viernes, 11 de julio de 2008

Atenas, la gran capital

Atenas (25 al 28 de junio de 2008)

Cruzamos el estrecho de Corinthios por el puente viejo, lo que nos permitió observar en su magnitud esta particular obra humana. Proyectado inicialmente por Nerón, pudo recién ser realizado en tiempos recientes. El único punto en donde la península del Peloponeso se une a resto del continente, interrumpía el paso de las naves entre el golfo de Corinthio y el Egeo. Entonces lo cortaron como con cuchillo y le construyeron puentes. Uno de ellos es el que atravezamos,
Entramos a Atenas temprano ya que habíamos planeado el día anterior no entrar tarde en una ciudad grande y desconocida para disminuir el riesgo de perdernos. Para ello acampamos a las puertas de la ciudad el día anterior. La idea fué estar instalados desde la mañana para aprovechar al maximo el dia. Mal cálculo. Si bien encontramos más o menos rápido el camping (el único que está en la ciudad) no contábamos con el factor temperatura: 38,9 a la sombra nos quitaron todo ánimo de salir hasta la tardecita.
El camping tiene buen acceso a la ciudad ya que está en la ruta nacional Atenas corinthio por donde pasan buses que hacen conexión con metro que nos dejaban luego en prácticamente donde quisiéramos. El ticket, como en otras grandes ciudades europeas es combinado con el tren, metro y trolley.
La primera impresión de la gran capital: muy limpia y ordenada, muy buenos transportes (bus moderno con aire acondicionado), estaciones de subte que son un delicia y muy buena información en folletería municipal.
Confieso que contábamos con prejuicios: nos habían hablado de una Atenas sucia, olorosa, terriblemente mal organizada y caótica.
Qué distinto resultó.
El bus nos dejó en una parada desde donde tomamos el metro. Las estaciones de la metropolitana (así se llama al subte) son unos excelentes museos vivos: además de galerías con exposiciones de fotografías de refugiados afganos de un fotógrafo canadiense (?), se pueden apreciar preciosamente presentadas y explicadas, las reliquias que se fueron encontrando cuando se realizó la ampliación de la línea hace algunos años. No sólo conservaron las reliquias sino paredes enteras que son ruinas de antiquísimas construcciones, se han dejado expuestas bien protegidas con cristal o policarbonato, todo a lo largo de varios pasillos de las nuevas estaciones, En la de plaza Sintagma particularmente, parte de los pasillos que se usan para transitar dentro de la estación, tienen piso de vidrio que permite ver, por ejemplo, restos de un acueducto usado en la Grecia antigua. Maravilloso.
Nuestra primera incursión en la capital iba a evitar deliberadametne la Acrópolis para reservala para el día siguiente bien temprano, por lo de siempre: evitar japoneses y minorías turistas. Así es que empezamos por la plaza Sintagma (Constitución), recientemente remodelada. Allí está el palacio del
congreso o Vuoli, custodiado por los Evzonis, guardias históricos con vestimenta extravagante para nuestros días (tienen un pompón rojo en la punta de los zapatos...) y una obligación aún más exótica: deben permanecer inmóviles en su turno de guardia, al rayo del salvaje sol de Atenas. Parecido a los guardias de alto sombrero negro que custodian Buckinham en Inglaterra, o a nuestros Granaderos. Un soldado adicional tiene la tarea de secarles la

transpiración cada dos o tres minutos, mientras multitud de turistas posan al lado del sufriente para la clásica foto. De allí enhebramos un recorrido por Plaka, un bonito barrio ateniense plagado de comercios pero también con buena atmósfera local. Los restaurantes son muy tentadores pero no cedimos. El recorrido de Plaka termina en un antiguo foro romano, al lado de Ancient Agora, o antigua plaza/mercado de la ciudad. Desde alguna de las callecitas de Plaka, dirigiendo la mirada hacia arriba, pispeamos la Acrópolis que veríamos mañana, para ver si es cierto que el mármol del Partenón brilla en dorado al atardecer. Es totalmente cierto. Parece que el contenido en hierro del mármol usado en el Partenón produce ese reflejo tan particular. De Plaka desembocamos en el Monastiraki, plaza y barrio que llevan ese nombre por un antiguo monasterio que allí había y del cual aún se ven restos. En Monastiraki exite un viejo mercado de pulgas que vale la pena ver, pero que a esa hora ya estaba cerrado. Dimos por finalizada nuestra primera incursión a la ciudad de Atenas y regresamos al camping.
Pasamos una pésima noche porque la temperatura no bajó un ápice: Aurelia ardía con 38 grados en su interior, pero afuera no mejoraba. Juramos conseguir ventiladores el día siguiente.

