansado agente albanés se limitó a cobrarnos los tres euros de tasa aduanera, selló todo y en un santiamén estábamos fuera de Europa en la enigmática Albania.
¿Qué les puedo decir?. Albania es...pobre, muy pobre y extremadamente precaria en todo.

Un poquito de historia: Albania, en este momento el país más pobre de Europa, (Europa región, no Comunidad Europea) no integró la República Popular Federal de Yugoeslavia de Tito al término de la segunda guerra mundial. Mientras Yugoeslavia migraba de la tutela soviética a una posición no alineada, con un socialismo independiente del bloque, en Albania se entronizaba bajo la aprobación soviéica, una especie de lider conductor llamado Enver Hoxha, ultracomunista ortodoxo. Tan ultra que cuando Rusia comienza a criticar el stalinismo, este Hoxha rompe con la URSS y se va con Mao. Cuando la China de post Mao comienza su revisionismo, Hoxha ⅰrompe con China! Este hombre es en gran parte responsable del enorme atraso y aislamiento de Albania, en donde hasta hace poco eran ilegales las relaciones sexuales prematrimoniales y hasta hace diez años estuvo prohibida internet. El petróleo lo vimos bombear con unas “cigüeñas” antediluvianas, todas oxidadas, y entre los campos sembrados es común ver depósitos al aire libre de residuos de petróleo. La poca maquinaria que se ve es vieja y rota.
Entre otras curiosidades, este loco hizo construir en todo el territorio albanés unas especies de casamatas para proteger a los albaneses de supuestas inminentes agresiones externas. Fueron en total cerca de 300.000 bunkers, uno cada diez albaneses. Se las ve regadas por todos lados: con la ironía que corresponde a tan distinto origen, por momentos las comparamos con los trulli de Alberobello, en Italia

Volviendo al viaje: El asunto era tratar de llegar a ese solitario y único camping que habíamos encontrado en un mapa y en una referencia en internet (un ciclista que había pasado por allí y en un blog, dejó escrito ese dato).

Tomamos coraje y enfilamos hacia Saranda, a 35 km de la frontera con Grecia.
Comenzamos a andar por unos caminos
muy escasamente señalizados, en muy malas condiciones de mantenimiento y afortunadamenne con muy poco tránsito. Nada del idioma era comprensible y ni soñar con doble lenguaje en los carteles como en Europa (allí los carteles están casi siempre en el idioma del país y en ingés). Las imágenes que comenzamos a ver a través de la ventanilla eran las de un paraje rural sumamente pobre, con infraestructura visible casi inexistente (respiramos cuando vimos una estación de servicio), con gente de rostro sombrío y envejecido, chicos con mirada tristona y pedigüeña, casas viejas y muy deterioradas, nada de presencia de comunidad organizada (ni semáforos, policía, cuarteles de bomberos, puestos sanitarios, y menos que menos, oficinas comunales de informes turísticos). De vez en cuando cruzábamos algún vehículo que invariablemente era un Mercedes Benz de 30 o 40 años atrás, o camioncitos desvencijados cargados hasta la cima con fardos de forraje todos mal estibados. Muchos campesinos por la ruta moviendo sus animales y muchas mujeres en una actividad que resultó luego ser típica de Albania: pasear la vaca.
Debo reconocer que la zona sur por donde entramos es la más pobre de este pobre país, pero lo que vimos luego apenas mejoró un poco la primera impresión.
El idioma fué una enorme barrera, no solo por nuestra absoluta incomprensión del Albanés, sino porque encontrar un albanés que hable inglés es raro. Para colmo, el gesto de “sí” y “no” con la cabeza es exactamente opuesto al occidental: para negar hay que mover la cabeza hacia arriba y hacia abajo y para afirmar, horizontalmente. Sin comunicación posible, las dificultades se agrandan.
tranquilos de mala ruta de asfalto, éste desapareceió para dejar lugar a una calle de piedras de todos los tamaños posibles, extremadamente despareja que, no les exagero, era mucho, pero mucho peor que la peor ruta chilena en la isla de Tierra del Fuego (los lectores Ushuaia sabrán a qué me refiero). Por momentos parecía que Aurelia se desarmaría en un instante. Todo temblaba y se sacudía mientras intentábamos avanzar a 10 km/En Saranda debíamos rumbear por la ruta de la costa, marcada en el mapa. No sé cómo describirles lo que es esa ruta. Luego de unos pocos kilómetroshora. Esperanzados en que esa picada (suponemos que en construcción por algo de trabajos viales que se veían alrededor) fuera breve y que algún tipo de ruta transitable aparecería pronto, intentamos continuar. Pero no: el horror vial continuaba y algunos autos y camiones que nos cruzaban nos hacían temer un piedrazo en el parabrizas en cualquier momento. Luego de una rápida evaluación de posibilidades decidimos no arriesgar a Aurelia en una catástrofe como podría ser romperla en Albania. Regresamos por nuestro pasos y tomamos la ruta al norte por el centro del país, abandonando la playa. Ahora la ruta fué normal, muy buena hasta Gjirokastër (unos 56 km) y luego angosta y poseada, constituida por ex-asfalto hasta Durres, un puerto aproximadamente a la mitad de la distancia entre los extremos longitudinales del pais.
La ciudad de Durres es bastante turística y numerosos hotel playa, la cual vimos ya atardecida, poco antes des se alinean en lae la puesta del sol. Sin campings, intentamos una parada salvaje en el estacionamiento de un hotel y restaurant, campaneando el ambiente, pero un no muy discreto mozo del restaurant nos advirtió que no podriamos quedarnos alli. Ya muy cansados, vencidos por las dificultades y de noche, buscamos un hotel barato para pasar la noche, pero antes nos consolamos en un restaurant de la playa.
A la mañana siguiente, pudimos conversar un rato con la dueña del hospedaje, profesora de inglés en Durres. De ella pudimos obtener algo de información, aunque quizás sesgada de su posición económica mejor. Me dió la impresión que hablamos con una integrante de una nueva clase emergente de las ciudades mayores de Albania: jóvenes un poco más acomodados que el resto de sus congéneres, con visión más optimista del futuro de su país y con ansias de europizarse pronto.

