domingo, 6 de julio de 2008

Esparta

Esparta y Mistra (23 y 24 de junio)

De Ghithio nos dirigimos a Esparta, aún a sabiendas que de la antigua y potente ciudad ya no queda nada. Así lo verificamos ya que la Esparta moderna, edificada a raso sobre lo que alguna vez fue el bastión del principal enemigo de Atenas, nada deja ver de su pasado. Es una ciudad más.

En cambio cerca de allí, la antigua ciudad de Mistra ofrece mucho para ver y conocer. Para empezar, el ascenso a los montes Taigheto en donde los bizantinos erigieron un castillo/fortaleza; alrededor del mismo se estableció luego la población aldeana, al abrigo del castillo cuando las amenazas apretaban. Se llega a la parte más alta de las ruinas en donde hay un parking y allí dejamos a Aurelia ( gran error, como aprenderíamos poco después). Empezamos a recorrer las ruinas del castillo acariciados por una brisa que sube del valle hermosísimo y el que se aprecia en toda su extensión. Luego de una media hora, completada la recorrida de lo que queda del castillo, comenzamos a bajar el monte a través de las distintas ruinas de la vieja ciudad que creció alrededor. Luego de más de una hora de una calurosa y difícil bajada, llegamos al parking inferior para darnos cuenta que la única manera de volver al estacionamiento de arriba es caminando. Las chicas se quedaron agotadas y acaloradas a la sombre mientras la víctima comenzó a caminar (ni bus, ni taxi, nada pasaba!) los casi tres kilómetros de subida a la una de la tarde bajo un sol impiadoso. Gracias a una amable señora en su autito que respondió a mi "dedo", pude reunirme con Aurelia sin morir en el intento. Al regresar, recogí a las sufridas expedicionarias y partimos contentos rumbo a Argos.


En Argos subimos el monte en donde se encuentra un castillo medioeval, el de Larisa. Su principal mérito es que de allí se puede ver,(por primera vez para nosotros) el mar Egeo. Luego de pasear las ruinas intrascendentes y apreciar el azul Egeo, descendimos y merendamos allí nomás, en la cima de esa montaña, con la brisa fresca del valle a sus pies.
El siguiente objetivo era Micenas, en donde nos encontraríamos con las mayores muestras arqueológicas de la cultura Micénica, puerta de los leones, gran palacio y tesoro de Atreo incluidos.





Atreo era hijo de Pelope (revisar mi apostilla sobre el Peloponeso). Su mujer es seducida por su hermano (de Pelope) llamado Tieste. En venganza Pelope mata a los dos hijos de su hermano, los hierve y los sirve en banquete a Tieste. Al terminar, en una bandeja le ofrece a su hermano los testículos de los hijos asesinados para imponerle el origen de lo que había comido. Alguna semejanza con El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante, de Greenaway?
De Atreo desciende Agamenon, héroe de la guerra de Troya, pero maldito por los dioses por las acciones de su padre.
Hasta aquí un pedacito de mitología. Los micenos efectivamente gobernaron el área en el 1500 ac, luego de ocupar el lugar vacante que les dejó la cultura minoica, extrañamente desaparecida. Con un desarrollo impresionante de las artes, escritura y la guerra, esta fantástica civilización durará apenas 200 años, vencida por los belicosos dóricos, que establecen en Esparta su principal capital.

La mitología y la historia parecen fundirse por estos pagos: en el siglo XIX un famoso arqueólogo alemán de nombre Schliemann despierta un alboroto científico cuando en excavaciones en Micenas descubre tumbas reales con la aparente máscara mortuoria de Agamenon: si hay máscara, hubo Agamenón, quizás Troya y todo lo demás. Aún hoy se discute cuál podría haber sido la Troya de Homero y si existió o no la famosa guerra. A Schliemann lo sepultó el carbono 14 ya que la maravillosa máscara que el halló es bastante anterior al probable Agamenon.

Bueno, íbamos a Micenas. A pesar de elegir autopista, llegamos tarde otra vez, pues cerraba a las 15 hs. A sabiendas que las mayores reliquias allí halladas están en el Museo Arquelógico de Atenas y que hacia allí íbamos, decidimos no hacernos mala sangre y proseguir. Así fué que apuntamos hacia Nauplia, hermoso pueblo costero con una marina muy bonita y opulenta. El pueblo, muy prolijo y dirigido al turismo, es una hermosa colección de callejuelas con balcones floridos, llenos de restaurantes y una plaza principal tan limpia que sus mosaicos brillaban.
Los yates y veleros que recalan en su puerto alimentan los negocios de comidas y los shops de todo tipo. El municipio está tan organizado que tiene un servicio de audioguía gratis.
Ya era tardecito así que apuntamos a Cabo Tolo a dormir en un camping muy confortable, internet incluida. El siguiente día sería para Epidaurus, así qeu a dormir.

snzzzzzzzzzzzzz

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Ushuaia, Tierra del Fuego, Argentina
Médico. Jubilado, aunque no tanto.