Segundo día: con más ener
gía que el día anterior, emprendimos la Acrópolis. La parte alta de la ciudad (eso quiere decir Acrópolis) está insertada en la cumbre de un gigantesco promontorio de roca que sobresale varias decenas de metros del nivel de la metropolis.
La cantidad de turistas presentes en esa escasa hectárea o hectárea y media que ocupa la parte alta de la Acrópolis es increíble. Uno va casi arrastrado por una marea
humana que por momentos parece la salida de una cancha de fútbol de un clásico (sin cánticos ni puteadas, eso sí). Surgen rápidamente dos cálculos: cuánta plata se recauda si cada uno paga 12 euros, como pagamos nostros, y cuánto va a durar ese hermoso conjunto de edificios si seguimos visitándolo de esta manera. No tengo la respuesta de ninguno de los cáĺculos.
Casi todo los monumentos de origen griego visitables en la Acropolis s
on del siglo de oro, o sea el V ac. Se encuentran también restos de numerosas construcciones romanas que corresponden al II dc en su gran mayoría. Hay mucho trabajo de restauración que, si bien gratifica y entusiasma, genera contaminación visual importante. Ejemplo de ello es una gigantesca grúa pluma
plantada detrás del Partenon. Por la entra da sur en donde nos deja la parada de la metro, se ingresa por el lado del teatro de Dionisio y el anfiteatro de Erodes Attico (un romano colado). Del primero fascina saber que es la cuna del teatro, pues allí, a Sófocles y otros se les ocurrió hacer representar sus comedias y tragedias por personas que contaran la historia con gestos, con cantos y con coro. Es considerado el lugar de la primera representación teatral como tal que se conozca.
Luego del
teatro de Erode Attico comienza una rampante subida bastante bien suavizada para los turistas de todas las edades, a través de la cual se alcanza la entrada a la Acrópolis propiamente dicha, o sea la meseta superior del promontorio. Distintos restos, algunos totalmente originales sin modificar y otros restaurados, nos muestran el templo de la diosa Nike, la Propilaia o edificio de entrada, y el monumento a Agripa (la mujer de otro romano que también dejó sus huellas aquí). La ansiedad crece a medida que uno avanza por restos de edificios atrapado en la marea humana, y el Partenón no aparece. Pero la tardanza es recompensada con una aparición espectacular: a la vuelta de una pequeña ruina, allí estaba radiante al sol el
edificio mayor de la antigua Grecia. Aún desnudo de los frisos que lo engalanaban y que se robó la corona para exponerlos en el British Museum, la obra más gra
nde del

arquitecto Fidias es hermosa y cumple todas las espectativas.
Aprovechamos la mañana al sol y también los pedazos de sombra que se pueden encontrar alrededor del Partenon para observarlo detenidamente desde todos sus ángulos. No tiene sentido que intente una descripción detallada, la que dejo a los arquitectos y proyecto de arquitectos que estarán leyendo esto. Sólo me ocurre decir que el edificio transmite algo grande, pareciera haber sido hecho para perdurar, aunque sea así en ruinas, los mármoles del techo desaparecidos, las columnas raídas y su magníficas decoraciones robadas o rotas. Así y todo, hace 2500 años hubo una civilización maravillosa se ocupó de levantar este testimonio que habla de ellos y de su grandeza. Formidable!
De la Acrópolis habíamos observado el templo de Zeus, o lo poco que queda de él, allí abajo. Descendimos y luego de ingresar a una especie de campo deportivo de dimensiones monumentales, nos acercamos a ver el magnífico templo que fué dedicado a Zeus, dios de dioses para los griegos. Casi no queda nada de él. Se pueden ver algunas escasas columnas de pie y unas cuantas tumbadas, lo que permite ver y entender cómo las hacían. No tallaban la columna entera de una pieza; lo que tallaban eran rodajas que luego ensimaban unas sobre otras con encastre perfecto. El conjunto se sostenía con un tutor interno de madera o de hierro, en el cual insertaban las rodajas como arandelas en un eje. Llegamos a contar 16 rodajas en las columnas más altas.
Del templo de Zeus regresamos a la plaza Monastiraki, para recorrer el mercado de pulgas del barrio Monastiraki que habíamos encontrado cerrado el día anterior. Algunas chucherías y souvenirs fueron obligatorias. No encontramos ventilador de 12 voltios!
A continuación, buscamos un sitio para refrescarnos y, esta vez nos sentamos plácidamente en un restaurant al exterior y a la sombra de grandes árboles. Una curiosidad fueron unos ventiladores que tienen adosado un spray continuo de agua que generan un aire fresco y húmedo muy confortable.