Sin desearlo, reconocimos que estábamos fracasando en conocer a Albania de esta manera. Nuestros derroteros más que de conocimiento y contacto con la gente ya se estaban transformando en un escape. Pondríamos rumbo al norte, buscando la frontera con Montenegro, pero antes, haríamos un postrer esfuerzo por conocer a la pobre Albania: Tirana, su capital, sería nuestro intento.
Tirana es claramente una ciudad con pasado comunista. Los que hayan tenido la oportunidad de visitar alguna ciudad del ex bloque socialista, sabrán a qué me refiero. También se puede tener idea de lo que quiero decir si pensamos en la Plaza de la Revolución, en la Habana. En definitiva, lo que quiero contar es que es una ciudad con grandes espacios abiertos ocupados por sólidos monumentos en estilo “realismo socialista”. Anchas avenidas y grandes plazas y ausencia de publicidad callejera. Adornando este panorama, numerosas estatuas conmemorativas de gestas heroicas de la lucha por la independencia, y de los héroes del socialismo. Un ingrediente local lo constituyen las mezquitas, que aquí son frecuentes y fueron, obviamente, respetadas durante el período comunista.
Una solitaria inscripción que reza “Nënë Tereza” en donde debiera estar la estatua del Nóbel de la Paz, la monja albanesa conocida como Teresa de Calcuta, nos recuerda la nacionalidad de esa extraordinaria mujer.
El muy lujoso Hotel Internacional tenía WiFi gratis así que justificamos un par de sandwiches, cafés y cocas con las que nos regalamos un poco de descanso en la calurosa caminata.
En una librería conseguimos ⅰpor fin! una guía de Albania.Lo primero que descubrimos es que habíamos dejado atrás unas ruinas romanas importantes, en Butrint, casi en la frontera con Grecia. Lástima. La gúia, como Albania, resultó precaria pero nos dió más información que la que podíamos cosechar personalmente.
Si, Tirana es de alguna manera, otra Albania: más moderna, más organizada, y parece económicamente más sólida. Impresionó como lo que es: una ciudad grande en un empobrecido país.
Seguimos rumbo al norte en nuestro segundo y último día en Albania. Entonces pasamos por innumerables pueblos ¿iguales? a lo largo de interminables kilómetros de espantosas rutas, hasta llegar al fronterizo Shköder. Casi sin detenernos, creo que agradecidos, cruzamos a Montenegro.

Debo reconocer nuestra total frustración. No somos viajeros exigentes y no solemos tener temor a lo desconocido, lo precario y aún lo peligrosos cuando de viajar se trata. Pero Albania fué un trago amargo. Como una mujer maltratada, desaliñada y sin atractivos visibles, nos dejó pasar a su lado casi sin mirarnos, no nos habló y esperó sin mayores dudas a que saliéramos de su casa incómodos y cansados, con la sensación de no ser queridos.
Albania es una enorme deuda pendiente que ya anotamos en nuestro haber; ojalá podamos regresar a este raro país en otras condiciones, en otro formato de viaje quizás, para develar sus misterios.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Mario:

Interesante descripción de un país del que probablemente ninguno de nosotros, tus lectores, teníamos información.
Contrariamente a tu expectativa, creo que en mi caso no va a estar en el listado de los lugares pendientes de conocer.
Ante dudas como la que pasaste en Albania, no dejes de consultar cuando Internet te lo permita la pagina de ViaMichelin, La ruta a Saranda la muestra como huella.
En realidad, estos comentarios son una forma de manifestar nuestra compañía, a través de tu relato.
Que todo siga muy bien como hasta ahora, queda mucho por recorrer.
Un abrazo, y cariños a Carmen y a Cecilia.

Datos personales

Ushuaia, Tierra del Fuego, Argentina
Médico. Jubilado, aunque no tanto.