Seguimos desde allí, nuevamente al pié de la acropolis esta vez para recorrer un muy
pequeno barrio llamado Afiotika. Este barrio surgió cuando un rey de Grecia en el siglo XIX hizo traer de la isla de Anafi a un ejercito de artesanos para que le contruyeran un palacio. Estos artesanos, aparentemente reputados como los mejores en esa época, luego de terminado su trabajo se quedaron en Atenas y fundaron este barrio de Anfiotika que, dicen, reproduce la lógica urbanística de una isla del Egeo. No sé si será cierto pues a las isalas del Egeo no fuimos, pero ciertamente es un barrio distinto, en donde detallan los recorridos en desniveles pronunciados, escalerillas, casas pequeñas muy encimadas y balcones floridos. Adorable de recorrer y muy pintoresco. Bajando de Afiotika, sin querer desembocamos en un barrio muy elegante, lleno de shoppings y sitios con aire acondicionado, lo que nos atrajo como moscas. Seguía pendiente el tema de los ventiladores, así que tomamos coraje y un bus y marchamos a la dirección de una casa de accesorios de autos en el "gran Atenas". La expedición fue todo un éxito y regresamos al camping con dos hermosos ventiladores de 12 voltios que refrescaron magníficamente nuestra segunda noche ateniense.

El tercer día estaba asignado al Museo Arqueológico Nacional de Atenas, quizás uno de los 10 mejores museos del mundo. Allí encontraríamos la mayoría de las piezas originales rescatadas de las excavaciones de Olympia, Epidaurus, Micenas, Delfos, Acrópolis de Atenas y tantas otras antiguas ciudades que han "reaparecido" al mundo moderno después de siglos de olvido El museo está magníficamente organizado por áreas temáticas (prehistoria, Grecia Antigua, salas romanas, etc.) y también guarda espacio para un par de colecciones privadas muy impresionantes y hasta un sector de Grecia en Egipto.(en época de alejandro Magno, Grecia dominaba también esas regiones). Existen numerosos posters interpretativos que van anticipando las características de cada salón, y cada una de las piezas está perfectamente identificada con leyenda bilingüe. Me impactaron dos bronces magníficos rescatados de un naufragio en Cabo Artemision, uno de un muchachito en un caballo enérgico y el otro la estatua de Zeus. Sin casi darnos cuenta, hacía siete horas que estábamos caminando sin cesar en el museo, fascinados con todo lo que veíamos. Luego de un rápido almuerzo en un bolichito, corrimos (en metro) al mercado central de plaza Omonia, con el objetivo no sólo de conocerlo sino también de encontrar la famosa "Mastiha" que nos había encargado nuestra hija Natalia. Madtixa, que así se dice en Griego, es un polvo blanco que se extrae de la corteza de un árbol en particular, el "mastice" en italiano o lentisco en español, que se da en la isla de Chios, Grecia. Lo usan en dulces, golosinas, chicles, pastas, polvos, jabones y qué se yo qué más. Parece que sirve desde digestivo a colerético, blanquea dientes, cura empacho y unos cientos de maravillas más. Bueno, todos lo conocían pero nadie lo vendía. Finalmente lo conseguimos en un Madtixa Shop, emprendimiento multinacional destinado a la comercialización de productos con esa pasta . Qué curro!
Regreso al camping, muy satisfechos de Atenas. Muy distinta a lo imaginado, la ciudad nos sorprendió gratamente en todo sentido: mucho más que una Acrópolis para visitar, muy organizada, limpia y coqueta, distó mucho de la acalorada y sobrepoblada sucia ciudad que nos había contado.
Es para volver.
En este punto hubo que tomar la decisión más dura de nuestro viaje: islas si o islas no. Las islas del Egeo, postal clásica de culq
uier viaje a Grecia, no sería parte de nuestro derrotero. Mover a Aurelia de isla en isla resultaría muy costoso, como también costaría mucho dejar la autocaravana en un parking y viajar sin ella parando en hoteles sencillos o albergues. Siempre hay que dejar algo para un próximo viaje, así que con ese consuelo en mente, cerramos el capítulo islas del Egeo. Mañana partiríamos al norte, en nuestro camino de abandonar Grecia. Snif.

1 comentario:

Mastrocuervo dijo...

Muy interesante, yo también tenía malas referencias de Atenas en materia de orden y limpieza.

Una curiosidad: ¿cómo se arreglaron con el idioma en Grecia? ¡Hay que comprar dos ventiladores de 12 voltios si uno no chamuya greek!

Saludos.

Datos personales

Ushuaia, Tierra del Fuego, Argentina
Médico. Jubilado, aunque no tanto.